Perico Noticias, 7 de enero del 2026 // Jujuy fue declarada por ley “Capital Nacional de la Minería” hace décadas, y nadie discute que el sector volvió a ganar centralidad en la matriz exportadora provincial. Pero lo que sí está en debate —y con razón— es qué modelo de provincia se está consolidando: una donde la “motosierra” cae sobre salarios, servicios y hogares, mientras el poder político jerarquiza la actividad más sensible del esquema productivo: el extractivismo.
El Gobierno provincial decidió elevar la Secretaría al rango de Ministerio y designar a José Gómez como nuevo ministro, con un argumento repetido en la liturgia oficial: “no implica mayor burocracia” y busca jerarquizar un área que “representa el 10% del Producto Bruto Geográfico”. En términos políticos, el mensaje es inequívoco: cuando hay negocio grande, hay jerarquía; cuando hay vida cotidiana golpeada, hay paciencia… y silencio.

Ahora bien: si se crea un ministerio para “gestionar riqueza”, lo mínimo exigible es que esa riqueza tenga derrame real. Porque la discusión no es solo si la minería crece: la discusión es si la provincia captura valor o si apenas administra permisos mientras el territorio asume costos. En Jujuy las regalías mineras están normadas bajo el esquema del 0,3% sobre el valor “boca mina” (una base de cálculo discutida porque suele ser menor que el valor final exportado). Y, además, existen beneficios e incentivos que pueden reducir la carga efectiva en algunos casos (por ejemplo, vinculados a compromisos de industrialización), lo que alimenta la percepción social de que “pagan poco” en relación al tamaño del negocio.
Ahí aparece la grieta moral: el monotributista, el cuentapropista, el pequeño comerciante sienten que aportan proporcionalmente más que los jugadores grandes. No porque tengan una planilla impositiva perfecta en la cabeza, sino porque viven el Estado como presión diaria: tasas, impuestos, costos fijos, tarifas, caída del consumo. Mientras tanto, el “modelo minería” se presenta como modernización, pero muchas veces se traduce en asimetría: los dólares se celebran en la cúpula, y el cansancio se reparte abajo.
La creación del Ministerio de Minería puede ser estratégica solo si viene con un contrato político nuevo: más transparencia, más control y más captura de renta para infraestructura social. Si no, es maquillaje institucional. De hecho, el propio discurso oficial habla de “transparencia, control y modernización” como objetivos de la nueva cartera. Perfecto: entonces que arranque por lo básico y medible—publicación clara de aportes, regalías efectivas, monitoreos ambientales, compras locales reales, empleo registrado real, y un plan de inversión territorial que se vea en hospitales, escuelas, agua, vivienda y caminos.
Porque si la política decide expandir el organigrama para la minería, no puede hacerlo con la misma lógica vieja: extractivismo fuerte, Estado social débil. Ese modelo no genera desarrollo: genera dependencia. Y Jujuy hoy necesita algo que parece escaso en toda la dirigencia (oficialismo y oposición): creatividad productiva con empatía social. Sin esa combinación, la minería no será “la palanca del futuro”, será apenas el negocio del presente para una casta que se blinda, se recicla y se vuelve casi imposible de perforar.
