“¿Estudiar para qué? El miedo silencioso de la Gen Z ante trabajos que la IA ya está reemplazando”

“¿Estudiar para qué? El miedo silencioso de la Gen Z ante trabajos que la IA ya está reemplazando”

Perico Noticias. 16 de febrero del 2026 // La pregunta no es si la inteligencia artificial va a cambiar el trabajo, sino a qué velocidad nos deja sin mapa. La Generación Z percibe una verdad incómoda: el sistema educativo sigue prometiendo certezas del siglo pasado, mientras el mercado ya exige habilidades que se actualizan en tiempo real. Sin una estrategia pública y privada de reconversión, el riesgo no es solo laboral: es una crisis de sentido.

La angustia de la Gen Z no es “falta de ganas”: es lectura fina del contexto. El Future of Jobs Report 2025 confirma que, de acá a 2030, la reestructuración ocupacional será masiva: se proyectan 170 millones de empleos creados y 92 millones desplazados, con un saldo neto positivo pero una transición muy desigual entre sectores, territorios y niveles de formación. No desaparece el trabajo: desaparecen perfiles que no logran reconvertirse a tiempo.

A eso se suma un dato estructural: el mismo informe estima que cerca del 39% de las habilidades actuales deberá transformarse hacia 2030. Es decir, estudiar “una vez” ya no alcanza; hoy la empleabilidad depende de aprender, desaprender y reaprender de forma continua. Cuando la escuela y la universidad siguen organizadas por ciclos lentos y credenciales rígidas, el estudiante siente que corre una carrera con reglamento viejo en una pista completamente nueva.

En paralelo, el escenario juvenil global ya era frágil antes del salto de la IA. La OIT reporta que la tasa de desempleo juvenil mundial se mantiene en torno al 13%, y advierte fuertes brechas entre jóvenes con trayectorias estables y aquellos atrapados en informalidad o baja productividad. Traducido: la tecnología no llega a un terreno neutro; llega sobre una base social partida. Por eso la IA puede ser ascensor para algunos y piso pegajoso para otros.

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Argentina agrega su propia presión: desaceleración, ingresos tensos y un mercado laboral que no absorbe con calidad la oferta joven. El INDEC mostró una tasa de desocupación nacional del 6,4% en el 3º trimestre de 2025, pero detrás del promedio conviven subocupación, precariedad y pérdida de poder adquisitivo, factores que golpean especialmente el ingreso laboral inicial de los más jóvenes. El miedo de la Gen Z no es abstracto: es la experiencia cotidiana de estudiar más para ganar menos certidumbre.

La respuesta no puede ser nostalgia ni negación tecnofóbica. Tampoco sirve vender optimismo vacío. El punto estratégico es otro: pasar de un modelo educativo centrado en contenidos estáticos a uno orientado a capacidades transferibles (pensamiento crítico, resolución de problemas, comunicación, colaboración, criterio ético y alfabetización en IA). La OCDE viene señalando que la exposición a automatización depende del tipo de tarea y que la formación continua es la variable decisiva para evitar desplazamientos regresivos.

Si no hacemos ese giro, el mensaje que recibe una generación entera es devastador: “esforzate, pero igual llegás tarde”. Y cuando una sociedad rompe el vínculo entre mérito y horizonte, no pierde solo productividad: pierde confianza, proyecto común y cohesión. La discusión de fondo no es “IA sí o no”, sino quién gobierna la transición: si la dejamos en piloto automático, la paga la juventud; si la planificamos con visión federal, la IA puede convertirse en plataforma de movilidad social y no en fábrica de frustración.

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