Perico Noticias, 9 de febrero del 2026 // Mientras se repite el discurso de la “nueva matriz productiva”, los números duros muestran otra cosa: Jujuy apenas explica 1,1% del PIB nacional. En un país donde cuatro jurisdicciones concentran más de dos tercios de la economía, el autocelebrarse sin resultados medibles ya no es estrategia: es negación.
Durante años, en Jujuy se instaló una narrativa de transformación estructural. Se habló de modernización, de salto exportador, de reconversión, de minería como palanca histórica y de un “nuevo tiempo productivo”. Pero cuando se baja del atril a la estadística, el balance es incómodo: la provincia sigue ocupando una porción marginal del producto argentino, con una incidencia que no mueve la aguja nacional ni mejora de forma decisiva el bienestar local.
El problema no es solo el tamaño relativo. El problema es la distancia entre promesa y performance. Si después de diez años de anuncios la participación sigue en torno al 1,1%, la discusión ya no puede ser de marketing político: debe ser de productividad, escala empresarial, infraestructura logística, formalización laboral y calidad institucional para atraer inversión real, no solo titulares.
La comparación federal también desnuda la fragilidad del modelo. Buenos Aires y CABA superan el 50% del PIB; Córdoba y Santa Fe se sostienen con entramado industrial, agro y servicios de alto valor. Jujuy, en cambio, no consolidó todavía un ecosistema competitivo capaz de generar crecimiento persistente, empleo privado robusto y salarios que ganen poder adquisitivo.
La provincia no necesita más épica discursiva: necesita tablero de control público, metas anuales verificables, diversificación productiva inteligente y una política de desarrollo que premie resultados, no alineamientos.
Porque el dato más duro no es el 1,1%. El dato más duro es haber naturalizado que eso alcance.
