Cristina podría arrastrar a Massa y a Alberto Fernandez

 Cristina podría arrastrar a Massa y a Alberto Fernandez

El paso de la ex presidenta por la Justicia para declarar en la causa en la que se la investiga por corrupción en el reparto de la obra pública.

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La puñalada pasó algo inadvertida porque el tránsito de Cristina el lunes por Tribunales lo tuvo todo. Pero sus palabras quedaron soplando en el viento, ahora que Bob Dylan es Premio Nobel. “Si el Poder Legislativo no asigna los recursos las obras no se pueden hacer. Y es el Poder Legislativo el que decide dónde se hacen las obras. Y, si esto fuera poco, desde 1994 son los Jefes de Gabinete los que administran y ejecutan el presupuesto”, explicó la ex Presidenta en el escrito que dejó en Comodoro Py. Es que prefirió no responder las preguntas ante el juez sobre la conexión sospechosa entre las obras públicas, su ex amigo Lázaro Báez y corrupción. Pero la definición “Jefes de Gabinete” tenía dos destinatarios especiales que pasaron por el kirchnerismo y terminaron enfrentándola: Alberto Fernández y Sergio Massa.

La maniobra no es inocente y apunta a tratar de complicar la situación de esos dos dirigentes, como también busca complicar al resto de los empresarios contratistas de la obra pública. Empezando por el primo de Mauricio Macri, Angelo Calcaterra, y extendiendo la mancha negra a directivos de Techint, Roggio y hasta de la compañía brasileña Odebretch, hoy bajo la tormenta de las investigaciones por coimas que mantienen en crisis a Brasil. La estrategia es simple y tan vieja como la política. Si no se tienen buenos argumentos contra las acusaciones por corrupción, al menos hay que intentar arrastrar al lodo a los adversarios.

La estrategia tenía nombre y apellido. Uno de los acompañantes de Cristina a su primera declaración como sospechosa de corrupción fue el ex juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni. Polémico y a años luz del prestigio académico que alguna vez tuvo, el constitucionalista fue la voz cantante del desparramo cristinista. “¿Lázaro Báez fue el único beneficiado?, ¿Y quién es el responsable de la obra pública en Santa Cruz?, ¿el gobernador?, ¿hay algún gobernador citado?, Quién maneja el presupuesto de la obra pública?, ¿el jefe de Gabinete?, ¿y hay algún Jefe de Gabinete citado?”, disparó el abogado en las sombras de Cristina.

La mención a los jefes de gabinetes de Cristina como eventuales acusados de corrupción en torno a la obra pública provocó un terremoto en el peronismo. Es que la figura les cabe también a Aníbal Fernández, a Jorge Capitanich y a Juan Manuel Abal Medina, ya ocupados con la defensa personal en otras causas judiciales. Y todos ellos habían sido parte de una denuncia de Elisa Carrió, en el marco de la causa Grupo Austral, conexa de la acusación global del juez Julián Ercolini, quien terminó calificando al fraude K con la obra pública como un “plan sistemático” para robar. Un paralelismo (que enloquece al kirchnerismo) con aquel “plan sistemático” para la desaparición de personas que perpetró la última dictadura militar.

Pero el intento de involucrarlos en la sociedad de la obra pública parecen no preocupar demasiado ni a Alberto Fernández ni a Sergio Massa. “Ella quiere demostrar que no era quien asignaba los recursos de la obra pública y tiene razón”, explica Fernández, depositario de la furia de Cristina desde hace mucho tiempo. Coincide con la ex presidenta en que es el Parlamento y después son los gobernadores y los intendentes los responsables de cada obra, pero aclara que sólo el 1% excedente de ese presupuesto pasaba por las manos de los jefes de gabinete cuando les tocaba reasignar las partidas. Alberto es uno de los que se define como kirchneristas fundacionales y defiende con uñas y dientes la etapa nestorista del ciclo diferenciándola del cristinismo puro. La semana pasada estuvo en una mesa de ex ministros, donde se recordó la muerte de Kirchner hace seis años junto a Ginés González García, Jorge Taiana y Daniel Filmus, todos ex funcionarios que han quedado a salvo de la ola negra de la corrupción que arrasó la épica kirchnerista. Todavía se lamenta Fernández y lo explicó con sinceridad brutal cuando Nelson Castro le preguntó en TN si nunca se había dado cuenta de las maniobras de corrupción que rodeaban a Néstor y a Cristina: “Para mi todo esto fue un gran desconsuelo; un gran desencanto… Hubiera querido que nada de esto ocurriera porque muchos piensan que un Jefe de Gabinete es sabedor de todo. Y no es así”.

Massa hace tiempo que perdió la paciencia con Cristina. “Ella quiere generalizar para romper la acusación de la asociación ilícita”, es la explicación que le ha dado a sus colaboradores. Y también les ha dicho que no piensa responder a la provocación zaffaroniana. “Que me investiguen todo lo que quieran porque después de las causas que me armó el kirchnerismo nunca me pudieron encontrar nada ni lo van a encontrar”, es el desafío del dirigente que rompió con Cristina y luego la derrotó en las elecciones parlamentarias de 2013. Un impacto que anticipó el hundimiento K pero que no pudo completar dos años después, cuando fue Mauricio Macri el que aprovechó el agotamiento del modelo para llegar a la Casa Rosada.

Cada vez que se lo preguntan, Massa se jacta de no tener el inexplicable número de propiedades que tienen los Kirchner ni de figurar tampoco en las discretas sociedades en Panamá que tuvo que explicar Macri. Y exhibe dos datos como pruebas de su compromiso personal contra la corrupción: su alianza política con Margarita Stolbizer y el protagonismo en el Frente Renovador de Walter Martello, un dirigente que gozaba de la más estricta confianza de Elisa Carrió, que fue diputado por la Coalición Cívica, que investigaba los bolsones de corrupción en el peronismo bonaerense y que, en 2014, se pasó sorpresivamente a las filas del ma-ssismo. La política, como la astrología, es una pseudociencia cada día un poco más difícil de interpretar en la Argentina.

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