jueves 21 de junio de 2018




Ortega propone a EE UU adelantar las elecciones en Nicaragua


La madruga del martes despertaron en Managua los fantasmas de la violencia revolucionaria de finales de los años setenta, cuando la guerrilla sandinista luchaba por sacar del poder al dictador Somoza. Los barrios orientales de la capital, heroicos en aquella épica, vivieron horas de zozobra tras el asedio de las huestes del Frente Sandinista, grupos irregulares que han sido armados para generar violencia y terror. Estos grupos actúan con impunidad, con la protección de la Policía Nacional –bajo el mando del presidente Daniel Ortega. Los disparos y ráfagas sonaron en una jornada de violencia que la capital de Nicaragua no había vivido en décadas. De esta manera el presidente Ortega mantiene la represión en Nicaragua, mientras se supo que había propuesto a Estados Unidos un adelanto de las elecciones, previstas para 2021, como una salida a la profunda crisis que ha dejado ya 146 muertos y más de mil heridos, según el recuento del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH).

Los pobladores de los barrios orientales de la capital han decidido levantar barricadas como forma de protección ante el asalto de los grupos irregulares del Frente Sandinista. Esa ha sido la respuesta pacífica de la población frente a la violencia patrocinada desde el Estado. Los videos colgados en las redes sociales muestran a hombres armados con pistolas y algunos con fusiles AK-47 patrullando las calles, algunos acompañados de oficiales de la Policía Nacional. En Reparto San Juan, uno de los barrios localizados al sureste de la capital, durante la madrugada del martes se escucharon ráfagas y disparos de bala, que generaron terror en una zona de la ciudad supuestamente segura, llena de bares, restaurantes y hoteles. “Antes me sentía segura aquí, pero ahora es un golpe levantarse al sonido de las balas. El pánico entra, porque no sabes de dónde vienen las balas o si pueden entrar a tu casa”, dijo Tamara Espinoza, habitante del San Juan.

La violencia también ha golpeado a otras regiones del país. En Jinotega, importante zona productora de café, se reporta un muerto tras el ataque de las huestes del Gobierno a las barricadas levantadas por los pobladores, mientras que el asedio se mantiene en Sébaco, región productora de granos y hortalizas, donde se reportan dos muertos que no habían sido confirmados por las organizaciones de derechos humanos.

Los periodistas también han sufrido las consecuencias de esta violencia. Josué Garay, redactor del diario La Prensa de la capital, dijo a EL PAÍS que fue asaltado y golpeado la madrugada del domingo, cuando dormía en su casa. El relato del periodista es tenebroso: “Me agarraron de una mano y me sacaron de mi cama. Me dijeron: “Mirá hijueputa es mejor que te callés, si gritás ya mismo te partimos (matamos). Danos el celular, mierda”. Ya cuando se lo dí me dijeron que les entregue mis papeles, sobre todo el pasaporte. Cuando les pregunto para qué lo quieren uno de ellos me agarra del cuello y me lanza contra la pared. Mientras el otro me pega con un tubo en la boca. Cuando comencé a sangrar me puse nervioso y les entregué el pasaporte. También revisaron debajo de mi almohada y se llevaron mi billetera”.

Garay ya había recibido a amenazas. En una ocasión miembros de la llamada Juventud Sandinista, las huestes de Ortega, le dijeron “vas aparecer un día incendiado”. El periodista identificó a uno de los hombres que los atacaron como miembro de ese grupo progubernamental. “No es delincuencia común”, dijo el reportero, a quien dejaron, sangrando, tirado en el jardín de su casa. “Ojalá así escarmiente”, dijeron los hombres al marcharse, recuerda Garay. El lunes también fueron asaltados, mientras cubrían el asedio de Managua, Jorge Cabrera, fotógrafo de Reuters, y Arnaldo Arita Salinas, cámara de CNN. Denunciaron que les robaron sus equipos de trabajo.

Mientras la violencia estremece todo el país, el presidente Daniel Ortega ofreció a los Estados Unidos una propuesta para adelantar las elecciones, como una salida a la crisis política. El fin de semana la embajadora estadounidense en Managua, Laura Dogu y Caleb McCarry, delegado del Comité de Relaciones Exteriores del Senado enviado a Managua, se reunieron con los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) y la Alianza Cívica –que reúne a estudiantes, empresarios, campesinos, académicos y representantes de la sociedad civil, que participan en el llamado Diálogo Nacional que pretende hallar una solución a la crisis–, a quienes les informaron sobre la propuesta de Ortega. El mandatario, de discurso antiimperialista y crítico de Estados Unidos –potencia a la que hasta unos meses culpaba de todos los males que sufre Nicaragua– paradójicamente buscaba un Washington un puente que le permita salir del pantano en el que se ha hundido tras reprimir con violencia las manifestaciones en su contra.

Uno de los participantes en la reunión con Dogu y McCarry fue Medardo Mairena, coordinador del movimiento campesino denominado Consejo Nacional por la Defensa de la Tierra. Dijo en una comunicación con los miembros de su organización que rechazaba la propuesta de Ortega a Washington. “Ortega está proponiendo adelantar las elecciones, cuando nosotros estamos pidiendo su renuncia”, dijo Mairena. “Si él está diciendo que adelanta elecciones, que permite que sean supervisadas, con todas las garantías, eso es un adelanto producto de la presión que mantenemos, pero nosotros continuamos firmes, porque no podemos seguir esperando que él siga gobernando, porque nos está matando”, agregó el líder campesino. Fuentes políticas informaron que Ortega podría pronunciarse este martes en relación a la agenda de reformas que el pasado jueves le presentaron los obispos. El mandatario pidió 48 horas de “reflexión” que se extendieron a más de 72 horas mientras mantenía el asedio y la represión en toda Nicaragua.

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