martes 20 de febrero de 2018




El Papa y Argentina: una difícil relación


Francisco no ha vuelto a su país desde que fue elegido Papa en 2013. Las razones de esta decisión hay que buscarlas en la situación política y social argentina, opinan los expertos.

Juan Pablo II visitó Polonia pocos meses después de asumir su Pontificado. Benedicto XVI eligió su Alemania natal para su primer viaje al exterior. Sin embargo, Francisco evita poner pie en Argentina.

Entre las teorías que se tejen para entender esta decisión, resuena la división política de los argentinos, definida por ellos mismos como “la grieta”, entre los simpatizantes del actual presidente, el derechista Mauricio Macri, y los seguidores del peronismo kirchnerista y la izquierda.

“Los argentinos no somos conscientes de la dimensión mundial de Francisco, de su liderazgo, porque se lo observa desde el prisma de esa confrontación”, afirma el biógrafo del Papa, Marcelo Larraquy, autor de “Recen por él” y “Código Francisco”.

Según el sociólogo Fortunato Mallimaci, “Argentina es además el único país del mundo donde Francisco es también Jorge Bergoglio, es decir su historia, sus amistades, sus ambigüedades, sus animosidades y sus vínculos”. Y el lugar donde quizás menos se comprenda su mensaje pastoral.

La brecha

Que el Papa no ve con agrado ciertas medidas del actual gobierno, es un secreto a voces. “Hay un distanciamiento creciente de Francisco hacia sus políticas sociales y económicas neoliberales”, opina Mallimaci.

Al gobierno de Macri tampoco le cayeron en gracia ciertos gestos del Papa, que envió un rosario a Milagro Sala, la dirigente kirchnerista detenida desde 2016, o recibió en El Vaticano a la líder de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. Sin embargo, para Marcelo Figueroa, director de la edición argentina de L’Osservatore Romano, se trató solo de “gestospastorales, que enaltecen su rol pastoral cristiano”.

Se lo tilda de ser peronista. Y en efecto, “tuvo una formación política peronista clásica, pero no hace política desde el peronismo”, afirma Larraquy. “Es populista entendiendo como populismo su acercamiento a la cultura popular, desde una perspectiva teológica”.

Sin embargo, mientras fue Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio tuvo una relación más que tensa con el entonces presidente, el peronista Néstor Kirchner, y luego con su viuda y sucesora, Cristina Fernández, a quien acusó de querer “homogeneizar el pensamiento” y fomentar la “crispación social”.

Figueroa recuerda que personas cercanas al kirchnerismo intentaron estigmatizarlo “como afín a la última dictadura, cuando los hechos demostraron exactamente lo contrario. Francisco no contribuyó a la grieta, pero lo han metido en ella los referentes de ambas partes”.

Gestos de cercanía

La Conferencia Episcopal Argentina afirmó hace unos días que el Papa “está esperando el momento” para visitar Argentina,para lo cual está analizando “su agenda, su visión geopolítica y el proceso que se va viviendo”. Una visión geopolítica con la que Francisco hablará desde Chile y Perú para Bolivia y, sobre todo, para Argentina. Su mensaje de reconciliación para su país es claro. “La apertura de los archivos de la dictadura en 2016 y ahora la lista de bautismos en la ESMA (Escuela de Mécanica de la Armada) son gestos que también muestran su cercanía pastoral y su visión cristiana”, dice el periodista Figueroa.

Muchos candidatos y políticos argentinos han intentado utilizar su imagen para posicionarse entre el electorado. “Esta constante asociación” con determinadas figuras del ámbito político y social, “ha generado confusiones y justificado lamentables tergiversaciones de su figura y sus palabras, que llegan incluso a la injuria y la difamación”, advirtió el Episcopado argentino.

Las razones, pues, por las que Francisco no visita su país no hay que buscarlas en él. Como dijo el Papa hace dos años a sus compatriotas: “Ustedes no saben cuánto me gustaría volver a verlos. Pero el mundo es más grande que Argentina”.

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