Lavagna, el INDEC y la recesión que existe aunque la borren del Excel

Lavagna, el INDEC y la recesión que existe aunque la borren del Excel

La escena es conocida: afuera, bancos, fondos y consultoras describen a la Argentina como una economía recesiva, riesgosa, imprevisible. Adentro, el Gobierno se aferra a un dato “positivo” del INDEC para sostener que el ajuste está funcionando. La novedad no es la brecha: es que ahora hay nombres y números muy precisos que señalan al responsable estadístico de ese puente roto con la realidad: Marco Lavagna.

El “milagro” estadístico del EMAE

Un informe de la consultora Analytica mostró con rigor lo que muchos economistas intuían: el INDEC incorporó variaciones extraordinarias en dos sectores –“intermediación financiera” y “hoteles y restaurantes”– que dieron vuelta el Estimador Mensual de Actividad Económica y evitaron que el país quedara en recesión técnica.

Los datos son elocuentes:

  • El informe oficial de octubre mostraba para agosto-diciembre del año pasado una caída de 0,6%. La revisión de noviembre transforma ese mismo período en un crecimiento de 0,5%.
  • “Hoteles y restaurantes” aparece revisado al alza en 3,8%, la mayor corrección de todo el EMAE.
  • “Intermediación financiera” registra un salto mensual de 11,9%, récord absoluto desde 2004, cuando el registro histórico nunca había superado el 5%. Esto ocurre justo en un mes donde el crédito al sector privado cae 1,8% real y los balances bancarios son malos.

Analytica advierte que, por la forma de medición del margen financiero, el uso de tasas de referencia que no reflejan costos y rendimientos reales puede sobreestimar artificialmente la actividad bancaria.

La frase clave del informe es demoledora: si se excluye ese empuje anómalo del sector financiero, la actividad habría caído 0,2% en septiembre y acumularía bajas en 4 de los últimos 5 meses, con una economía estancada desde marzo y con un nivel de actividad 0,7% por debajo de diciembre pasado.

Traducido al llano: sin ese truco estadístico, Argentina está en recesión. Con el truco, no. Eso ya no es una simple “revisión técnica”; para buena parte de la comunidad económica y política es, directamente, manipulación estadística al servicio del relato oficial.

Del cisne negro de Trump al maquillaje de Lavagna

El problema se agrava porque este maquillaje llega después de un giro político que ya dejó huella. Donald Trump justificó el swap y el salvataje de 20.000 millones de dólares diciendo que Argentina “lucha por su vida”, que no tiene dinero y que los argentinos “se están muriendo”.

Esa frase, amplificada por medios globales, terminó de instalar la idea de un país terminal, empujó al Tesoro norteamericano a comprar pesos y a organizar un rescate a medida de Javier Milei, pero también disparó el riesgo país por encima de los 1.000 puntos y hundió los bonos argentinos.

Fue el cisne negro de la campaña: un presidente de EE.UU. condicionando la ayuda a un resultado electoral y describiendo a la Argentina como una paciente en terapia intensiva. Ahora, sobre ese telón de fondo, la decisión del INDEC de forzar que no aparezca recesión en las planillas oficiales luce más política que técnica.

El mensaje hacia afuera es devastador:

  • Washington habla de un país al borde del colapso.
  • Londres, vía el Financial Times, advierte que “la dinámica es insostenible” y que la crisis se agudiza.
  • Y Buenos Aires responde… cambiando números de turismo y finanzas para salvar un trimestre.
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Dos economistas globales que el mundo sí escucha

Mientras el Gobierno celebra un EMAE “positivo”, dos economistas con peso internacional –Ha-Joon Chang y José Antonio Ocampo– trazan un diagnóstico frontal sobre el modelo Milei que se lee en despachos de bancos centrales y fondos soberanos.

En una entrevista reciente, ambos advirtieron que si Argentina sigue endeudándose para sostener el tipo de cambio, sin un plan serio de desarrollo productivo ni una estrategia de exportaciones, lo único que logrará es sembrar la próxima crisis financiera. Recordaron que el país ya negocia su acuerdo número 23 con el FMI y que repetir el esquema “deuda para aguantar el dólar” solo puede terminar mal.

