La ciudad de Perico celebra a Talleres, 81 años de gloria que encienden la pasión de generaciones
Un 4 de abril de 1944 nacía en Perico una institución destinada a calar hondo en el corazón de su pueblo: el Club Atlético Talleres. Ocho décadas después, la ciudad entera –característicamente azul– se viste de fiesta para homenajear al querido Expreso Azul, rememorando anécdotas imborrables y victorias que forjaron su identidad. Abuelos, padres e hijos comparten los mismos colores y emociones, comprobando que la pasión por Talleres no entiende de calendarios ni edades. En cada rincón de Perico se siente la nostalgia de los años dorados y el orgullo de pertenecer a la historia viva del club.
Orígenes humildes y primeros sueños de grandeza
Talleres de Perico nació literalmente en un taller mecánico, el de don Napoleón del Moral, tras separarse de un antiguo club local (Racing de Perico). De hecho, su nombre “Talleres” fue elegido en honor a ese origen humilde, y sus primeros uniformes lucían el amarillo y negro en homenaje al club Peñarol de Uruguay. Sin embargo, aquellos colores debieron cambiarse rápidamente por el azul francia que hasta hoy identifica al equipo, ya que otro conjunto jujeño utilizaba los tonos aurinegros. Esa anécdota fundacional, combinando sencillez y creatividad, marcaría el carácter de la institución: nacida del esfuerzo obrero y capaz de adaptarse para consolidar su propio camino.
A fines de la década de 1950, Talleres incluso debió luchar por el derecho a competir en la Liga Jujeña de Fútbol. Una reglamentación de la época impedía la participación de clubes ubicados a más de 30 km de la capital provincial, dejando al novel equipo periqueño fuera de juego. Lejos de rendirse, el delegado albiceleste Oscar Asmuzi ideó una solución ingeniosa: obtener un certificado del ferrocarril que demostrara que, por vía de tren, la distancia entre Perico y San Salvador de Jujuy era de apenas 29,6 km. La estratagema surtió efecto y la Liga no tuvo más remedio que aceptar al club en sus torneos oficiales. Gracias a esa tenacidad, el Expreso Azul pronto pudo medirse con los grandes del ámbito local… y empezó a escribir sus páginas gloriosas. En 1964, apenas unos años después de su afiliación, Talleres gritó campeón jujeño por primera vez, conquistando el título de liga y convirtiéndose además en el primer equipo de Jujuy en disputar un campeonato nacional organizado por AFA. Aquella hazaña de los años 60 quedó grabada en la memoria colectiva: los hinchas más veteranos recuerdan cómo el pequeño Perico se paralizó de alegría al ver a su club alzando el trofeo, en tardes de fútbol que inauguraron una tradición de orgullo.
Hazañas inolvidables y gloria deportiva
Las décadas pasaron y con ellas se sucedieron victorias, ascensos y gestas deportivas que agigantaron la leyenda de Talleres. En la vitrina azul se atesoran múltiples trofeos: el club suma nueve campeonatos de la Liga Jujeña de Fútbol, además de títulos recientes como la Copa Jujuy 2019, e incluso un resonante logro a nivel nacional al consagrarse campeón del Torneo Argentino B en la temporada 2001/02. Este último hito, alcanzado a comienzos de siglo, ocupa un lugar especial en el corazón del hincha: significó un ascenso histórico y devolvió a Talleres al plano grande del fútbol de ascenso argentino.
El 9 de junio de 2002 es una fecha imborrable. Ese día, en la final del Argentino B disputada en cancha neutral, el Expreso Periqueño venció al club San Cristóbal de Santa Fe en un partido dramático que se definió en tiempo suplementario. Cuando los nervios estaban al límite, apareció el héroe menos pensado: Hugo Mora, un delantero sampedreño, conectó un centro de Rubén “Speedy” González y anotó de “gol de oro” para desatar el delirio de la parcialidad periqueña. Ese gol, válido bajo la regla ya desaparecida del gol de oro, le dio a Talleres el campeonato y el ascenso a la tercera categoría del fútbol argentino. Miles de hinchas que viajaron kilómetros para alentar explotaron en júbilo; muchos invadieron el campo con lágrimas en los ojos, abrazándose con desconocidos vestidos de azul y blanco, conscientes de estar viviendo uno de esos momentos de gloria que se cuentan a los nietos. “Fue tocar el cielo con las manos, ver campeón a Talleres”, recuerdan emocionados algunos fanáticos que vivieron aquella final épica. El equipo dirigido por Aniceto Roldán había escrito una de las páginas más brillantes de la historia del club.
No todas fueron alegrías absolutas: tras ascender al Torneo Argentino A, Talleres mantuvo siete años la categoría e incluso estuvo muy cerca de dar otro salto en 2008, quedando a las puertas de la B Nacional. Sin embargo, en 2009 le tocó descender nuevamente a los torneos federales. Aun así, cada temporada renace el sueño de retorno: el Expreso intenta volver a “subirse al tren del ascenso” y aunque el destino ha sido esquivo en los últimos años, la ilusión jamás se apaga. Aquella mística ganadora de otras épocas sigue presente en el plantel y en su gente, alimentando la esperanza de recuperar el lugar perdido en las categorías superiores.
