Perico Noticias, 5 de febrero del 2026 // Mientras Brasil mostró en 2024 un mercado laboral en expansión —con creación masiva de empleo formal, baja del desempleo y mejora del ingreso promedio—, Argentina transitó una recuperación laboral más débil y oscilante, con fuerte daño previo sobre puestos formales. El contraste no es ideológico: es de resultados, escala y prioridades.
La discusión ya no es “relato contra relato”. Es tablero contra tablero. Brasil cerró 2024 con un dato contundente: 1.693.673 puestos formales creados (saldo CAGED), una cifra que consolida músculo productivo y dinamismo empresarial.
Además, el país registró una tasa anual de desocupación de 6,6%, la menor de su serie reciente (desde 2012), y mantuvo en 2025 registros mensuales todavía más bajos.
Y sobre ingresos, el propio IBGE informó récord de rendimiento medio real del trabajo en la serie histórica.
En síntesis: Brasil no resolvió todo, pero fijó una dirección clara: más empleo, más formalidad, más ingreso.
Ahora miremos Argentina, sin maquillaje. El informe oficial de Trabajo reconoce que hubo una fase contractiva previa muy profunda: entre septiembre de 2023 y julio de 2024 se perdieron 280 mil empleos asalariados privados formales en términos netos. Luego hubo una recomposición, sí, pero acotada: entre agosto y noviembre de 2024 se recuperaron alrededor de 19 mil puestos.
El mismo documento habla de crecimiento “moderado”, “oscilante” y con heterogeneidad sectorial.
Ese es el punto político de fondo: no alcanza con mostrar un mes mejor cuando el tejido productivo viene de una poda gruesa. Si la estrategia macro se apoya en licuar ingresos, enfriar consumo y esperar que “el mercado” derrame, la economía real tarda demasiado en reaccionar y el empleo de calidad no despega a la velocidad socialmente necesaria.
Comparar Brasil y Argentina no implica copiar mecánicamente modelos. Implica entender una verdad elemental de gestión pública:
cuando el empleo formal crece fuerte y sostenido, el salario deja de ser una promesa; cuando el empleo titubea, la estabilidad se vuelve privilegio.
Para 2027, la métrica que va a ordenar la política no será el discurso financiero sino esta:
- cuántos trabajos formales se crean por año,
- cuánto poder adquisitivo recupera el salario,
- y cuánta movilidad social real vuelve a existir.
Lo demás es ruido. Y el ruido no llena la heladera.