El mensaje a los capitales internacionales es simple:

mientras el modelo sea recesivo, financierista y sin ancla productiva, cualquier rescate será pan para hoy y default para mañana.

Ningún fondo serio va a comprometer inversión de largo plazo en un país que miente sobre la recesión, niega el deterioro social y vuelve a apostar a la bicicleta de siempre.

Del “modelo autoría personal de Milei” al desplome del empleo privado

La crítica no viene solo de la academia global. Dos economistas que fueron muy cercanos al Presidente, Carlos Rodríguez y Diego Giacomini, vienen mostrando con datos que los sectores que más empleo generan son justamente los que peor la están pasando con este modelo.

Según los números que difundieron,

  • comercio (20,1% del empleo),
  • industria (18,5%),
  • transporte (8,2%),
  • construcción (6,1%)
  • y hoteles y restaurantes (4,5%)

explican 6 de cada 10 puestos de trabajo en la Argentina; y a todos ellos “les va muy mal” bajo el esquema que ellos mismos describen como de “autoría personal” de Javier Milei.

Es decir: mientras Lavagna infla turismo y finanzas para maquillar el EMAE, las ramas que sostienen el empleo real se desploman. No hay relato estadístico capaz de tapar eso en una PyME que cierra, en un comercio vacío o en una obra parada.

El veredicto de Wall Street: recesión, fuga y desconfianza

Si algo confirma que la recesión es real es el comportamiento del capital que Milei dijo venir a conquistar.

  • El economista estadounidense Robin Brooks, ex FMI y referente en el Brookings Institution, documentó que la estrategia de mantener un dólar artificialmente bajo antes de las elecciones generó la mayor fuga de capitales en más de 20 años.
  • Su conclusión es brutal para cualquier banquero: esas salidas “no vuelven” y se pierden para siempre.

Al mismo tiempo, medios financieros señalan que el riesgo país volvió a ubicarse por encima de los 1.000 puntos tras los episodios políticos recientes, clausurando en los hechos la fantasía de un regreso cómodo a los mercados de deuda.

Desde esa perspectiva, el “crecimiento” que muestra el EMAE revisado no es más que una anécdota local: afuera mandan la recesión real, la fuga de capitales y la desconfianza institucional.

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¿Qué hacemos con Lavagna?

En este contexto, la pregunta deja de ser técnica y se vuelve política en el sentido más profundo:

  • ¿Puede un país que busca crédito externo tolerar que su instituto de estadísticas quede bajo sospecha de manipulación?
  • ¿Puede un gobierno que se jacta de “decir la verdad incómoda” sostener un relato estadístico tan cómodo como inverosímil?

Si el oficialismo cree en serio en la estabilidad de las reglas, Marco Lavagna no puede seguir actuando como CFO del relato libertario.

Mínimos de institucionalidad exigibles:

  1. Auditoría independiente de las revisiones del EMAE 2024-2025, sector por sector.
  2. Comparecencia obligatoria de Lavagna en el Congreso, con publicación integral de metodologías y supuestos utilizados en turismo e intermediación financiera.
  3. Reforzar la autonomía técnica del INDEC, blindando sus decisiones de toda presión del Poder Ejecutivo.

Mientras eso no ocurra, cada vez que el INDEC publique una décima de “crecimiento”, la banca extranjera, los organismos y los propios argentinos tendrán derecho a hacerse la pregunta incómoda:

¿es un dato de la realidad o un número acomodado para que la recesión deje de ser noticia?

Lavagna eligió el atajo de torcer la estadística para salvar al gobierno de la palabra “recesión”. El costo es mucho más alto que un trimestre negativo: es credibilidad perdida en el preciso momento en que Argentina necesita, más que nunca, recuperar confianza para que vuelvan los dólares de inversión y no solo los de un swap condicionado desde Washington.

¿Desde que asumió Javier Milei, ¿tu situación económica personal?

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