El aislamiento de Argentina, una ventaja frente al huracán Trump

 El aislamiento de Argentina, una ventaja frente al huracán Trump

Por Ignacio Fidanza

La Argentina no aparece en el radar de Trump. Los vínculos personales de sus funcionarios con el país.
En noviembre del año pasado, un desconocido magnate norteamericano viajó con su mujer a Villa María, Córdoba, para cazar palomas. Disfrutó de buenos vinos y carnes asadas, mientras su esposa –texana como él- visitaba estancias del lugar, interesada en conocer las mejoras genéticas del ganado.

Quién iba a imaginar que unas semanas después sería el elegido por Donald Trump, nada menos que para ocupar el tercer cargo más importante de la administración norteamericana: Secretario de Estado. Fue uno de los últimos contactos con nuestros país del multimillonario ex presidente de Exxon, Rex Tillerson.

Como ocurrió con la crisis financiera global del 2008, donde la desconexión de Argentina del mundo hizo que la marea pasara por sobre nuestra cabeza, el arribo de Donald Trump al poder tiene un efecto similar.

Como ocurrió con la crisis financiera global del 2008, cuando la desconexión de Argentina del mundo hizo que la ola pasara por sobre nuestras cabezas, con el arribo de Trump al poder ocurre algo similar.

La Argentina no es de mayor interés para Trump en términos políticos por una sencilla razón: no representa un desafío en los dos temas que más le interesan, inmigración y comercio. El 2016 el comercio entre Argentina y Estados Unidos terminó con un déficit estimado de 2.101 millones de dólares para nuestro país (ver documento adjunto). Con un agregado, básicamente le vendemos bienes primarios y en gran medida les compramos productos industriales.

Inmigración tampoco es un issue: la cantidad de argentinos que se van a vivir a Estados Unidos es insignificante –en los términos de los flujos que recibe ese país- y en su mayoría es gente profesional y con un alto nivel educativo.

Por eso, más allá de los viejos resquemores de Trump con la familia Macri por los negocios inmobiliarios, Argentina casi no figura en su agenda; lo que teniendo en cuenta que viene planteando el magnate, es casi una bendición.

“Cabeza a tierra y paper preparado para explicar qué es lo que quieren, cuando llegue el momento de la consulta”, fue la recomendación pragamática de los asesores del republicano a la diplomacia argentina.

Se entiende: las balas están concentradas a los dos lados del Río Bravo. La discusión con México monopoliza por estas horas al equipo de transición de Trump. Allí sí se combinan en todo su esplendor las dos obsesiones del magnate. El otro tema es China.

Tan poco importa la Argentina, que Trump ni se tomó la molestia de pensar un reemplazante para Noah Mamet, el embajador de Obama en Buenos Aires, al que los republicanos le rechazaron de mala manera la sugerencia de quedarse en esa posición.

De hecho, en la fría noche de este jueves en Washington, LPO pudo saber en exclusiva que Trump ya definió quien ocupará embajada en Brasil: Jerry Pierce, un ex vicealcalde de Jersey City, casado con una brasileña, propietario de la consultora de tecnología The Interamericana Group, que suele escribir columnas en las edición hispana de Politico.

“De Argentina lo único que se sabe es que Trump pidió que busquemos un embajador de perfil de negocios”, afirmó a este medio una fuente al tanto de las conversaciones, que remarcó que nuestro país esta muy lejos de representar una urgencia para el magnate.

Esto está lejos de ser una mala noticia, visto que hasta ahora Trump se ha comportado como un dirigente antisistema, que viene a problematizar todos los pilares del actual orden mundial: Desde la OTAN, pasando por el NAFTA, hasta el librecomercio.

Es verdad que este ninguneo acaso moleste a Macri, que venía de gozar de un trato privilegiado de Obama, que además capitalizaba internamente. Pero en términos de país, estar fuera del radar de Trump, al menos por ahora, parece conveniente.

El paraíso argentino

El otro punto muy notable es que buena parte del gabinete de Trump conoce muy bien la Argentina y sobre todo los paraísos de nuestro país. Es decir que la imagen que tiene no es la del típico cliché latinoamericano.

Como en su mayoría se trata de millonarios republicanos, muchos de ellos han viajado varias veces a la Argentina para darse los gustos que se dan esa clase de millonarios: cazar, pescar con mosca, tomar vinos extraordinarios y hospedarse en paraísos exclusivos, como los que hay, por ejemplo, en estancias o lodge de la Patagonia y Córdoba.

En el gabinete de Trump, integrado en su mayoría por millonarios blancos y republicanos, comparten el gusto por visitar los más exclusivos lodge de la Patagonia para cazar, pescar con mosca y tomar buenos vinos con carne asada.

Tillerson es uno de los aficionados a esos viajes pero no el único. El secretario de Comercio, Will Ross, con una fortuna estimada de u$s 3.000 millones o del secretario de Seguridad Interior, John Kelly. La imagen de estos hombres muy cercanos al presidente de la Argentina es la de un país agradable, poco conflictivo para los intereses de su administración.

El proteccionismo de Trump y su rechazo al multilateralismo, también encuentra a la Argentina en una buena posición, aunque en este caso es contracultural respecto al discurso del gobierno de Macri.

Mientras nuestro presidente festeja el “regreso” de Argentina al mundo y pide que lo incluyan en la OCDE y el Tratado de la Alianza del Pácífico –un paso previo al fallido TTP-, Trump rechaza esas instituciones, reeditanto la visión aislacionista de una corriente importante de los Estados Unidos, que cíclicamente cada tantas décadas reaparece. Kissinger, asesor en las sombras de Trump, explica bien esa dicotomía en su libro La Diplomacia.

Es curioso como se dan las cosas. Cristina empezó celebrando el arribo de Obama a la Casa Blanca, en la errónea idea que compartían una visión del mundo y terminó enfrentada cuando se dio cuanta que estaba frente a un hombre que creía en el libre mercado y aborrecía el populismo.

Y Macri justo cuando encontró en el demócrata a su aliado soñado, sufre el arribo de un republicano que lejos de compartir el ideario del PRO, propone un proteccionismo que hubiera encantado a la ex presidenta.

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