jueves 14 de diciembre de 2017




El presidente acierta en el tono y en el momento


En lugar del típico discurso sobre la reunificación, el presidente Frank-Walter Steinmeier puso el énfasis en los resultados de las elecciones. Hizo lo correcto, opina Rupert Wiederwald.

El discurso que dio en Mainz el presidente federal, Frank-Walter Steinmeier, fue extraordinario. Como mandatario, su trabajo es estar por sobre los partidismos y, al mismo tiempo, transmitir altura de estadista. En el mejor de los casos, debe azuzar el debate, sin dirigirlo. A menudo, esto redunda en que los presidentes federales entreguen mensajes equilibrados, amistosos, que no atacan a nadie y por eso se convierten en rituales un poco aburridos. Eso sería lo normal en un día como el de la Unidad Alemana, donde lo que se espera es que el presidente enfatice los éxitos tras el fin de las Alemanias (Oriental y Federal) y bosqueje los problemas que siguen pendientes.

Pero en Mainz, Steinmeier no hizo eso. Como jefe de Estado, comentó los resultados de las pasadas elecciones generales, tomándolos como una oportunidad para hablar de los nuevos muros que separan ya no al país, sino a la sociedad. Y de esta forma promovió la idea de no tomar las diferencias como enemistades. Y llamó a todos, ciudadanos y políticos, a abordarlo así. Era importante escuchar esto del presidente federal.

Steinmeier pide una ley migratoria

Steinmeier propuso que los alemanes volvieran a conversar entre ellos en lugar de solo saludarse agitando la cabeza, una verdad simple pero contundente. Lo que quiere con ello el presidente es poner sobre la mesa la importancia de discutir, expresar las diferencias, confiar en otros. Esto no es más que un llamado a un debate que en Alemania suele no realizarse.

Además, mencionó uno de los principales temas de debate: la inmigración. Alemania no puede simplemente deshacerse de la migración, dice Steinmeier, sino que debe, finalmente, crear normas que permitan el ingreso legal de inmigrantes. En resumen: el presidente alemán exigió una ley migratoria. Esto puede también entenderse como una crítica a la canciller Angela Merkel, toda vez que los partidos de la Unión han bloqueado, hasta ahora con éxito, una ley sobre el tema.

Y el presidente alemán aborda este tema en relación con otro asunto que genera un debate: ¿Qué significa ser alemán? ¿Qué es la patria? El tema, en sí mismo un hielo delgado sobre el que es muy difícil moverse, logró ser sorteado con éxito por Steinmeier: para él, ser alemán es el reconocimiento de la historia alemana y de sus valores democráticos, y eso debe regir también para los inmigrantes. Al mismo tiempo, definió a la patria como algo personal: cada uno tiene una idea propia sobre lo que significa el hogar. La suma de esas pequeñas patrias hace a Alemania el país que es.

Límites para AfD

El reconocimiento del pasado nazi es para el jefe de Estado algo que no puede negociarse, mucho menos para los parlamentarios, mostrando -de este modo- cuáles son los límites a los que debe atenerse el partido populista AfD. Sin mencionarlos, claro.

Raramente un presidente federal opina tanto, y pocas veces era tan necesario. En tiempos difíciles se necesita una brújula, una guía. Y dónde mejor si no en el acto central de la Unidad Alemana. ¿Y cuándo más si no ahora debía el presidente federal referirse a las consecuencias de los resultados de las pasadas elecciones? Fue el discurso correcto en el momento preciso. La canciller Angela Merkel, por cierto, se refirió en su alocución a las muchas cosas que han ido bien en los últimos años. Eso podría dar fuerza para resolver los problemas que están pendientes.

Autor: Rupert Wiederwald (DZC/CP)

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