02/04/2025 // Hay instituciones que no solo resisten el paso del tiempo, sino que le dan sentido a la historia misma de un pueblo. La Cámara del Tabaco de Jujuy cumple 58 años y no se trata simplemente de un aniversario: es la celebración de un modelo virtuoso, el testimonio tangible de que la organización, la identidad productiva y la unidad pueden levantar no solo una economía, sino también un entramado social entero.
Fundada con el objetivo esencial de defender los intereses de los productores tabacaleros, la Cámara ha sabido consolidarse como mucho más que una entidad gremial. Hoy es un verdadero hub estratégico de la producción nacional, un ejemplo de desarrollo de la cadena de valor desde la semilla hasta la exportación, con infraestructura, asistencia técnica, servicios integrados y presencia activa en el plano local, nacional e internacional.
A lo largo de casi seis décadas, esta institución ha sabido tejer eslabones clave en cada punto de la cadena productiva: desde el asesoramiento agronómico y la investigación genética de semillas, hasta la industrialización, logística y comercialización. Todo ello bajo una consigna irrenunciable: la defensa de la producción de calidad con sello jujeño, y el compromiso irrenunciable con el productor como eje de toda la política tabacalera.
Frente a un mundo que cambia vertiginosamente, la Cámara no se limitó a administrar; creó futuro. Supo adaptarse, reconvertirse, anticipar tendencias, pelear contra los embates del mercado global y los vaivenes de la economía argentina. Y lo hizo sin resignar principios, sin perder el pulso del campo y sin quebrar la columna vertebral de su lucha: la identidad tabacalera de Jujuy.

“Lo único que permite gravitar de manera sostenible es la unidad de los productores, la calidad de nuestra producción y la capacidad de diálogo con firmeza cuando hay que defender el sector”, afirma con claridad y liderazgo Pedro Pascuttini, actual presidente de la institución. Su conducción ha encarnado en los últimos años esa capacidad admirable de sostener puentes sin arriar banderas, de enfrentar los desafíos del presente con una mirada amplia, pero los pies bien hundidos en la tierra que se trabaja.
En cada aniversario, los nombres que forjaron este camino vuelven a resonar. No son figuras anónimas: son los hombres y mujeres que en cada campaña prendieron la esperanza en los surcos, que confiaron en su Cámara, y que supieron que la mejor defensa del trabajo es la organización colectiva. Y es gracias a ellos —y a los que siguen— que el tabaco jujeño se mantiene vivo, competitivo y con futuro.
Hoy, cuando tantas actividades rurales languidecen por la falta de políticas claras, la Cámara del Tabaco de Jujuy se levanta como una prueba viva de que el sector privado puede ser columna vertebral de la economía provincial y garante de la paz social. Genera empleo, arraigo, cultura del trabajo, ejes de desarrollo territorial y confianza. En tiempos de incertidumbre, es faro. Y en tiempos de crisis, es refugio.
No se celebra solo un número. Se celebra un legado. Una forma de hacer y de ser. Una cultura del esfuerzo, de la persistencia, de la lucha organizada. Se celebra la posibilidad de mirar a los ojos a las nuevas generaciones y decirles, con orgullo: acá hay futuro, porque hay historia.