La hinchada y el latido de un pueblo
Hinchas de Talleres de Perico ondean sus banderas en el estadio Dr. Plinio Zabala, ilustrando la fidelidad de la “Banda del Expreso Azul” que acompaña al equipo en cada gesta.
Si algo distingue a Talleres de Perico es la lealtad y la pasión de su hinchada. Los colores azul y blanco se heredan de generación en generación, y las gradas del estadio Plinio Zabala –templo futbolero inaugurado hace más de 50 años en pleno centro de la ciudad– vibran cada temporada con el aliento incansable de su gente. Las celebraciones de aniversario siempre son una excusa para que la comunidad se vuelque a las calles: no importa si el equipo milita en categorías de ascenso, el orgullo de ser de Talleres se manifiesta ruidosamente con banderazos, caravanas por las avenidas de Perico y fuegos artificiales que tiñen el cielo de azul. Este 81° cumpleaños no es la excepción; de hecho, los festejos incluyen un multitudinario banderazo y una caravana por los barrios, además de la inauguración de un flamante “mural de jugadores” en la sede del club para honrar a sus viejas glorias.
El vínculo entre el club y su gente va más allá de lo deportivo: Talleres es hábitat de encuentros familiares, de anécdotas barriales y de una cultura compartida en la ciudad. Es por ello que en cada aniversario los hinchas y dirigentes se unen para rendir homenaje a la historia común. La dirigencia actual, junto con la Subcomisión del Hincha, preparó festejos sentidos: descubrimiento de placas en memoria de dirigentes históricos, distinciones a exjugadores emblemáticos, y hasta un tradicional locro comunitario para compartir con todos los presentes. Esa escena –la de socios, exjugadores y vecinos reunidos alrededor de una comida típica, contando historias de goles y campeonatos de antaño– refleja el rol social que cumple Talleres en Perico. No es solo fútbol: el club se ha consolidado como un pilar comunitario donde cientos de niños y jóvenes encuentran contención, práctica deportiva y valores cada día.
En medio de la euforia festiva, surgen iniciativas emocionantes nacidas del amor a los colores. “Queremos darles color a las paredes de nuestra secretaría, con los mejores recuerdos de nuestras glorias. Las paredes van a dejar de estar vacías para convertirse en un ‘mural de jugadores’”, comenta con orgullo Enzo Baca, un hincha impulsor de esta propuesta de rescate de la memoria azul. Enzo y un grupo de aficionados reunieron fotografías históricas del club, las enmarcaron y hoy –en el cumpleaños 81– las cuelgan en las paredes de la sede como un tributo permanente a los equipos legendarios de los años ’50 en adelante. “Talleres tiene mucha historia; todo el tiempo nos cruzamos en la calle con exjugadores y hay personas que no saben quiénes son. Es momento de que empiecen a ser reconocidos, sobre todo por la nueva generación”, agrega Baca, emocionado por acercar el pasado glorioso a los más jóvenes. La iniciativa del mural, abierta a que cualquier vecino sume fotos y recuerdos, tendrá una segunda etapa dedicada a los hinchas, demostrando que la historia de Talleres la escriben tanto sus ídolos en la cancha como su gente en las tribunas.
Identidad y futuro: un legado que sigue creciendo
Talleres de Perico no solo mira al pasado con gratitud, sino también al futuro con determinación. La actual comisión directiva trabaja incansablemente para engrandecer la institución en todos los aspectos. “La institución sigue creciendo; siempre hay algo por hacer en Talleres, para mejorar y que el club siga creciendo”, destaca Maximiliano Martínez, presidente de la entidad, en alusión al compromiso de seguir invirtiendo esfuerzo en infraestructura y desarrollo. No por nada, el club se encuentra gestionando la obtención de un predio para sumar canchas de entrenamiento y ampliar las disciplinas deportivas, demostrando que aquel espíritu pionero de 1944 sigue vigente en cada proyecto de mejora. A pesar de las dificultades económicas que puedan aquejar al país, Martínez asegura que Talleres está al día con su plantel, empleados y servicios, priorizando la estabilidad para poder dar nuevos saltos de calidad. La meta es clara: fortalecer “la casa” para volver a soñar en grande.
En estos 81 años, el Expreso Azul ha construido una identidad única, hecha de sacrificio, fervor popular y hazañas imborrables. Cada vez que la pelota rueda en el Plinio Zabala, retumban los cánticos de “Talleres, mi buen amigo…” y el latido de una ciudad entera que se reconoce en su equipo. El legado de aquellos pioneros de 1944 y de los campeones de todas las épocas inspira hoy a una nueva generación de futbolistas y seguidores que toman la posta. El club sigue escribiendo su historia con orgullo y compromiso, manteniendo viva la pasión de generaciones de hinchas. Con la mirada puesta en el futuro, Talleres de Perico reafirma su lugar como un referente del fútbol regional, demostrando que la pasión azul nunca envejece y que los sueños de gloria siempre encuentran una camiseta donde vivir. ¡Feliz Aniversario, Talleres!.