Córdoba sube la mínima a $800.000 y deja a Jujuy en evidencia: cuando se gobierna, se decide

Córdoba sube la mínima a $800.000 y deja a Jujuy en evidencia: cuando se gobierna, se decide

Perico Noticias, 2 de febrero del 2026 // Mientras la Argentina jubilada cae en picada y el consumo se enfría en todo el país, Martín Llaryora tomó una decisión política concreta: elevar la jubilación mínima en Córdoba a $800.000. No resuelve la canasta familiar, pero recompone ingresos en un contexto de desastre previsional nacional. Es, además, un mensaje directo al gobierno de Javier Milei: la gente se está quedando sin trabajo. La comparación es inevitable: en Jujuy, el oficialismo observa la catástrofe desde la tribuna, con una frialdad que ya roza la indiferencia.

Hay provincias que gobiernan. Y provincias que administran la excusa. Córdoba tiene una particularidad que marca la diferencia: su Caja de Jubilaciones no es un discurso, es una herramienta real de soberanía fiscal y social. Paga a sus jubilados, sostiene un circuito económico interno y, cuando la coyuntura se pone oscura, mueve el tablero. Llaryora lo hizo: $800.000 de mínima es una decisión que no se esconde detrás de tecnicismos ni del “no hay plata” como mantra automático.

No es magia: es política pública con impacto

Seamos claros: $800.000 no alcanza para la canasta familiar, que está por encima de ese número. Pero en la Argentina real, donde gran parte de las jubilaciones están pulverizadas, el gesto cordobés tiene tres efectos inmediatos:

  1. Dignidad mínima: frena parte de la caída de ingresos en el sector más castigado.
  2. Derrame local: el jubilado no fuga capital; compra en el barrio. Ese dinero vuelve al comercio, a la farmacia, al almacén, al transporte.
  3. Señal política: un peronismo moderado que elige gestionar, no gritar.

En términos de economía regional, es una medida “pro mercado” en el sentido más básico: reactiva demanda cuando la demanda está helada.

Llaryora le habló a Milei con la única verdad que importa: el trabajo

El gobernador no solo actualiza la mínima. También le advierte al Presidente lo que cualquier intendente ve en la calle: la gente se está quedando sin trabajo. Ese es el punto neurálgico. Sin empleo, no hay futuro; sin futuro, no hay paz social. Córdoba, con esta decisión, se planta como provincia que no espera el permiso de la macro para sostener a su gente.

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¿Y Jujuy? Silencio, timidez y piloto automático

Ahora miremos Jujuy. Acá la política se ha vuelto una escena repetida: diagnósticos tardíos, anuncios que no se traducen en mesa familiar, y una administración que se justifica en la “herencia” o en el “contexto nacional” para no decidir. En Jujuy, en cambio, la señal fue en sentido inverso: hace apenas semanas se impulsó una ley de incentivos fiscales orientada a empresas que facturan más de $3.000 millones anuales, un esquema que, lejos de construir empleo, termina operando como privilegio. En la práctica, cuando a compañías de ese tamaño se les baja carga tributaria sin cláusulas duras de mantenimiento y creación neta de puestos de trabajo, lo que suele ocurrir es que aprovechan el “alivio” para reestructurarse, bajar costos y mejorar márgenes; y en un contexto de demanda fría, ese ajuste se traduce muchas veces en lo más rápido y doloroso: recortes laborales. Es decir, un incentivo que debía ser palanca productiva puede convertirse —si no está blindado con condiciones y control— en un acelerador de desempleo.

Mientras Córdoba envía una señal fuerte, en Jujuy se percibe frío institucional. Y ese frío no es neutral: se parece demasiado a la indiferencia.

  • ¿Dónde está la recomposición provincial para los sectores más castigados?
  • ¿Dónde está el plan anti-desempleo con herramientas duras y medibles?
  • ¿Dónde está el shock de consumo local para sostener a comercios y pymes?
  • ¿Dónde está la prioridad política real por la gente y no por la rosca?

La diferencia no es de recursos solamente. Es de voluntad de gestión. De entender que el Estado no es un decorado: es un instrumento para sostener comunidad cuando el mercado se enfría y la pobreza avanza.

Córdoba muestra el camino: decisión, caja, demanda y dignidad

Llaryora no inventó la pólvora. Hizo lo que un gobernante debe hacer: usar las herramientas disponibles para amortiguar el golpe. Con esa jugada, Córdoba oxigena su economía interna y le habla al país desde un lugar que hoy escasea: el de la política con resultados.

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Jujuy, en cambio, no puede seguir jugando al espectador. Porque cuando una provincia mira para otro lado mientras su gente se cae, la historia lo registra con una sola palabra: abandono.

Y en 2027, la sociedad no va a votar discursos: va a votar quién estuvo cuando la gente se quedó sin trabajo y sin ingresos.

¿Desde que asumió Javier Milei, ¿tu situación económica personal?

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