Analizamos cómo las inspecciones fronterizas de Canadá a camiones estadounidenses desnudan la fragilidad del sistema comercial "justo a tiempo", revelando que es un arma geopolítica que transfiere el costo a trabajadores y consumidores.
Estados Unidos pidió orden, no elecciones. Donald Trump dejó a Javier Milei fuera del tablero y negoció directamente con el poder real que quedó en Caracas, el chavismo de segunda línea. El pueblo venezolano no fue consultado. No hubo épica democrática ni transición liberal: hubo imposición, pragmatismo y control. El nuevo orden mundial ya no simula.
Las afirmaciones de Trump de que "Cuba está por caer" y que "EEUU domina" no son solo análisis, son la hoja de ruta de una política exterior que ve la debilidad ajena como una invitación a la conquista, con riesgos incalculables.
Un editorial analiza la captura de Maduro no como muestra de fuerza, sino como síntoma de desesperación estratégica de EEUU frente al ascenso de China, según el análisis de John Mearsheimer.
Venezuela no fue un episodio: fue un mensaje operativo. Si la economía global ya no cotiza en función de datos sino de una sola voluntad política, entonces el paradigma cambió: la democracia se vuelve relativa, la soberanía se vuelve condicionada y el derecho internacional se vuelve decorado. Regresa la era del hegemón… y el costo lo paga la periferia.
El siglo XXI no nos encontró “unidos o dominados”: nos encontró fragmentados, endeudados y administrados. Venezuela fue el aviso global; Argentina es el caso testigo regional. Cuando la soberanía se entrega por cuotas —deuda, bases, inteligencia, energía, comercio— ya no hace falta invadir: alcanza con ordenar desde el centro y ejecutar en la periferia.
La caída de Venezuela bajo acción directa de Estados Unidos instala un precedente explosivo: cuando la fuerza reemplaza a las reglas, los mapas dejan de ser certezas. En ese nuevo clima, el sur argentino vuelve a sonar en los radares de Chile y del Reino Unido. Y la pregunta ya no es “si se animan”, sino “qué costo pagarán si lo hacen”.
La captura de Maduro no es un hecho aislado ni un episodio más del conflicto latinoamericano: es el certificado de defunción del derecho internacional tal como lo conocimos. La fuerza volvió a ser ley y Sudamérica dejó de ser periferia para convertirse en tablero. Argentina, por geografía y fragilidad estratégica, quedó en el centro del huracán.
Venezuela no fue un episodio: fue un quiebre. La democracia liberal entra en su zona más frágil: elecciones y soberanía subordinadas a la fuerza, los recursos y la “estabilidad”. La pregunta ya no es qué es justo, sino qué conviene. Y eso cambia todo.