Davos, Milei y la “moral” como escudo: cuando la libertad se vuelve coartada del poder

Davos, Milei y la “moral” como escudo: cuando la libertad se vuelve coartada del poder

Perico Noticias, 21 de enero del 2026 // En el Davos de hoy, el eje real no fue la inflación ni la IA: fue el retorno explícito del expansionismo. Estados Unidos, con Trump, puso a Groenlandia y el Ártico en la mesa y presionó a Europa con un mensaje sin maquillaje: “negociaciones inmediatas” para adquirir el territorio y advertencias a la OTAN.
En ese contexto, el discurso de Javier Milei se leyó menos como una exposición económica y más como una pieza ideológica funcional: una defensa del capitalismo “moralmente superior” que, en la práctica, termina sirviendo para justificar la nueva política de fuerza del hegemón al que Milei decide alinearse.

Milei abrió con una consigna cargada de intención: “Maquiavelo ha muerto”. Y desde ahí construyó su núcleo argumental: que no existe dilema entre eficiencia y ética; que el capitalismo de libre empresa no solo es productivo sino el único sistema “justo”.
No fue un discurso técnico: fue un discurso de fundamentación moral. Habló de derecho natural, propiedad privada y el principio de no agresión (sin coacción, sin amenaza de fuerza), y puso esa arquitectura ética como base de su programa.

Ahí aparece la primera tensión que PericoNoticias no puede pasar por alto: mientras Milei predica el principio de no agresión como pilar de la libertad, el Davos real estuvo atravesado por una potencia que discute territorios con lógica de “seguridad” y “control estratégico”.
En términos políticos, la “moral” que Milei reivindica funciona como un barniz perfecto: ordena el relato para que la agenda de poder de Estados Unidos no parezca expansionismo, sino “defensa de Occidente”.

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Qué se puede rescatar, sin comprar el paquete completo

  1. Coherencia doctrinaria: Milei fue consistente con su matriz liberal-libertaria: mercados, propiedad privada, crítica al socialismo y apelación a valores.
  2. Mensaje pro-inversión: insistió en que la defensa del capitalismo debe ser ética, no utilitaria, buscando atraer respaldo empresario y legitimidad internacional para su rumbo económico.
  3. Señal geopolítica: ratificó alineamiento con Estados Unidos en un foro donde ese alineamiento hoy tiene costo y consecuencias.
  4. Narrativa de resultados: enumeró logros de gestión (déficit, inflación, riesgo país, pobreza) como prueba de su modelo.

Milei no fue a Davos a discutir la tensión central del día —el mundo que vuelve a disputarse a empujones—. Fue a ofrecer una cobertura ideológica: un relato donde la libertad se vuelve “moral”, y lo “moral” se vuelve comodín. Porque cuando el hegemón pisa fuerte por territorio y recursos, el discurso moralista de libre empresa puede operar como coartada elegante: se habla de ética mientras se tolera la coerción; se condena el estatismo periférico mientras se aplaude el músculo estatal del centro.

Dicho sin vueltas: el Milei de Davos se posicionó como proveedor de legitimidad para el capitalismo del poder duro. Y el problema no es defender mercados: el problema es defenderlos selectivamente, mirando para otro lado cuando el actor que se protege con ese relato despliega presión territorial y condiciona alianzas.

Para Jujuy —y para el NOA— esta discusión no es de salón. Cuando el mundo entra en fase de “zonas de influencia”, los territorios ricos en recursos pasan a ser tableros. Y si Argentina se presenta sin autonomía estratégica, con discurso prestado y dependencia narrativa, corre el riesgo de quedar reducida a eso: un inventario, no un proyecto.

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