Perico Noticias // El 3 de enero quedó marcado como esos días que reordenan el tablero: Estados Unidos anunció una operación militar a gran escala en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro para trasladarlo fuera del país. La escena —si se confirma en todos sus extremos— revive un libreto que Washington ya ejecutó con Manuel Noriega en Panamá y que, en otra escala, insinuó con operaciones de precisión como la que terminó con Qassem Soleimani.
Pero hay una diferencia clave: Venezuela no es Panamá, y el mundo de 2026 no es el de 1990. Hoy, la disputa es abierta entre potencias, con cadenas de suministro cruzadas por China, sanciones como norma y una región latinoamericana cansada de crisis, pero también harta de tutelajes.
El mapa de apoyos: “justicia”, “libertad” y el fin de la impunidad
En el campo de los que celebran la ofensiva norteamericana, el argumento central es directo: Maduro no sería un jefe de Estado legítimo sino un engranaje de criminalidad transnacional, y su captura sería un acto de justicia que habilita una transición.
- En Argentina, Javier Milei se alineó sin matices con Trump y celebró la captura como una victoria del “mundo libre”, con respaldo político interno también de Patricia Bullrich.
- En Europa, el tono fue más cuidadoso, pero con un punto en común: varios gobiernos y líderes remarcaron que Maduro carece de legitimidad y reclamaron una transición, aunque pidiendo moderación y resguardo consular.
En síntesis: para este bloque, la prioridad no es el precedente jurídico sino el resultado político: cortar un régimen y abrir una salida.
El mapa de rechazos: soberanía, derecho internacional y “zona de paz”
Del otro lado, el rechazo se apoya en una idea que atraviesa ideologías: si se naturaliza que una potencia captura a un presidente extranjero mediante una operación militar, la regla del mundo deja de ser el derecho y pasa a ser la fuerza.
- Rusia condenó la ofensiva como “agresión armada”, pidió evitar la escalada y respaldó que Venezuela lleve el caso al Consejo de Seguridad de la ONU, insistiendo en que América Latina debe ser “zona de paz”.
- Irán repudió el ataque como violación grave de soberanía e integridad territorial, enmarcándolo en la tensión estructural con Washington.
- En la propia región, hubo voces críticas como la del presidente Gustavo Petro (Colombia), que apuntó al carácter unilateral del acto y al riesgo de desestabilización.
Y un dato institucional clave: Venezuela solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU tras los ataques.
Lo que está en juego de verdad: el precedente
La discusión pública se llena de consignas (“dictador” versus “imperialismo”), pero el núcleo duro es otro: el precedente.
- Si el resultado legitima el método, se abre la puerta a nuevas “capturas” selectivas en el mundo.
- Si el método se condena sin matices, se blinda también a gobiernos cuestionados que se refugian en la soberanía para evitar rendición de cuentas.
- La tercera vía —la más difícil— sería: transición política + garantías de vida y debido proceso + marco multilateral real. Pero esa ruta exige algo escaso en 2026: confianza entre potencias.
Interpretación geopolítica: el hemisferio como “teatro principal”
Lo ocurrido en Venezuela sugiere que Washington está enviando un mensaje doble:
- A la región: “Esto es seguridad hemisférica; no vamos a tolerar enclaves hostiles”.
- A China y Rusia: “Latinoamérica también es tablero de disputa; no solo Europa del Este o el Indo-Pacífico”.
Por eso la fractura internacional no es solo moral: es estratégica. Cada país está leyendo el episodio como un test de poder.
Epílogo: la pregunta incómoda que queda flotando
Si Maduro cae, la pregunta no será solo “qué viene”, sino quién arbitra lo que viene: ¿instituciones venezolanas?, ¿coalición opositora?, ¿tutela externa?, ¿o un vacío de poder?
La historia enseña que los derrumbes rápidos pueden traer alivio… o pueden abrir ciclos más violentos. Y el mundo, hoy, no está precisamente diseñado para transiciones prolijas.
