Perico Noticias, 13 de febrero del 2026 // Si el oro sube como refugio y Bitcoin se comporta como activo especulativo, el mensaje de fondo es uno: el mundo huele a incertidumbre larga. En Argentina, y en Jujuy en particular, esa señal se traduce en presión sobre precios, crédito más caro, menos inversión productiva y mayor fragilidad social.
En la superficie, parece una discusión de traders. Pero no lo es. Cuando el oro acelera y Bitcoin no logra consolidarse como “escudo” frente al sistema, lo que se está viendo es una crisis de confianza global: temor a deuda descontrolada, a emisión persistente y a shocks geopolíticos. El oro, históricamente, funciona como termómetro del miedo estructural; y cuando ese termómetro se dispara, las economías periféricas suelen ser las primeras en sentir el impacto real en la calle.
Argentina llega a este escenario con una vulnerabilidad conocida: inflación inercial, salarios golpeados y una matriz productiva que todavía no logra escalar valor agregado de manera sostenida. Si encima el mundo entra en fase defensiva, el capital se vuelve más selectivo, más caro y más corto de paciencia. En esa ecuación, el crédito para pymes se encarece, el consumo se enfría y la inversión que llega prioriza rentas rápidas, no desarrollo territorial de largo plazo.
Jujuy no está fuera de ese radar: está adentro. En una provincia donde conviven economías regionales, empleo público tensionado y polos extractivos en expansión, cualquier turbulencia financiera internacional reordena prioridades. Lo que hoy parece “macro mundial” mañana aparece como aumento en insumos, demora en cadenas de pago, mayor informalidad y presión sobre el pequeño comerciante. El riesgo no es solo económico: es social, porque la incertidumbre prolongada erosiona cohesión comunitaria y expectativas de movilidad.
Que Bitcoin falle como cobertura en momentos de estrés no invalida su potencia tecnológica; pero sí obliga a dejar de vender atajos. Sin marco regulatorio inteligente, educación financiera masiva y estrategia de adopción responsable, la narrativa cripto se convierte en volatilidad para pocos y frustración para muchos. El mensaje de política pública es claro: no alcanza con prometer modernidad; hay que diseñar infraestructura institucional, protección al usuario y mecanismos de inclusión digital que eviten una nueva brecha financiera.
La conclusión para Jujuy es directa: si el mundo entra en modo refugio, la provincia debe entrar en modo resiliencia productiva. Eso implica blindar al entramado pyme, facilitar financiamiento real para la economía cotidiana, profesionalizar cadenas agroindustriales y mineras con más valor local, y construir un pacto fiscal que no castigue al que produce en pequeño. Porque cuando el oro anticipa tormenta, los territorios que sobreviven no son los que improvisan: son los que planifican.
