Perico Noticias // En el NOA no hay margen para el relato: cuando suben luz y gas, no sube “un servicio”, sube la vida. Y en provincias pobres como Jujuy, donde el salario real viene castigado, la boleta se transforma en un impuesto silencioso que no votó nadie y que se cobra con punitorios, cortes y angustia.
El Gobierno nacional decidió replegar subsidios y empujar a las provincias al frente de batalla: cada gobernador queda con una disyuntiva brutal. O arma un esquema propio de contención social, o deja que el tarifazo haga su trabajo sucio: enfriar el consumo, quebrar pequeños comercios, reducir producción y disciplinar hogares. En criollo: o pagás servicios o pagás comida; y si pagás ambas, no pagás nada más.
El dato que debería encender sirenas en Casa de Gobierno
Santiago del Estero creó un Fondo Compensador Estival 2026 y anunció un 40% de descuento en la factura eléctrica residencial (con vigencia desde el 1 de enero y por dos meses).
No es magia. Es decisión política: amortiguar el shock para que el tarifazo no se lleve puesto el tejido social.
Mientras tanto, en Jujuy —al menos hasta ahora— no se comunicó un fondo universal comparable que funcione como “paragolpes” general para los hogares. Y eso, con pobreza estructural y economías regionales frágiles, no es un detalle: es una trayectoria de colisión.
Por qué esto pega más fuerte en Jujuy
Porque acá el costo energético no es un gasto más: es parte central del precio final de todo. Al NOA lo castiga la distancia, la logística, la baja escala y la estacionalidad. Cuando energía sube, sube:
- el almacén que enfría mercadería,
- la carnicería que necesita frío constante,
- el taller que vive de máquinas,
- el productor que riega, bombea, procesa,
- el kiosco que sostiene su heladera como si fuera un banco de oxígeno.
Y cuando todo sube al mismo tiempo, el resultado es uno solo: caída del consumo y más morosidad. No es ideología: es caja.
El argumento “técnico” no alcanza: la política es elección
Se puede discutir segmentación, topes de consumo subsidiado, rediseño de ayudas y “transición gradual”. De hecho, hay notas nacionales que describen el rediseño de subsidios y el sendero de reducción durante 2026.
Pero la verdad incómoda es otra: si una provincia puede armar un fondo y otra no, el problema deja de ser técnico y pasa a ser prioridades, gestión y reflejos.
La pregunta que importa (y que Jujuy debe responder ya)
Si Santiago del Estero pudo montar un escudo del 40% para hogares, ¿qué está haciendo Jujuy para que el tarifazo no destruya a los que menos tienen?
Porque cuando el Estado se corre y no aparece un amortiguador provincial, no “ajusta la macro”: ajusta el plato de comida, ajusta el estudio, ajusta la dignidad.
Cierre: aún hay tiempo, pero no sobra
Jujuy todavía puede elegir el camino de la responsabilidad: un fondo de contención, una tarifa social provincial ampliada, acuerdos con cooperativas, un esquema de compensación estacional y un programa serio de eficiencia energética barrial.
No hace falta inventar pólvora: hace falta voluntad.
Si no se mueve ahora, la factura no la paga la política: la paga la casa.
