“3%: la marca infame de un gobierno acorralado”

“3%: la marca infame de un gobierno acorralado”

El gobierno libertario llegó al límite de su propio delirio. Lo que alguna vez fue grito de rebeldía, hoy es un discurso gastado, corroído por la corrupción y vaciado de esperanza. Milei perdió lo que ningún presidente puede perder: la calle.

No controla el mercado, porque la economía se le escurre en tasas impagables y un dólar domado solo a fuerza de deuda. No controla el Congreso, donde ya no se vota obedeciendo a Casa Rosada sino a la propia supervivencia política. No controla la agenda, devorada por denuncias de coimas y la imagen corrosiva de su hermana convertida en símbolo: el 3% que se canta en las tribunas, en los recitales y en las calles.

El 7 de septiembre, Buenos Aires será el escenario del primer veredicto popular. No importa el número exacto: el quiebre ya ocurrió. Un presidente que no puede caminar entre la gente, que huye en caravana blindada, que escucha más insultos que aplausos, es un presidente derrotado.

El 26 de octubre será la confirmación nacional. El pueblo castigará un modelo agotado que prometió libertad pero entregó hambre, que juró dignidad pero devolvió miseria, que se vendió como rebeldía pero se rindió al poder económico que hoy le dicta cada movimiento.

La marca Milei quedó reducida a un grotesco: el 3%. Ese número es más fuerte que cualquier discurso: es la señal indeleble de un gobierno que prometió limpiar la política y terminó embarrado hasta el cuello en la cloaca de la corrupción.

No hay relato que sobreviva sin calle, sin pueblo y sin credibilidad. El tiempo de la farsa terminó. El reloj de la historia ya empezó a marcar la cuenta regresiva.

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El poder económico, verdugo silencioso

El “reseteo” que ya exigen los grandes grupos económicos confirma que Milei nunca fue dueño de su gobierno. Los mismos que lo incubaron en hoteles lujosos hoy lo condicionan con la brutalidad de la realidad: o se alinea a sus intereses o se enfrenta a la soledad absoluta.

El pueblo como límite infranqueable

Pero más allá de Techint, la banca y el FMI, hay un límite mayor: la gente común. Los jubilados golpeados, los trabajadores precarizados, los estudiantes sin becas, los pacientes sin medicamentos. Ese pueblo ya no escucha sus gritos de campaña: lo rechaza, lo enfrenta y lo desarma con un gesto simple, tres dedos en alto.

Un final anunciado

Cuando un gobierno pierde simultáneamente el mercado, el Congreso, la agenda y la calle, solo queda la caída. Milei ya no encarna ni siquiera la promesa de cambio: es el rostro de una traición política monumental, condenado a ser recordado como el presidente del 3%, símbolo de corrupción y de fracaso histórico.

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