China y el futuro del orden global: De cortinas y telones

 China y el futuro del orden global: De cortinas y telones

“… Desde Stettin en el Báltico hasta Trieste en el Adriático ha descendido un ‘Telón de Acero´ en todo el continente. Detrás de esa línea se encuentran todas las capitales de los antiguos estados de Europa Central y Oriental …“ (Discurso de Winston Churchill, “Sinews of Peace”, Westminster College, marzo 5 de 1946).

Las evocaciones sobre la Guerra fría, aunque no del todo aplicables a la actual competencia China-Estados Unidos, sirven para analizar escenarios del presente y posibles futuras derivaciones.

Entre las múltiples ominosos rasgos de la Guerra Fría contamos, por ejemplo, la construcción del Muro de Berlín, partición que cristalizó la visión del Premier británico. En su aspecto simbólico, esa muralla expresaba las profundas creencias soviéticas sobre la imposibilidad de conectar mundos dicotómicos.

A este telón, se sumaría luego del triunfo de la revolucionaria China en 1949, el concepto de “telón de bambú”, empleado para describir la adscripción de la nación más poblada del planeta al conjunto de actores estatales antagonistas de Occidente.

Mientras este juego era librado de manera explícita en el escenario global, en el proscenio la competencia tecnológica militar y espacial, era el campo preferido para demostrar la superioridad ideológica- simbólica de antagónicos sistemas políticos.

El “telón de bambú” se rompió primero y, corrido el velo, surgió una China lanzada hacia el más competitivo capitalismo del que supo disfrutar hasta mediados del siglo XIX cuando su cultura mercantil reinaba dentro y fuera del Celeste Imperio (Giovanni Arrighi, Adam Smith en Pekin. Orígenes y fundamentos del siglo XXI).

A los pocos años, la caída del Muro expuso crudamente las carencias de una atrasada economía socialista y el preludio de la “mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” (Vladimir Putin dixit). Hoy como ayer, nuevamente la competencia sino-estadounidense opera sobre similares patrones competitivos y la tecnología juega un papel central en la lucha por la supremacía, pero sus componentes centrales son cualitativamente diferentes. El byte reemplaza al brick.

Como resultado, las cortinas ya no son de metal, livianas maderas o tierras duras, sino “cyber cortinas” (bytes courtain). Estas no son concebidas para frenar el avance de infantería y blindados, sino para penetrar los “nano intersticios neuronales” de individuos y sociedades. La cloud es etérea, fluida, líquida; el ladrillo era más simple y previsible.

Sobre estas presunciones, las sanciones impuestas a firmas tecnológicas chinas por parte de los Estados Unidos, actualizan la concepción de la antigua Big Wall; una “cortina de bytes” emerge a instancias de una estrategia sobre denegación de acceso a redes y telecomunicaciones en el mercado estadounidense.

Las justificaciones son multivariadas: seguridad nacional (China Strategy, mayo 2020), espionaje industrial, robo de patentes, conspiración, fraude electrónico y/o bancario, crimen organizado, garantías sobre privacidad, o la implementación por parte de China del Proyecto Dorado (Gran cortafuegos) que somete a censura interna a los ciudadanos.

También, que todas las empresas high tech chinas muestran una alta participación estatal y, por ley, en sus directorios deben sentar a miembro del PCCh quien puede controlar los movimientos de la compañía y disponer de sus datos, incluso los de sus clientes.

La prohibición de exportación de insumos como chips y software destinados a Huawei y la orden ejecutiva firmada por el presidente Trump, que prohíbe “cualquier” transacción con la empresa TikTok son otras pruebas de implementación de la cyber cortina. De idéntica forma, el presidente Xi Jinping ha hecho de la misma, el corazón de una estrategia de preservación del poder interno y ganancia de influencia externa.

En múltiples ocasiones ha reclamado a líderes de firmas tecnológicas (Huawei, ZTE, Alibaba, Wechat, Xiaomi, Tencent, etc) para que alineen objetivos corporativos con “las necesidades del Estado”; claramente expresó, las firmas tienen “patria”. Otras medidas, intentan frenar y/o denegar el acceso al mercado interno de firmas como Google o Facebook.

Durante los últimos veinte años, los clones autóctonos de webs y plataformas nacidas en Occidente han ido ganando adeptos superando, incluso, a sus competidoras occidentales; algunas como Facebook, intentan emular el éxito chino; algo que Marc Zuckerberg, aún casado con una ciudadana china, no ha logrado todavía.

La “cortina de bytes” apunta a crear “esferas de digitales de influencia”, por tal motivo introduce dilemas y desafíos para todas las naciones; una dubitativa Europa (salvo el Reino Unido) evalúa adoptar redes 5G gestionadas por Huawei, Australia adoptó una posición que –pese a la intensa relación económica con China- responde a sus históricas alianzas atlantistas. En esta competencia, Africa y América Latina son espacios prioritarios de negocios para las firmas tecnológicas chinas. Para nuestros países ¿habrá margen para una “tercera posición” o, simplemente se nos permitirá la mejor gestión de la imposición tecnológica?

Sergio Cesarin es Profesor de Relaciones Internacionales (UNTREF) e investigador del CONICET. Fuente: Clarín

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