lunes 16 de julio de 2018




La errónea estrategia de la CSU frente al AfD


El populismo no solo comenzó con los ultraderechistas del partido Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán). El populismo también es una visión especial del mundo que simplifica la realidad, discierne poco y promete mucho. Los vacíos son llenados con gritos. Por eso el  populismo encaja muy bien con los medios sensacionalistas: por el escándalo, por sobrepasar los límites y personalizar.

Los abanderados del populismo no son solo los políticos, sino también algunos medios, ya sean clásicos o  digitales. Ambos juegan juntos, y unos refuerzan a los otros.

La Unión Socialcristiana (CSU) es considerada desde siempre como uno de los partidos a los que les gusta provocar. Es por eso que sus congresos son siempre grandes eventos mediáticos que tienen que reflejar eso. Y hay buenas razones para el comportamiento de la CSU. Debido a que el partido hermano bávaro de la CDU es realmente solo un partido regional,  tiene que luchar por la atención nacional. Además, la CSU tiene la tarea de integrar a los derechistas del espectro partidario alemán.

Guardar las formas

Pero esta vez, sin embargo, la CSU  ha exagerado. Las supuestas respuestas a sus fuertes competidores de la derecha extrema, es decir, los de la AfD, son erróneas. Por muy honesta que sea la motivación de querer reintegrar al electorado derechista, tratar de atraerlo con los mismos artilugios de la AfD solo lo vuelve más fuerte.

Antes del congreso en el monasterio de Seeon, el nuevo líder del grupo parlamentario de la CSU en el Bundestag, Alexander Dobrindt, había escrito un análisis en un diario nacional. Aparentemente, intentando llamar a un cambio desde una perspectiva cristiano-social a un cambio conservador. Pero estaba lleno de expresiones que ya habíamos leído antes del AfD sobre críticas indiferenciadas a los movimientos del ’68 y, por lo tanto, era contraproducente. Después de todo, los socialcristianos también se beneficiaron en su momento de los avances sociales logrados entonces. Tampoco cabe la queja acerca de un supuesto acuerdo de la prensa de izquierda. Pero da igual, habrá pensado Dobrindt: lo principal es que el texto sea tan provocador que todos escriban sobre él.

El invitado estrella desde Budapest

También la invitación de la CSU a Viktor Orban, para ir a Seeon, envía una señal equivocada: si, como sucedió, el jefe de gobierno húngaro es presentado públicamente como un estadista respetuoso de la ley y sin culpa alguna, solo para provocar a Berlín y a los medios de comunicación, entonces estamos ante una actitud imprudente. Porque la preocupación actual, de no perder políticamente a los países del este europeo aún más e integrarlos en lo económico, pasa a segundo plano con esta puesta en escena. Pero ningún argumento hace reflexionar a la CSU: sólo quisieron, según ellos, ser buenos anfitriones.

El escándalo mediático en torno a la declaración de un político de ese partido en la UE sobre la “solución final para el problema de los refugiados” es otro ejemplo. No importa si se dice algo deliberadamente o se cita mal. La declaración es pública y no se puede negar. Los medios de comunicación les siguen el juego, porque las comparaciones nazis siempre atraen. Esto recuerda a la presencia mediática de la AfD con sus numerosos escándalos en tuits o entrevistas.

La CSU tiene mucho que perder

La CSU quiere recuperar a los votantes del AfD – al menos a los críticos del sistema. Y los enemigos del sistema se consideran “perdidos”. Sin embargo, la CSU no debería seguir copiando las recetas de los populistas y lo que debería hacer es ofrecer una política seria. Y eso será posible solo si se realiza una severa autocrítica sobre por qué las buenas cifras económicas, por sí mismas, ya no bastan para que la gente esté contenta. O cuando se vuelva a escuchar con más atención al ciudadano. Recordemos un evento de campaña electoral televisiva en el que un joven enfermero arrinconó a la canciller Merkel. Desde entonces, la situación del sector sanitario se ha convertido en un tema político importante. Pero también solo debido a la heroica presentación de ese ciudadano.

¿Qué otras respuestas podría haber? No hay ninguna garantía de que la AfD vuelva a desaparecer. Basta con echar un vistazo a otros países europeos con partidos populistas de ultraderecha similares. Para la CSU, esto podría significar la perdida de su cómoda posición en Baviera, ya que no puede gobernar en Múnich por sí sola sin socios de coalición. Y sin esa mayoría absoluta, el “león bávaro” ya no podría rugir en Berlín tan fieramente como siempre lo hace.

Autor: Kay-Alexander Scholz (CT/ CP)

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