Estados Unidos pidió orden, no elecciones. Donald Trump dejó a Javier Milei fuera del tablero y negoció directamente con el poder real que quedó en Caracas, el chavismo de segunda línea. El pueblo venezolano no fue consultado. No hubo épica democrática ni transición liberal: hubo imposición, pragmatismo y control. El nuevo orden mundial ya no simula.
Las afirmaciones de Trump de que "Cuba está por caer" y que "EEUU domina" no son solo análisis, son la hoja de ruta de una política exterior que ve la debilidad ajena como una invitación a la conquista, con riesgos incalculables.
Un editorial analiza la captura de Maduro no como muestra de fuerza, sino como síntoma de desesperación estratégica de EEUU frente al ascenso de China, según el análisis de John Mearsheimer.
Venezuela no fue un episodio: fue un mensaje operativo. Si la economía global ya no cotiza en función de datos sino de una sola voluntad política, entonces el paradigma cambió: la democracia se vuelve relativa, la soberanía se vuelve condicionada y el derecho internacional se vuelve decorado. Regresa la era del hegemón… y el costo lo paga la periferia.
El siglo XXI no nos encontró “unidos o dominados”: nos encontró fragmentados, endeudados y administrados. Venezuela fue el aviso global; Argentina es el caso testigo regional. Cuando la soberanía se entrega por cuotas —deuda, bases, inteligencia, energía, comercio— ya no hace falta invadir: alcanza con ordenar desde el centro y ejecutar en la periferia.
Venezuela no fue un episodio: fue un quiebre. La democracia liberal entra en su zona más frágil: elecciones y soberanía subordinadas a la fuerza, los recursos y la “estabilidad”. La pregunta ya no es qué es justo, sino qué conviene. Y eso cambia todo.
El orden internacional se evaporó. Tres imperios avanzan por zonas de influencia y la soberanía quedó en suspenso. América Latina, Ucrania y Taiwán ya no son conflictos aislados: son el mismo tablero. El mundo entró en la era del poder sin reglas.
Estados Unidos no “intervino”: regresó como hegemón. Venezuela se convirtió en el escenario donde Washington reactivó el manual del siglo XX: petróleo, bloqueo y control político para disciplinar el tablero global. El mensaje es uno: si el dólar tiembla, la Doctrina Monroe vuelve a caminar.
La Doctrina Trump desnuda el retorno del imperio al “patio trasero”. Venezuela es la bóveda, la democracia el telón y el objetivo, evitar el colapso del centro. ¿Hubo consentimiento de China y Rusia para rescatar a EE.UU.? El relato oficial no alcanza para explicarlo.