Con una actualización del 35% por kilo de tabaco Virginia, muy por debajo del 70% solicitado por los productores, la fijación de precio para la campaña 2024/2025 terminó dejando un sabor amargo y el panorama económico más incierto que nunca para el sector tabacalero de Jujuy. Sin embargo, en medio de un escenario adverso marcado por presiones industriales y una actitud política desdibujada por parte del Estado provincial, se destacó un actor que no se movió un centímetro del lado de los productores: la Cámara del Tabaco de Jujuy.
Desde el primer momento hasta la rúbrica final, la Cámara se mantuvo firme, técnica y políticamente sólida. No cedió a presiones ni fue funcional a un cierre a la baja. Con claridad y convicción, defendió la necesidad de una recomposición del 70%, basada en los aumentos de costos productivos, la inflación interanual y el escenario macroeconómico recesivo. Fue la única voz que se plantó frente al poder real de la industria tabacalera —liderada por Philip Morris— y frente a las vacilaciones del Gobierno provincial, que no cumplió el rol activo que el momento exigía.
La decisión de la Cooperativa de Tabacaleros de Jujuy de acompañar el cierre con una cifra notoriamente insuficiente terminó de debilitar la estrategia conjunta, fracturando una posición negociadora que, de haberse sostenido unificada, podría haber logrado un precio más justo. A pesar de eso, la Cámara no bajó los brazos y sigue siendo el único canal legítimo de defensa de los intereses tabacaleros en la provincia.
La hipótesis que comienza a instalarse con fuerza entre los productores y sus representantes es clara: si el gobierno provincial realmente quiere sostener la actividad tabacalera, deberá asumir un rol protagónico y activo. Eso implica, entre otras cosas, una reducción urgente de la presión fiscal sobre la producción primaria. En un contexto donde el precio no alcanza para cubrir los costos operativos, resulta inviable seguir exigiendo el mismo esfuerzo impositivo a un sector que hoy apenas puede garantizar su subsistencia.
Los productores entran así a la campaña con los cinturones más ajustados que nunca, y con el peso de saber que deberán apelar nuevamente a su resiliencia. Pero también con la certeza de que tienen una institución madre que no especula ni entrega: la Cámara del Tabaco, ese ente señero que históricamente ha sostenido con dignidad la bandera de la producción. Hoy más que nunca, el rumbo de la actividad estará marcado por su accionar: en la gestión de recursos, en el reclamo ante el Estado, en el acompañamiento a cada familia que decide seguir apostando por el tabaco.
Mientras la industria sigue voraz, el Estado se muestra tibio y las cooperativas titubean, la Cámara del Tabaco se alza como la estructura que da sentido de continuidad a un modelo productivo esencial para Jujuy. Esta campaña arranca golpeada, sí, pero no vencida. Queda claro que la esperanza está concentrada en una dirigencia que no claudicó ni frente al poder económico ni frente a la indiferencia política.