Perico Noticias, 24 de enero del 2026 // El Carmen tiene algo que no se compra ni se improvisa: una identidad deportiva que viene de fábrica, escrita en el ADN de su gente. No es una frase bonita: es una conducta colectiva. En esta ciudad, competir no es un capricho; es una forma de vivir. Por eso, cuando el deporte se organiza, se invierte y se proyecta, no solo se fortalece un equipo: se moviliza una comunidad.

Hoy esa energía histórica se encuentra con un hecho concreto y estratégico: la inversión municipal en el microestadio del Club Municipal Marcelo Palenttini, una obra que no es “un gasto”, sino un activo de futuro. La llegada de una cancha de parquet de última generación —que este lunes empieza a montarse— y la infraestructura pensada para competencias nacionales, posicionan a El Carmen como una plaza capaz de recibir grandes espectáculos deportivos, con condiciones profesionales y visión de largo plazo.
De las formativas al profesionalismo: un puente real
El impacto más profundo no está solo en el show. Está en lo que viene después. Porque cuando una ciudad incorpora infraestructura de nivel nacional, las divisiones formativas dejan de mirar el profesionalismo como un sueño lejano y empiezan a verlo como una carrera posible.
En un mundo donde el soft power del deporte es una industria global, la “marca Argentina” en deportes colectivos ya es sinónimo de entretenimiento, pasión y rendimiento. El Carmen tiene ahora una oportunidad de entrar en esa conversación desde el lugar que más vale: la cancha, el trabajo y el talento.
Turismo + deporte: el doble motor de una ciudad anfitriona
Y acá aparece la otra bandera carmense: el turismo. El Carmen ya es un destino con historia colonial, diques, paisajes, paseos gastronómicos que son tradición (sí, esos buñuelos que son marca registrada), cultura viva y la calidez de su gente. Ahora suma una joya nueva: la infraestructura deportiva como motor de movimiento económico.

Porque una ciudad que recibe competencia nacional no solo recibe equipos: recibe familias, hinchas, visitantes, prensa. Eso es más hotelería, más gastronomía, más consumo, más trabajo, y un flujo sostenido que fortalece el desarrollo local cuando se lo organiza con inteligencia.
El 2 de febrero: un bote que marca época
El 2 de febrero la pelota va a botar sobre parquet —en una cancha cedida por la provincia, donde entrena Jujuy Básquet— mientras la obra local termina de consolidarse. Pero no nos confundamos: ese primer bote no es un detalle logístico. Es un símbolo. Es la señal de que El Carmen está subiendo de nivel.

La grada es ambiciosa, sí. Pero es el espejo de su gente: nadie concreta lo que no se anima a soñar. Y esta cruzada demuestra que hubo una generación que soñó en serio, trabajó, insistió, y hoy deja instalado el trampolín para los que vienen atrás.
Una cruzada colectiva, con conducción y rumbo
Esta etapa también tiene conducción política y lectura de época. El intendente Víctor Hugo González interpreta que gobernar es gestionar oportunidades, sobre todo cuando la coyuntura económica desalienta. En vez de bajar los brazos, la apuesta es clara: convertir la adversidad en plataforma para subir un escalón más.
Porque el deporte no es escapismo: es disciplina social, organización comunitaria y economía real. Y si el Torneo Federal se vuelve vidriera, El Carmen no solo pelea por un ascenso: pelea por su futuro.
La invitación: el ascenso se empuja entre todos
Esta cruzada no se gana solo con entrenamiento. Se gana con comunidad: con tribunas, con comercios, con familias, con clubes, con escuelas, con sponsors, con orgullo local. Se gana cuando una ciudad decide que su historia no es pasado: es combustible.
El Carmen está ante una oportunidad grande. Y las oportunidades grandes tienen una regla: se aprovechan juntos. Que se sienta en cada cuadra, en cada negocio, en cada casa: El Carmen no mira el Federal desde afuera. Lo juega. Lo empuja. Lo sueña.
