PJ Jujuy: internas sin interventores, sin junta y sin agenda — De Aparici advierte “desnaturalización” y llama a reconstruir el peronismo desde abajo

PJ Jujuy: internas sin interventores, sin junta y sin agenda — De Aparici advierte “desnaturalización” y llama a reconstruir el peronismo desde abajo

A casi dos semanas de unas internas fijadas para el 15 de febrero —fecha que en Jujuy, en pleno carnaval, resulta culturalmente inoportuna— el abogado Carlos De Aparici lanza un diagnóstico severo sobre el Partido Justicialista intervenido: “ni siquiera tenemos en Jujuy la presencia de los interventores” y “tampoco de los integrantes de la junta electoral”, por lo que se impulsa un procedimiento “sin presencia aquí de parte de quienes lo tienen que controlar y ejecutar”. Para De Aparici, la intervención dejó de normalizar y pasó a decidir la política del PJ, elegir candidatos y conformar listas desde Buenos Aires, provocando una crisis que “obstruyó un camino de renovación” y derivó en el peor desempeño electoral del peronismo jujeño. Su propuesta es clara: elecciones con control real, afiliados decidiendo y una agenda pública concreta para recuperar el rol opositor y construir un proyecto provincial que empareje las asimetrías “para arriba”.

Perico Noticias, 28 de enero del 2026 // El peronismo jujeño no está en crisis: está en suspenso. Y cuando un movimiento que es cultura, comunidad y memoria social queda suspendido, la provincia entera pierde equilibrio democrático. Eso es lo que desnuda, sin rodeos, el análisis de Carlos De Aparici: el Partido Justicialista sigue intervenido y, a casi dos semanas de las internas, lo básico —lo mínimo— no está garantizado.

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Carlos De Aparici: “La crisis es superable si el peronismo despierta y el PJ se normaliza: internas con afiliados decidiendo, no decisiones tomadas en Buenos Aires, para recuperar rol, oposición y vocación de gobierno.”

De Aparici arranca desde el origen: la intervención se dispuso tras la reforma constitucional, cuando se consideró que el PJ local se había “asociado” al gobierno radical y había dejado de cumplir su rol central: ser oposición. Hasta ahí, el argumento institucional podía tener un sentido: ordenar, normalizar, devolverle identidad. Incluso recuerda un hito: el peronismo llegó a recuperar músculo y obtuvo un resultado contundente, ganándole al oficialismo una banca en el Senado. Pero, según su lectura, luego se cometió el error que “arruinó la oportunidad” de reconstrucción: “el interventor y el intervenido hacían campaña por el Partido Justicialista”. La anomalía se volvió norma. Y lo que debía curar, terminó contaminando.

El resultado, afirma, fue una fractura interna que obstruyó la renovación dirigencial y programática. El peronismo se dispersó en frentes, perdió identidad electoral y terminó en su peor participación histórica, sin renovar representación nacional. Esa fotografía no es sólo un dato partidario: es un problema de sistema. Porque, como advierte De Aparici, si el peronismo no tiene rol, la democracia se achica: queda un oficialismo que gobierna y un vacío donde debería existir una oposición estructurada, con propuesta, control y alternativa.

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Pero el punto más grave de su declaración no es político: es procedimental. De Aparici afirma que hoy no están dadas las condiciones para internas genuinas porque “ni siquiera tenemos en Jujuy la presencia de los interventores” y “tampoco de los integrantes de la junta electoral”. En criollo: se pretende correr un proceso “sin presencia aquí de quienes lo tienen que controlar y ejecutar”. Eso no es un detalle; es el corazón del asunto. Sin control local, sin órgano electoral visible, sin reglas legitimadas, lo que se anuncia como elección puede convertirse en un trámite formal vacío, incapaz de devolver autoridad real.

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Carlos De Aparici: “Necesitamos que el partido vuelva a vincularse con la sociedad: espacios de debate, agenda real y participación para que aparezcan nuevas generaciones, nuevas ideas y nuevos dirigentes.”

Su crítica se endurece cuando define la intervención como “desnaturalizada”: dejó de normalizar al partido y pasó a tomar decisiones políticas, elegir candidatos, cerrar listas y conducir desde Buenos Aires. En esa lógica, el afiliado queda reducido a espectador. Y el PJ, a “una mesa de poder vacía”, desconectada de la sociedad.

De Aparici, sin embargo, no habla desde la demolición: habla desde la reconstrucción. Plantea que el objetivo es exactamente el inverso a lo que viene pasando: que haya elecciones, que existan autoridades nuevas y que “sean los afiliados los que decidan la suerte del Partido Justicialista”. No es romanticismo: es institucionalidad. Y no es sólo institucionalidad: es estrategia.

Porque su propuesta excede lo orgánico y vuelve a lo esencial: recuperar agenda pública. De Aparici enumera lo que hoy atraviesa a Jujuy: endeudamiento familiar, tarjetas impagables, tarifas por las nubes, desempleo, inseguridad, precariedad. Y suma una visión de desarrollo que no sea para pocos: turismo como política pública para que la gente “pueda desarrollarse como persona”, economías regionales con inclusión —tabaco, caña de azucar, agricultura y ganadería con cientos de productores y cooperación, no concentración—, energía y minería con rumbo provincial, no improvisación. Esa agenda, dice, se construye con espacios de discusión, con participación, con cuadros nuevos, con horizontalidad, transparencia y democracia interna real.

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Carlos De Aparici: “El PJ hoy es una mesa de poder vacía: hay que abrir la discusión de políticas públicas y recuperar una conducción horizontal, abierta y democrática que forme nuevos cuadros.”

Ahí aparece el mensaje que interpela al peronismo como cultura: el PJ es herramienta, no fin. Si se vuelve una disputa personalista por lugares, se seca. Si recupera discusión, territorio, solidaridad y proyecto, vuelve a ser locomotora social. Y ese regreso no es para “ganar una interna”: es para terminar con las asimetrías sociales, “emparejarlas para arriba”, para que los jóvenes no migren por trabajo, para orientar educación a fuentes reales de empleo, para un plan de salud por regiones, para administrar recursos en beneficio del pueblo.

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En síntesis, De Aparici abre una agenda nueva y urgente:

  1. Internas con garantías reales (interventores y junta presentes, proceso transparente).
  2. Afiliados decidiendo, no oficinas en Buenos Aires.
  3. Un PJ con rol opositor y vocación de gobierno.
  4. Un programa provincial que ponga lo colectivo por encima de lo individual, que haya debate de propuestas, lejos de listas vacías de programas, desnutridas de esperanzas.

El peronismo jujeño no necesita más épica declamada. Necesita épica de método: reglas claras, participación real y un proyecto que vuelva a abrazar al pueblo. Porque cuando el PJ pierde su función, no pierde sólo un partido: pierde una provincia entera la posibilidad de discutir su futuro con equilibrio y justicia.

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