Brasil se rinde ante la «ola Marina Silva» y se pregunta qué la puede detener

 Brasil se rinde ante la «ola Marina Silva» y se pregunta qué la puede detener

La carismática candidata del Partido Socialista Brasileño se adueñó de la agenda; el poco peso de su agrupación, su mayor obstáculo

Por   | LA NACION

RÍO DE JANEIRO.- «¿Marina presidente?», «¿Hasta dónde ella va?», «¿Quién descifra a Marina?», se preguntan esta semana las principales revistas brasileñas que colocaron a la ecologista Marina Silva en sus tapas.

Todo el país parece hoy sacudido por la «ola Marina», que se adueñó no sólo de la agenda política, sino también del debate en los medios, las discusiones en las juntas financieras, las charlas de oficina, en el supermercado, a la salida de la clase de yoga o en el «churrasco» familiar del fin de semana.

Tras asumir la candidatura presidencial del Partido Socialista Brasileño (PSB) hace dos semanas, como consecuencia de la muerte en un accidente aéreo de su compañero de fórmula, el ex gobernador de Pernambuco Eduardo Campos, Silva, de 56 años, sorprendió al país con su vertiginoso ascenso en las encuestas.

Los últimos sondeos la ubican empatada con Dilma Rousseff para los comicios del 5 de octubre y prevén que derrotaría con holgura a la mandataria del Partido de los Trabajadores (PT) en un eventual ballottage, el 26 de octubre. Todavía shockeados por el súbito cambio en el panorama político, los analistas empezaron ya a individualizar cuáles son los desafíos que tiene por delante Marina Silva en su camino hacia el Palacio del Planalto.

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«Hasta ahora Marina se vio beneficiada por la coyuntura: la trágica muerte de Campos, la emoción del funeral, el apuro del PSB por llenar su candidatura presidencial, el primer debate televisivo, las entrevistas por ser la novedad. Pero para el resto de la campaña enfrenta dos grandes obstáculos atados al pequeño peso de su partido: el poco tiempo dentro del horario electoral gratuito en TV y radios debido a la baja representación que tiene en el Congreso, y la falta de una amplia estructura en todo el país para apuntalar su candidatura», advirtió el politólogo Ricardo Ismael, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro.

Al principio un poco abrumados por la inesperada irrupción de Silva, el PT, de Rousseff, y el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), del senador Aécio Neves, tardaron en reaccionar y evitaron criticar a su rival. Eso ya se modificó; ni siquiera el discurso sobre la «nueva política» de Silva -que ya fue candidata presidencial por el Partido Verde en 2010, cuando alcanzó el 20% de los votos- se libra de los ataques de los candidatos de los dos partidos tradicionales.

Comandados por el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva -de quien Silva fue ministra de Medio Ambiente en su primer gobierno-, los estrategas del PT llamaron a movilizar a todos los ministros y aliados para «defender el proyecto político»; reforzaron los actos en los más diversos puntos del país, e idearon un plan para intensificar sus embates en Internet y en las redes sociales, «territorio» natural de Silva, quien entre sus seguidores tiene muchos jóvenes desencantados de la política que participaron de las masivas manifestaciones callejeras del año pasado.

Dilma no dudó en calificar de «oscurantista y retrógrada» la postura de la ambientalista de buscar una menor dependencia de las riquezas petroleras de Brasil -sobre todo de los enormes yacimientos en la capa submarina del pre-sal- para enfocarse en el desarrollo de fuentes de energía renovables. Lula, por su parte, condenó a quien hace «apología de la no política», y resaltó que no es posible gobernar Brasil por fuera de la política.

Asustado por la disminución de donaciones para financiar la candidatura de Neves, que hasta hace unas semanas estaba en segundo lugar en las encuestas de opinión, el PSDB subió el tono de sus críticas a Silva acusándola de «principiante». Además se replanteó su campaña televisiva para dejar en evidencia las contradicciones y fragilidades de Marina, y se puso como plazo límite el 15 de septiembre para recuperar el espacio perdido.

Así, los socialdemócratas resaltaron que muchas de las ideas económicas que ahora defiende Silva -como el equilibrio fiscal, el tipo de cambio fluctuante y las metas para controlar la inflación- son propias del PSDB, impulsadas durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Apuntaron que mientras el compañero de fórmula de Silva, el diputado Beto Albuquerque, está a favor del agronegocio, ella siempre buscó controlarlo para proteger el medio ambiente.

Tanto el PT como el PSDB alientan los cuestionamientos sobre el avión privado en el que murió Campos, que también fue utilizado por Silva, y que nunca había sido registrado como parte de la campaña, supuestamente adquirido por testaferros del desaparecido gobernador; ya hay una investigación formal sobre el asunto

Ya menos abiertamente, las campañas petista y tucana destacan las contradicciones entre las posiciones personales de Silva, una férrea evangélica, y las de su partido en torno a temas como el casamiento entre homosexuales, el aborto, la legalización de la marihuana y la investigación con células madre.

Le corresponderá a Silva aprovechar que ahora está bajo los reflectores de todo Brasil para aclarar bien sus posturas y asegurar que su «fenómeno» se convierta en respaldos concretos en las urnas..

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