Perón tenía razón: elegimos la colonia y ahora nos gobiernan desde afuera
Perico Noticias 4 de abril 2026 // Hay frases que envejecen. Y hay frases que no envejecen: se vuelven sentencia.
“La Patria grande o la Patria chica”, “Braden o Perón”, “unidos o dominados”. No era poesía política: era un mapa de riesgo. Y hoy ese mapa no solo está vigente: está consumado.
Porque seamos honestos, sin anestesia: Argentina eligió ser dominada. No por un acto heroico del enemigo, sino por un acto repetido de autodestrucción propia: dividirnos, despreciarnos, rifar el Estado, vaciar la industria, pelear por migajas, y confundir libertad con desguace.
El nuevo orden no pide permiso: se impone
Venezuela no es “un caso más”. Es un parteaguas: el regreso explícito de la política de fuerza. Cuando Estados Unidos captura un jefe de Estado y anuncia que “gobernará” hasta una transición “pacífica”, el mensaje es brutal: la legalidad internacional es optativa.
Y ese mensaje se escucha en toda América Latina. Se escucha también en Argentina. Se escucha en las cancillerías, en los mercados, en los servicios de inteligencia, en los directorios de energía. Y se traduce en una idea simple: la soberanía es negociable si el tablero lo exige.
Argentina ya no negocia: obedece por diseño
La dominación moderna no llega con marines en la plaza. Llega con:
- deuda que condiciona presupuesto y política social,
- acuerdos estratégicos que se firman con letra chica y obediencia larga,
- alineamientos automáticos que se venden como “realismo”,
- estructuras económicas dependientes que convierten al país en exportador primario y consumidor impotente,
- fragilidad institucional que vuelve “normal” lo que antes era inaceptable.
El resultado es que Argentina, hoy, no discute un proyecto nacional: discute cómo administra el margen que le dejan.
Y cuando un país discute márgenes, no discute soberanía: discute sobrevivencia.
El patio trasero no es un insulto: es una categoría geopolítica
Ser “patio trasero” significa esto: que tu rol no lo define tu pueblo; lo define la necesidad de otro. Te usan como reserva, como mercado, como ruta, como proveedor, como muro, como peón.
Si el Norte necesita energía barata, presiona por energía.
Si necesita frenar rivales, presiona por alineamiento.
Si necesita recursos críticos, presiona por extracción.
Si necesita estabilidad del dólar, presiona por disciplina financiera.
¿Y nosotros? Aplaudimos la “seriedad” mientras nos quedamos sin herramientas para producir, sin salarios que caminen, sin consumo que sostenga, sin industria que respire.
La gran trampa: confundir “ajuste” con “destino”
Nos dijeron que la transformación era “inevitable”.
Que el mercado “ordena”.
Que abrir todo “moderniza”.
Que el Estado “siempre estorba”.
Pero la verdad es más incómoda: un país sin industria y sin ciencia es un país sin defensa.
Y un país sin defensa es un país que firma lo que le ponen adelante. Eso no es libertad. Es intervención por control remoto.
El dilema moral: ¿queremos ser nación o sucursal?
Perón advertía “unidos o dominados” porque entendía algo que hoy fingimos no ver:
la soberanía no es una bandera. Es una capacidad.
Capacidad de producir.
Capacidad de sostener empleo.
Capacidad de decidir alianzas sin extorsión.
Capacidad de cuidar recursos estratégicos.
Capacidad de tener un Estado que no sea botín ni refugio, sino instrumento.
Hoy, la tragedia argentina no es solo económica. Es moral y cultural: nos acostumbramos a que otros decidan por nosotros, y encima discutimos entre nosotros como si el problema fuera el vecino y no el tablero.
La salida existe, pero exige una renuncia
La salida no es nostalgia. Es estrategia.
- Unidad nacional mínima en torno a soberanía productiva (industrialización + ciencia + trabajo).
- Regionalismo inteligente: América Latina coordinada, no fragmentada.
- Estado eficiente: ni elefante clientelar ni desierto institucional; un Estado que rinda cuentas y ejecute.
- Política exterior sin fanatismo: alianzas por interés nacional, no por culto ideológico.
Y sobre todo, una renuncia indispensable: renunciar a la comodidad de la grieta como entretenimiento. Porque si seguimos entretenidos, seguiremos dominados. Argentina está entrando a una era donde los países que no producen, obedecen. Y los que no se integran regionalmente, son administrados.
Perón no estaba profetizando: estaba advirtiendo.
La pregunta ya no es si tenía razón. La pregunta es si vamos a seguir eligiendo la colonia… o si todavía nos queda carácter para volver a ser Nación.
