Confiado por Cuba, Obama busca cambiar la imagen de su presidencia

 Confiado por Cuba, Obama busca cambiar la imagen de su presidencia

En su última conferencia del año, alardeó de haber convertido 2014 en «un año de quiebre» para EE.UU., especialmente por el acuerdo con China y La Habana

Por   | Para LA NACION

EVA YORK.- Hace menos de dos meses, Barack Obama parecía habertocado fondo. Su popularidad se derrumbaba, los republicanos se apropiaban del Congreso y la Casa Blanca veía esfumarse otro año, teñido por varias crisis y sin grandes logros.

Y entonces, en el epílogo, Obama jugó sus cartas.

«Dije que 2014 iba a ser un año de acción y un año de quiebre para Estados Unidos. Lo ha sido», sentenció el mandatario, ayer, en su tradicional conferencia de prensa de fin de año, al recordar una promesa que había hecho en 2013 y que ayer renovó.

Fue un final con tono de victoria y sabor a revancha. El sexto año de Obama en la Casa Blanca pintaba para el olvido: deslucido, paralizado por la intransigencia de los republicanos y ninguneado por los demócratas, que le pidieron silencio y prudencia antes de la paliza que sufrieron en la elección legislativa, lidió con la crisis de los niños migrantes, la amenaza de Estado Islámico, la invasión de Rusia a Crimea y la epidemia del ébola. Líderes latinos lo tildaron de «Deportador en Jefe».

Durante todo ese tiempo, la Casa Blanca gestó la seguidilla de anuncios, apretados en el último mes, que trastocaron el año y le dieron más color al legado de Obama: el acuerdo climático con China, el blindaje contra la deportación para cinco millones de inmigrantes indocumentados y el histórico acercamiento con Cuba.

Recostado en su decisión de gobernar «por decreto», distendido y seguro como pocas veces se lo había visto en el último tiempo, Obama eligió su último encuentro con la prensa para hacer un balance de presidencia y cerrar un año que, pese a los errores y los fracasos, consideró un éxito. Hizo bromas, les deseo felices fiestas a todos y se despidió en hawaiano, antes de partir a su isla natal, donde pasará la Navidad junto con su familia. Sólo tomó preguntas de mujeres, un gesto que no pasó inadvertido.

«Estoy energizado, estoy entusiasmado», lanzó en un momento, una frase impensada hace poco.

Obama defendió el acuerdo con Cuba, aunque dijo que compartía las preocupaciones de los disidentes cubanos y las organizaciones civiles por las violaciones de derechos humanos en la isla. Insistió en que el aislamiento había fracasado. Descartó que el Congreso vaya a levantar pronto el embargo, al reconocer que el acercamiento con el régimen de los Castro generaba rechazos y apoyos entre demócratas y republicanos y que los legisladores tenían que «digerir», primero, el cambio de política antes de impulsar más cambios. Además, anticipó que su país responderá al ataque cibernético de Corea del Norte a Sony (ver Pág. 9).

«El cambio llegará a Cuba. Tiene que hacerlo», afirmó.

Obama matizó su optimismo con una de sus muletillas favoritas: el cambio no llega de un día para el otro. Y desactivó una especulación que se escuchó estos días: anticipó que no viajará, por ahora, a La Habana, pero dijo que esperaba hacerlo.

«Soy un hombre joven. Imagino que en algún momento de mi vida voy a poder visitar Cuba», sostuvo.

De entrada, Obama se preocupó por recordar los éxitos económicos de su gestión, que este año quedaron relegados en medio del frenesí de noticias.

Estados Unidos, dijo, creó más empleos que el resto de las economías desarrolladas juntas -el desempleo cayó ya al 5,9%, el nivel más bajo desde julio de 2008-; el déficit fiscal disminuyó hasta ser más bajo que el promedio de los últimos 40 años; 10 millones de personas accedieron al seguro médico, y aumentó la producción industrial, la de petróleo y de gas natural.

«Elijan la medida que quieran, y el resurgimiento de Estados Unidos es real. Estamos mejor», afirmó.

Ya sin elecciones por delante y con la mente en su legado, Obama prometió volver a utilizar su firma si los republicanos, que dominarán el Congreso desde enero, mantienen la intransigencia que paralizó su agenda. Dijo que no iba a parar «ni un minuto» para mejorar la vida de los norteamericanos y desafió a la oposición a que apruebe leyes inmunes a su veto. De lo contrario, dejó en claro que firmará decretos.

«Voy a continuar haciendo lo que he estado haciendo», desafió. «Mi presidencia está ingresando en el último período. Pasan cosas interesantes en el último período y lo estoy esperando», había dicho antes.

Poco pareció importarle que, tras la derrota legislativa de noviembre, su aprobación cayó al 40%, el nivel más bajo desde que llegó a la Casa Blanca, según el seguimiento de la firma Gallup.

En contexto: salvo George W. Bush, ninguno de sus antecesores recientes tuvo tan poco respaldo por parte de los norteamericanos al finalizar su sexto de año de gobierno.

Ayer, nadie parecía prestarle atención a esa cifra, y un Obama sonriente inició sus vacaciones con la sensación de que, una vez más, lograba torcer la realidad y recuperar el centro del escenario..

Del editor: qué significa. El Obama de los últimos meses es el que más se parece al joven senador que, en 2008, cautivó a EE.UU. y al mundo con su mensaje de cambio.

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