Reforma laboral en ruinas: la IA ya cambió el trabajo y el Senado votó mirando el retrovisor

Reforma laboral en ruinas: la IA ya cambió el trabajo y el Senado votó mirando el retrovisor

Perico Noticias, 13 de febrero del 2026 // Con media sanción en el Senado, la llamada “modernización laboral” avanza sin un capítulo serio sobre inteligencia artificial, reconversión de habilidades ni productividad digital. En un país con alta informalidad, el debate se concentró en costos, litigios y convenios, pero dejó afuera el corazón del empleo del siglo XXI: cómo crear trabajo de calidad en la economía tecnológica.

La Argentina volvió a discutir trabajo con lógica de siglo XX en pleno siglo XXI.
Ese es el dato político de fondo.

La reforma laboral que recibió media sanción en el Senado —42 votos a favor y 30 en contra, según reportes parlamentarios y cobertura de la sesión— no es un punto de llegada: es una foto de la desconexión entre la política y el nuevo mercado laboral.

Mientras el mundo discute IA generativa, automatización de tareas, teletrabajo global, reentrenamiento masivo y productividad asistida por tecnología, acá el eje central quedó atrapado en la ingeniería de costos laborales, banco de horas, servicios esenciales y rediseño del conflicto sindical. Es decir: instrumentos defensivos para una economía que hoy exige estrategia ofensiva.

No se trata de negar que Argentina tiene un problema de rigidez, litigiosidad y costos no salariales. Lo tiene. Pero también tiene otro, más profundo y más urgente: carece de una política nacional de transición laboral tecnológica. Y ese vacío convierte cualquier reforma en un parche.

Nace vieja porque no responde a la pregunta clave

La pregunta real no es solamente “cuánto cuesta contratar”.
La pregunta real es: ¿qué trabajo vamos a crear en 3 a 10 años y con qué capacidades?

Si una ley se presenta como “modernización”, pero no establece un andamiaje robusto para:

  • reconversión de trabajadores desplazados por automatización,
  • certificación rápida de habilidades digitales,
  • incentivos para empleo remoto exportable,
  • formación en IA aplicada por sector productivo,
  • agenda federal para economía del conocimiento en ciudades intermedias,

entonces no moderniza: administra la escasez.

Y cuando la política administra escasez sin crear productividad, la factura la pagan siempre los mismos: jóvenes, mayores de 45/50 años, cuentapropistas, pymes periféricas y provincias con alta informalidad.

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El dato duro que desmiente el triunfalismo y también la nostalgia

Argentina llega a este debate con una estructura frágil:
INDEC informó para el 3° trimestre de 2025 una tasa de informalidad del 43,3%. Además, entre asalariados, una proporción relevante no tiene descuentos jubilatorios.

Con ese piso, creer que el problema se resuelve solo con “más flexibilidad” es ingenuo.
Y creer que se resuelve solo bloqueando toda reforma en nombre del pasado, también.

La evidencia internacional muestra otra cosa: la transformación del empleo está acelerándose por tecnología y cambio organizacional; por eso los países competitivos invierten en skills, no solo en normas de salida.

La falla libertaria: mercado sí, estrategia no

El oficialismo propone modernización, pero sin arquitectura de transición.
Es una contradicción de management público: quiere resultados de nueva economía con instrumentos parciales de vieja economía.

Una agenda verdaderamente liberal-productiva debería, como mínimo, acoplar la reforma a tres tableros de ejecución:

  1. Capital humano 4.0: crédito fiscal y vouchers de reconversión para trabajadores y pymes.
  2. Empleo digital federal: incentivos para exportar servicios desde provincias y municipios.
  3. Productividad inclusiva: adopción de IA en pymes con metas de empleo formal, no solo de reducción de costos.

Sin eso, la “modernización” queda reducida a una negociación distributiva sobre derechos existentes, en un mercado que ya cambió de matriz.

La deuda transversal de toda la política

Sería un error cargar toda la responsabilidad en un solo bloque.
La oposición que hoy critica con razón varias regresiones tampoco mostró, en la última década, una estrategia sólida para resolver informalidad estructural, baja productividad y empleabilidad tecnológica.

Conclusión incómoda: fracasa el gobierno si solo ajusta derechos, y fracasa la oposición si solo administra consignas.

El país necesita un nuevo contrato laboral, sí; pero con brújula de futuro.
Sin ese giro, vamos a seguir discutiendo indemnización en un mercado que ya está redefiniendo puestos, tareas y salarios con algoritmos.

Y cuando la ley llega tarde al cambio tecnológico, no protege a nadie:
ni al trabajador, ni a la pyme, ni al inversor serio.

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Qué debería incluir una “modernización” no obsoleta

  • Cuenta personal de formación continua (cofinanciada Estado-empresa-trabajador).
  • Seguro de transición laboral para reconversión ante automatización.
  • Marco de teletrabajo exportador con simplificación tributaria para pequeñas unidades productivas.
  • Objetivos federales por provincia/municipio en empleo formal digital.
  • Observatorio nacional de impacto IA-trabajo con actualización anual obligatoria de políticas.

Eso sí sería modernizar. Lo otro es gestionar el conflicto de ayer con lenguaje de mañana.

¿Desde que asumió Javier Milei, ¿tu situación económica personal?

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