Perico Noticias, 20 de enero del 2026 // La banca global ya tomó una decisión estratégica: la IA no es un “proyecto”, es el nuevo sistema operativo. Donde antes había capas de personal para back office, atención, cobranzas, fraudes, compliance y ventas, hoy aparecen agentes inteligentes que resuelven tickets, clasifican casos, redactan respuestas, sugieren ofertas y automatizan procesos. Bank of America, por ejemplo, empujó fuerte su asistente virtual Erica y lo presenta como un pilar de la experiencia digital (con miles de millones de interacciones acumuladas).
La señal más relevante no es “tener un chatbot”: es que los bancos están construyendo fábricas de productividad. JPMorgan viene trabajando en asistentes internos y, según cobertura reciente, explora agentes para tareas repetitivas y soporte operativo. Citi también avanzó con herramientas internas de IA para su fuerza laboral, en un movimiento orientado a eficiencia y estandarización. Y grupos como Santander empujan una estrategia “data & AI-first” con acuerdos para acelerar su transformación hacia procesos y decisiones más automatizadas.
El punto incómodo: esto no es innovación, es sustitución
La narrativa habitual dice “la IA ayuda al empleado”. Pero en el balance real, la IA primero ayuda al margen: reduce costos, baja tiempos, minimiza errores, escala sin abrir sucursales y transforma la relación con el cliente. El resultado probable es un reordenamiento laboral: menos puestos administrativos, menos roles transaccionales, menos estructura física. Y no solo en bancos: seguros, retail, logística, medios, call centers, estudios contables, legales, salud administrativa.
¿Y la política qué hace? Casi nada.
La política local suele confundir tres cosas:
- Digitalización (hacer trámites online)
- Automatización (quitar trabajo humano del proceso)
- Pos-empleo (cuando el mercado crea menos puestos “clásicos” de los que destruye o precariza)
Mientras se discute el corto plazo, la ola ya está en el tablero. Y en provincias como Jujuy —con economía frágil, alta informalidad y dependencia de recursos nacionales— el impacto puede ser más duro: menos empleo formal privado, menos consumo, menos recaudación, más tensión social.
Qué debería estar haciendo la política
1) Fondo de transición laboral (provincial/mixto): financia reconversión real (6–9 meses) para perfiles bancarios y administrativos hacia datos, ventas consultivas, ciberseguridad, mantenimiento tecnológico, turismo de servicios, logística, salud y cuidado.
2) Acuerdo “empleo por productividad”: si el banco gana productividad por IA, parte de esa ganancia se convierte en metas de capacitación + movilidad interna (no maquillaje). Convenios modernos, no defensivos.
3) Créditos para reconversión pyme con tasa razonable: porque el empleo que se pierde en banca/servicios puede reabsorberse si hay nuevas pymes competitivas. Sin crédito, no hay absorción; hay caída.
4) Infraestructura digital pública como política anti-recesión: identidad digital, firma, pagos, ventanilla única y datos abiertos. Eso baja costos sistémicos y crea mercado para proveedores locales.
5) Nuevo contrato social tributario: incentivos fiscales temporales para empresas que reentrenen y contraten (no para las que solo echan y tercerizan).
La banca está entrando en una etapa donde la sucursal es un costo y el personal transaccional es una variable ajustable. El debate no es “IA sí o no”: es quién administra el costo social del salto tecnológico. Si la política no lidera, el mercado lo hará a su manera: rápido, frío y con planillas. Y ahí, el “futuro” llega… pero sin gente adentro.
