“Cuando se cae Ganancias, se caen las provincias: el día que Milei chocó con la realidad federal”

“Cuando se cae Ganancias, se caen las provincias: el día que Milei chocó con la realidad federal”

Perico Noticias, 10 de febrero del 2026 // El retiro del capítulo de Ganancias de la reforma laboral no fue una concesión táctica ni una derrota de bloque: fue una señal de alarma estructural. Con coparticipación en baja, cajas provinciales al límite y recaudación nacional en retroceso, la discusión dejó de ser ideológica para convertirse en una pregunta de supervivencia institucional: sin recursos, no hay federalismo posible.

La escena fue clara: el Gobierno nacional quiso avanzar con una reducción de Ganancias para empresas dentro del paquete laboral y los gobernadores se plantaron. ¿Por cálculo político? Sí. ¿Por instinto de preservación fiscal? También. Pero, sobre todo, por una verdad incómoda: en la Argentina actual, tocar Ganancias sin rediseñar todo el esquema de financiamiento subnacional es dinamitar el funcionamiento básico de las provincias.

Si la caída real de la coparticipación en enero rondó el 10% y la recaudación nacional sigue perdiendo tracción, cualquier recorte adicional sobre un impuesto coparticipable central empuja a los distritos a una cornisa operativa. En ese contexto, el eventual impacto de resignar alrededor de 1,5 billones de pesos no era un ajuste fino: era una poda de supervivencia sobre salarios, salud, educación, seguridad y obra pública mínima. Por eso hubo retroceso. No por moderación doctrinaria, sino por límite material.

Esta secuencia revela algo más profundo: la reforma tributaria y la reforma laboral no pueden discutirse por separado en un país federal quebrado. La Casa Rosada intentó impulsar competitividad por la vía de bajar costos tributarios empresariales, pero sin resolver antes la arquitectura del gasto y de la dependencia fiscal provincial. Resultado: se topó con la pared más dura de la política argentina, que no es el Senado; es la estructura territorial del Estado.

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Aquí aparece el nudo estratégico:

  • El Gobierno nacional necesita aliviar la presión impositiva para incentivar inversión.
  • Las provincias necesitan sostener ingresos para no entrar en cesación funcional.
  • Ambas cosas son ciertas, pero incompatibles sin una transición pactada y creíble.

Por eso este episodio no trata de “voluntad de senadores” ni de “traiciones partidarias”. Trata de una pregunta existencial: ¿queremos un país con provincias viables o un experimento unitario por agotamiento financiero?

La creación de riqueza, efectivamente, no vendrá de parches. Pero tampoco llegará de negar la restricción política del federalismo real. El camino exige rediseño integral: gasto público por resultados, nueva ley de coparticipación efectiva, incentivos a exportación neta regional, simplificación tributaria gradual con compensación transitoria, y productividad sistémica (logística, energía, crédito, tecnología). Sin ese paquete, toda baja de impuestos será fiscalmente inviable, y toda defensa de recursos será económicamente estéril.

Milei retrocedió en Ganancias porque los gobernadores marcaron un límite. Ese límite tiene nombre: estructura. Y mientras Nación y provincias no encuentren una salida coordinada, Argentina seguirá atrapada en el mismo ciclo: reformas ambiciosas, cajas vacías, marcha atrás.

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