El radicalismo jujeño cerró filas esta semana en un gran plenario provincial cargado de mística y unidad. Gerardo Morales, aún fuera de la gobernación pero indiscutiblemente al mando del Frente Jujuy Crece, buscó erigirse como conductor del proceso electoral de octubre. Su objetivo es claro: sostener su liderazgo político y consolidar el modelo que defiende desde 2015.
En la convención, junto al gobernador Carlos Sadir y a todo el aparato de intendentes, funcionarios y legisladores, se construyó un relato contundente: frente a un gobierno nacional que ajusta y recorta, Jujuy levanta la voz y resiste con recursos propios. Pero la pregunta de fondo es inevitable: ¿esa resistencia representa un camino de desarrollo real o apenas un discurso para disimular los límites de un modelo agotado?
El relato de la defensa provincial
La estrategia electoral presentada fue clara: contraponer la “ausencia de Nación” con la “presencia de la Provincia”. Salud, educación, transporte y obra pública se muestran como banderas sostenidas a pulmón frente al ajuste nacional. Los candidatos María Inés Zigarán y Mario Pizarro prometieron llevar esta épica al Congreso.
Pero detrás de la puesta en escena, la realidad es mucho más áspera. El aparato productivo jujeño sigue débil, frágil e inviable. La provincia depende de la coparticipación y del goteo nacional para sobrevivir. No hay industria fuerte, no hay generación de empleo privado sostenido, y la diversificación productiva prometida desde hace casi una década no termina de materializarse.
El desgaste del conductor
Morales mantiene un control férreo de la UCR y del frente oficialista, pero su figura está lejos de ser la del líder renovador que alguna vez quiso ser. Su desgaste es notorio: tras casi diez años de gestión, los resultados positivos no logran compensar las promesas incumplidas.
Sí, Jujuy avanzó en litio, en energías renovables y en ciertos proyectos estratégicos, pero los beneficios reales para la sociedad siguen siendo difusos. La pobreza no retrocede, la informalidad laboral sigue alta y los jóvenes siguen emigrando en busca de oportunidades. La provincia parece más dependiente que nunca.
¿Desarrollo o espejismo?
La gran polémica es si Jujuy, bajo la conducción de Morales, ingresó efectivamente en un sendero de desarrollo o si, como señalan los indicadores, sigue siendo una provincia pobre atrapada en errores políticos estructurales.
La épica radical insiste en que se sostienen derechos frente al abandono nacional. La crítica señala que, más allá de los discursos, las banderas de un modelo productivo y sostenible nunca se izaron realmente en la provincia.
26 de octubre
La batalla electoral de octubre pondrá a prueba no solo la capacidad de Morales de conservar su hegemonía política, sino también la credibilidad de un proyecto que se presenta como “motor de dignidad” pero que, en la práctica, sigue anclado en la dependencia y la fragilidad estructural.
El debate está abierto: ¿Jujuy está en el umbral del desarrollo o sigue condenada a la inviabilidad por la falta de resultados concretos?