“Reforma laboral a la criolla: te recortan la licencia, pero te dejan el folleto de ‘libertad’”

“Reforma laboral a la criolla: te recortan la licencia, pero te dejan el folleto de ‘libertad’”

Perico Noticias, 17 de febrero del 2026 // Con media sanción en el Senado y una Cámara de Diputados al borde del empate técnico, la reforma laboral se volvió un reality de supervivencia política: nadie quiere pagar el costo de decir en voz alta que enfermarse puede salir caro. En ese tablero, los votos del norte pesan más que mil discursos y Jujuy juega una partida que puede condicionar 2027.

La escena es casi teatral: el oficialismo corre por el quórum, los aliados negocian artículo por artículo y, cuando aparece el punto más sensible —licencias por enfermedad y accidentes—, de pronto todos descubren su costado humanista. Qué casualidad. La frase “nadie elige accidentarse o enfermarse” se volvió el salvavidas moral de una política que, hasta hace cinco minutos, discutía cuánto puede recortarse sin que explote el costo electoral. La ironía es perfecta: se habla de modernización laboral mientras se discute quién paga cuando el cuerpo se rompe.

En ese marco, los tres votos jujeños libertarios no son una anécdota: son un activo estratégico. Pueden inclinar una sesión ajustada y, al mismo tiempo, encender una factura política que vence en 2027. Porque en Jujuy no hay margen para slogans sin impacto social: es una provincia donde la estructura de empleo estatal pesa fuerte, donde la estabilidad del ingreso sigue siendo columna vertebral del consumo local y donde cada señal sobre derechos laborales se traduce rápido en humor social. El “mercado” no vota; la gente sí.

La paradoja jujeña es potente: alta gravitación legislativa en relación con su población, pero una economía real con fragilidad estructural. Traducido: mucho peso en el Congreso, poco colchón en los hogares. En ese contexto, acompañar una poda de licencias puede leerse como eficiencia en planilla Excel, pero en la calle se interpreta como desprotección. Y cuando el trabajador siente que el sistema se retira justo cuando más lo necesita, la narrativa de “orden” se convierte en narrativa de “abandono”.

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El oficialismo nacional apuesta a mostrar músculo reformista; la oposición, a capturar el costo social; los gobernadores, a no quedar pegados al error no forzado. Resultado: una coreografía de pragmatismo puro. Se amenaza con no dar quórum, se promete “corrección técnica”, se filtran cambios de último momento y todos buscan salir en la foto del lado humano… después de haber empujado el borde del precipicio. En lenguaje simple: primero prueban hasta dónde duele, después negocian el analgésico.

Para los libertarios jujeños, el riesgo es de manual: hoy pueden ser favoritos, pero la política no se gana sólo con clima de época, se gana administrando consecuencias. Si avalan una reforma percibida como castigo al trabajador enfermo, el desgaste no será inmediato, pero sí acumulativo. Y en una elección ejecutiva, el voto castiga más por sensación de injusticia que por tecnicismos parlamentarios. En 2027 no se votará un artículo: se votará una memoria.

La moraleja de esta historia no es jurídica, es política: cuando un sistema insinúa que la enfermedad es un costo privado y no un riesgo social compartido, erosiona su propia legitimidad. Jujuy puede ser laboratorio de una nueva mayoría o ejemplo de cómo una victoria legislativa mal calibrada termina en derrota territorial. En tiempos de números ajustados, la verdadera aritmética no está en el recinto: está en el barrio, en el hospital y en la mesa familiar.

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