Cuentos de duendes

Tan descolocados dejó a los alquimistas de la Casa Gris la publicación de las últimas encuestas que no tuvieron más remedio que mandar a dibujar un sondeo de opinión a la consultora CIEPC -que rima con INDEC- encuestadora regularmente contratada por el Gobierno, hecho que echa por tierra cualquier atisbo de credibilidad que pueda llegar a tener el artilugio de marketing que busca contrarestar a las consultoras que vienen haciendo un trabajo serio.
Sabido es que el resultado de las encuestas casi siempre depende de quién la encarga.  Y así tenemos que empiezan a aparecer «estudios» que arriban a conculusiones antojadizas y simplistas, basadas en el marketing y no en los estudios de opinión pública, dos ámbitos distintos del conocimiento social.
Claro que los opinadores a sueldo insistirán en que estas encuestas son fotografías de la realidad, pero en realidad no son pocos los que se terminan dando cuenta el día de las elecciones que estas fotografías fueron tomadas fuera de foco.
¿Por qué se autoengañaría un político al contratar una encuesta a medida? ¿No va eso en contra del sentido común?  La realidad indica que cuando cunde la desesperación ante la imposibilidad de torcer la tendencia de la balanza, no faltan quienes creen que se puede tratar de influir en el electorado mediante este tipo de operaciones mediáticas, con el objetivo de modificar las preferencias electorales.
Este tipo de trabajos no son encuestas sino que se conocen en el mundillo de alquimistas políticos como «push polls».  Se trata de propaganda, diseñada con un formato similar al de una encuesta.  Su formato se confunde con una encuesta real, pero no puden considerarse como tal, pues carecen de método científico y presentan información -más bien desinformación- tendenciosa. Utiliza el formato de las encuestas reales para generar confianza, pero en realidad se trata de propaganda electoral.
Podría reconocerse una push poll cuando las preguntas son sesgadas.  Es decir, cuando se hacen preguntas sobre un solo candidato y se mencionan sólo sus logros o sus puntos débiles. También suelen ser cuestionarios en los que se ofrece al encuestado información específica sobre un determinado partido político o candidato, pues, efectivamente, su función es informar y a través de ello alentar el voto por un determinado candidato o desprestigiarlo.
Las push polls no son estudios, pues representan un mal uso del método científico”. Este tipo de estrategias propagandísticas sólo pretenden que se modifique la intención del voto.
Estas estrategias electoralistas sólo son efectivas en tres de cada 10 votantes, pues son ellos quienes toman la decisión de voto durante la campaña electoral; dos de cada 10 eligen a su candidato durante la última semana; y uno de cada 10 lo hace hasta el momento de encontrarse frente a la boleta el día de la elección. El resto de los votantes ya tiene una decisión tomada antes de que inicien las campañas electorales.  Es justamente sobre los indecisos sobre los que se busca incidir.
Con esto en mente y teniendo en cuenta la coincidencia de los estudios privados que se han publicando, estamos en condiciones de afirmar la seriedad de los estudios que se han venido publicando, pues fueron encuestas realizadas con diferentes métodos, sin introducir el aditamento de tendenciosidad presentando a los encuestados con información y cuestionarios sesgados.  Y si bien no hay una coincidencia exacta sobre los porcentajes, si la hay en cuanto a los posicionamientos de los candidatos.
Otro punto a tener en cuenta es la metodología y el tamaño de la muestra.  Cuanto más grande el tamaño de muestra, menor será el margen de error. Hay personas que no se preocupan por ella y realizan encuestas con un tamaño de muestra ridículamente pequeño. El margen de error se vuelve tan grande que los datos pueden parecer científicos, pero prácticamente carecen de validez estadística.  Y esto es lo que sucede cuando la muestra tiene menos de 800 encuestados.
Una encuesta de menos de 800 casos solo puede hacerse en un pueblito.  Ahora suponer que una encuesta de solo 700 casos pueda arrojar estadísticas reales de toda una provincia, es sencillamente no conocer como funcionan las encuestas y las estadísticas, o sencillamente se compra humo.
Las encuestas para autoengañarse no sirven.  Una encuesta debe servir antes que nada como base para todas las decisiones estratégicas y para obtener una lectura objetiva sobre las posibilidades reales de ganar la elección. A menudo, los políticos están rodeados de personas que los convencen de presentarse a elecciones, básicamente porque ganan dinero si el candidato corre. Antes de aventurarse en una elección arriesgada, es muy importante realizar un estudio objetivo de factibilidad y una encuesta de base. Podría llegar a ser una inversión que a la larga ahorre un montón de dinero.
Compartí:

Noticias Relacionadas

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

11 − siete =