“Tanto correr para llegar a ningún lado”

“Tanto correr para llegar a ningún lado”

Perico Noticias, 13 de febrero del 2026 // El propio ministro de Economía admite un “trimestre sin plata” y confirma lo que ya se siente en la calle: cayó la recaudación, se agotó el crédito y el ajuste dejó de ser una transición para convertirse en un modo de gobierno. En ese tablero, provincias y municipios entran en zona de default técnico operativo: menos obras, más tensión social y una pregunta que se impone sola: ¿cuál es el plan para salir del pozo?

Argentina entró en una fase que ningún relato puede maquillar.
Después de meses de sacrificio social, salarios comprimidos, consumo anestesiado y obra pública frenada, la promesa de “orden para crecer” choca con una pared de datos: no hay financiamiento fresco, no repunta la recaudación y el Estado —nacional y subnacional— funciona en modo respirador.

La frase que empezó a circular desde el corazón del poder —“se vienen meses sin plata”— no es un detalle técnico. Es una señal política.
Es la confesión de que el esquema fiscal, tal como se viene ejecutando, ya no administra expectativas: administra escasez.

De la motosierra al desierto fiscal

El problema ya no es solo cuánto se recorta. El problema es qué se destruye en el proceso.
Cuando Nación se asfixia, asfixia a todos: provincias, municipios, hospitales, policías, escuelas, proveedores, economías regionales.
Si además cae la recaudación real durante varios meses consecutivos, el resultado es conocido: el ajuste deja de ser una herramienta y pasa a ser una trampa.

  • Las provincias reciben menos recursos coparticipables en términos reales.
  • Los gobernadores enfrentan paritarias sin caja.
  • Los municipios patean pagos, ralentizan obras y recortan mantenimiento básico.
  • La seguridad, la salud y la educación quedan en tensión permanente.

En criollo: la macro puede mostrar disciplina contable, pero la micro está en emergencia.

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Caputo sin nafta, provincias sin red

El mercado ya mostró sus límites. El crédito privado en dólares ayudó a patear vencimientos, pero no alcanza para financiar desarrollo real ni para sostener indefinidamente la demanda de divisas.
La recaudación, por su parte, no acompaña porque la actividad se enfría. Y cuando se enfría la economía, el superávit fiscal deja de ser mérito y se vuelve espejismo: se logra por poda extrema, no por expansión productiva.

El “trimestre duro” no es una tormenta de verano. Es un síntoma estructural de un modelo que apostó todo a estabilizar y postergó casi todo lo demás: producción, empleo, infraestructura y federalismo fiscal.

Tercer año libertario: del shock a la fatiga social

Hay un dato que la política no debería subestimar: se agotó el músculo de la paciencia.
La sociedad hizo el esfuerzo. Esperó. Ajustó su vida. Bajó consumo. Soportó tarifas, incertidumbre y deterioro del ingreso.
Pero cuando el horizonte se aleja en vez de acercarse, cambia el clima social. Y cambia rápido.

El voto que llevó al oficialismo al poder no fue para gestionar escasez eterna.
Fue para mejorar condiciones de vida.
Si ese objetivo se diluye, el capital político también.

¿Economía de guerra o planificación de salida?

La pregunta ya no es ideológica, es práctica: ¿cómo se gobierna un país federal sin recursos circulando?
Si la respuesta es “suspender obra pública local y sobrevivir”, entonces no hay plan de desarrollo: hay administración del colapso.

Y una democracia no puede vivir en modo “aguante” permanente.
Sin inversión territorial, sin infraestructura urbana, sin crédito productivo y sin recuperación del consumo, el ajuste se vuelve circular: se recorta porque no hay plata y no hay plata porque se destruye actividad.

El punto de quiebre

Argentina de abundancia potencial no puede naturalizar la escasez como destino.
No alcanza con culpar al pasado ni con prometer que “falta poco”.
Hace falta un giro de gestión con tres prioridades urgentes:

  1. Programa federal anticíclico para sostener servicios esenciales provinciales y municipales.
  2. Acuerdo de productividad con empleo que recupere actividad sin dinamitar derechos básicos.
  3. Plan de obra estratégica mínima (agua, saneamiento, vialidad crítica, salud y escuelas) para evitar el colapso territorial.
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Si eso no aparece pronto, el “trimestre sin plata” será apenas el prólogo de algo peor:
un país que ordena planillas mientras se desordena la vida real. Y cuando la vida real se desordena, no hay discurso que alcance.

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