Venezuela marca el regreso del hegemón: Estados Unidos vuelve al siglo XX para salvar al dólar

Venezuela marca el regreso del hegemón: Estados Unidos vuelve al siglo XX para salvar al dólar

Perico Noticias 4 de enero del 2026 // La escena es demasiado nítida para ignorarla: Estados Unidos vuelve a actuar como hegemón sin pedir permiso, sin disimulo y sin el lenguaje edulcorado de la “diplomacia preventiva”. La operación en Venezuela —con extracción del liderazgo político y anuncio explícito de control de la transición— no es un episodio aislado: es un punto de quiebre histórico. Y su mensaje al planeta es brutalmente simple: cuando el corazón del poder global late con arritmia, Washington deja de negociar y vuelve a mandar.

El dato que enciende la mecha: petróleo, bloqueo y control político

En las últimas horas, el mundo no solo vio una crisis institucional venezolana: vio una crisis energética geopolítica en tiempo real. Reuters reportó que las exportaciones de crudo quedaron paralizadas en el marco del anuncio de un “embargo petrolero” y del bloqueo/condicionamiento a buques, mientras EE. UU. afirmaba que “supervisará una transición política” tras extraer a Maduro y su esposa de Caracas.

Ese detalle es la llave maestra: cuando el petróleo se vuelve palanca, la moneda se vuelve objetivo.

Porque la hegemonía no es un discurso; es un sistema. Y el sistema se sostiene con tres pilares:

  1. energía asegurada,
  2. cadenas logísticas obedientes,
  3. moneda dominante.

Si uno tambalea, los otros dos se reconfiguran a la fuerza.

Doctrina Monroe “reloaded”: el regreso del manual del siglo XX

Durante décadas, Estados Unidos vendió la idea de un mundo “reglado” por organismos multilaterales. Pero cuando el costo de sostener ese orden supera el beneficio, la historia muestra que Washington cambia de libreto: vuelve a la lógica clásica de zona de influencia.

Venezuela aparece así como “demostración en vivo” de la Doctrina Monroe modernizada: no hace falta ocupar toda América Latina; alcanza con dejar un precedente imposible de desver: si un país se vuelve un nodo de disputa energética-financiera, se lo interviene o se lo administra.

Y ese precedente reordena el tablero: Brasil y México quedan bajo presión estratégica; el resto de la región entiende el mensaje sin subtítulos.

“Salvar al dólar”: el motivo que no se dice, pero se actúa

La viralidad de este hecho nace de una intuición colectiva: esto no es solo Venezuela. Es el centro del sistema defendiendo su arquitectura.

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En tiempos de deuda cara, tensiones comerciales, reindustrialización forzada y competencia global, el dólar necesita dos cosas para conservar su corona:

  • que el mundo siga necesitando energía bajo reglas previsibles,
  • que los grandes flujos de comercio y commodities sigan orbitando el ecosistema financiero occidental.

Si Venezuela —por reservas, geografía y valor simbólico— se convierte en “pieza liberada”, el mensaje a los mercados no es moral: es disciplinario. Y la disciplina en geopolítica se llama “control de riesgo”.

El efecto dominó: mercados, petróleo, oro… y miedo

La pregunta que importa no es si esto “gustará” o “indignará”. La pregunta que importa es: ¿qué precio le pone el mercado al precedente?

Porque el capital no mira banderas: mira riesgo, estabilidad, gobernabilidad y retorno. Y la intervención directa dispara una tensión doble:

  • por un lado, el “orden” impuesto puede bajar incertidumbre en el corto plazo para ciertos actores,
  • por otro, rompe la ilusión de reglas universales, y eso sube la prima de riesgo global.

Venezuela deja de ser “un país con crisis” y pasa a ser un evento sistémico.

¿Y América Latina? El dilema: alinearse, resistir o negociar supervivencia

El golpe conceptual es devastador: las soberanías se vuelven condicionales. No por una declaración formal, sino por una realidad práctica: la región depende de financiamiento, energía, comercio, seguridad… y ahora vuelve a depender de la “tolerancia geopolítica” del hegemón.

Esto reaviva dos grietas simultáneas:

  • la grieta interna (pro-EE. UU. vs. antiimperialismo),
  • y la grieta generacional: para amplios sectores, el debate ya no es épico; es utilitario: “¿Me garantiza futuro?”

Argentina: oportunidad táctica, riesgo estratégico

Argentina, alineada sin matices con Washington, puede leer esto como oportunidad diplomática: acceso, respaldo, “foto” internacional. Pero el riesgo es mayor: quedar atado a una estrategia que no controla. Cuando el hegemón acelera, sus aliados no conducen: acompañan.

Y en el NOA la pregunta es concreta: ¿qué pasa si esta doctrina se traduce en exigencias económicas, comerciales y de alineamiento total? La región vive de energía, transporte, comercio de frontera y estabilidad macro. Si el mundo entra en era de bloques, el NOA paga primero: suba de costos, caída de consumo, y un clima inversor que se vuelve selectivo y duro.

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El regreso del hegemón no es un “hecho internacional”; es un cambio de época

Lo ocurrido en Venezuela funciona como marcador histórico: Estados Unidos no está discutiendo su liderazgo: lo está ejerciendo.

Y cuando el liderazgo se ejerce así, el mundo entra en una fase más peligrosa:

  • más vertical,
  • menos negociada,
  • más bélica en lo simbólico y lo económico.

La pregunta final no es si esto “salvará al dólar”. La pregunta es cuánto cuesta salvarlo cuando la factura la paga el resto del planeta.

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