Reforma laboral al filo: si el Congreso aprueba, la calle puede firmar la sentencia del Gobierno

Reforma laboral al filo: si el Congreso aprueba, la calle puede firmar la sentencia del Gobierno

Perico Noticias, 18 de febrero del 2026 // Mañana Diputados tratará la media sanción que empuja la Casa Rosada como “llave” para reactivar empleo. Pero adentro del propio oficialismo las alarmas están encendidas: la mayoría social la rechaza, y aun aprobada puede convertirse en el principio del final del experimento libertario. En una Argentina con enfriamiento, industria en retirada e “industricidio” a la vista, el único empleo que crece se concentra en minería e hidrocarburos. Si la nueva norma avanza con más flexibilidad y menos garantías, el país puede ganar “competitividad” en los papeles y perder calidad de trabajo, previsibilidad y paz social en el territorio.

La política argentina tiene días bisagra. Días donde la firma de un dictamen no es un trámite: es una apuesta. Mañana, cuando Diputados trate la otra media sanción para aprobar la reforma laboral, la Casa Rosada no sólo buscará votos. Buscará algo más difícil: legitimidad.

Y ahí aparece el problema estructural del Gobierno: puede estar cerca de conseguir una mayoría parlamentaria, pero está lejos de conseguir una mayoría social. La reforma, tal como se la percibe en amplios sectores, no es una modernización; es un corrimiento del equilibrio en perjuicio del trabajador. En un país con memoria de crisis, eso no es “técnico”. Es pólvora.

El “industricidio” no se compensa con contratos más débiles

Argentina transita una transformación, sí. Pero no es una transformación virtuosa: es un reordenamiento forzado. El enfriamiento se siente en la calle y en el consumo. La industria cruje, achica, posterga. La economía real se vuelve más frágil y más desigual. Y lo más grave: no aparecen señales contundentes de una recuperación potente y transversal.

En ese contexto, una reforma laboral que abarate el despido, flexibilice condiciones o debilite la capacidad de negociación puede mejorar indicadores de corto plazo para balances y planillas, pero no garantiza inversión productiva. Porque el problema de fondo no es “el costo laboral” aislado: es la falta de horizonte, mercado, crédito, estabilidad y reglas de juego confiables.

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Minería e hidrocarburos: el “oasis” que puede volverse espejismo

Hoy, donde hay trabajo y proyección es, sobre todo, en actividades vinculadas a minería e hidrocarburos. Pero si la reforma se aprueba en la lógica de “el trabajador se adapta o queda afuera”, ese oasis puede volverse un espejo: más empleo, sí, pero con estándares más bajos, mayor rotación, y un clima social de tensión permanente.

El país no necesita sólo empleo. Necesita empleo de calidad: con previsibilidad, seguridad, formación, carrera, y salarios que sostengan consumo. Si el nuevo marco legal habilita una posición más débil para el trabajador, el riesgo es obvio: crecer en volumen y achicarse en dignidad.

El costo político: cuando la ley enciende la calle

El oficialismo juega al límite porque confía en que “ordenar” la economía alcanza para ordenar la sociedad. Pero la historia argentina muestra lo contrario: cuando se toca el mundo del trabajo con una percepción de injusticia, la reacción no es sectorial: se vuelve nacional.

Por eso mañana no es sólo una sesión. Es un plebiscito emocional. Si la reforma avanza sin consenso social, el Gobierno puede ganar una votación y perder el clima. Y un Gobierno sin clima, en Argentina, es un Gobierno con fecha de vencimiento.

La pregunta final: ¿reforma para producir o para disciplinar?

La Argentina necesita cambios, sí. Pero cambios que reconstruyan: producción, industria, pymes, empleo formal, capacitación, ciencia aplicada, infraestructura. Si la reforma laboral aparece como un instrumento para disciplinar al trabajador en lugar de liberar la inversión real, entonces no es modernización: es conflicto diferido.

Y cuando el conflicto se difiere, vuelve más caro.

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Mañana puede aprobarse la reforma. Pero si se aprueba contra la mayoría social, puede convertirse en el inicio del final: no por la letra de la norma, sino por el mensaje que deja instalado en la calle: que el ajuste siempre cae del mismo lado.

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