Del aquel 13S a éste 270: Cristina cuesta abajo

 Del aquel 13S a éste 270: Cristina cuesta abajo

El error de análisis del kirchnerismo fue notable: comparó liderazgo contra liderazgo sin entender que se jugaba una elección legislativa y que la intención de no votar al Frente para la Victoria se canalizaría hacia una fuerza o persona.

por CLAUDIO M. CHIARUTTINI
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). La durísima derrota que sufrió el kirchnerismo en las urnas este domingo se comenzó a construir el 13/09/2012, cuando miles de personas citadas por las redes sociales mostraron su enojo, cuando no su desprecio, hacia el Gobierno de Cristina Fernández, viuda de Kirchner.
La valentía y arrojo de miles de porteños (donde la movilización tuvo su mayor despliegue e impacto, aunque ocurrieron demostraciones notables en Córdoba, Rosario y Mendoza) comenzó a poner en duda el poder que tanto sostenía tener la Casa Rosada luego de obtener  54% de los votos en 2011.
Hoy no importa si ese grupo de impulsores del mundo virtual fueron el exponente de un masivo grupo de argentinos cansados del “estilo K”, del bastardeo de las instituciones republicanas, del hastío por el abuso de poder o, simplemente, porque se les había prohibido ahorrar y comprar dólares. Fueron el catalizador de un fenómeno social que terminó de definirse en las urnas.
En las primeras 3 grandes movilizaciones, la Casa Rosada puso énfasis en aclarar que ningún partido de la oposición había capitalizado el descontento y que no surgía ningún nuevo liderazgo que pudiera reemplazar a Cristina Fernández.
Hoy queda en claro que no hubo un solo liderazgo que surgiera. Aparecieron varios. En la Provincia de Buenos Aires se corporizó en Sergio Massa. En la capital federal, en el PRO y el UNEN (en las PASO, en Elisa Carrió; este domingo, en Fernando “Pino” Solanas). En Mendoza se llamó Julio Cleto Cobos. Hermes Binner en Santa Fe. Juan Carlos Schiaretti en Córdoba. Alfredo de Angelis en Entre Ríos. Mario das Neves en Chubut. Eduardo Costa en Santa Cruz.
El error de análisis del kirchnerismo fue notable: comparó liderazgo contra liderazgo sin entender que se jugaba una elección legislativa y que la intención de no votar al Frente para la Victoria se canalizaría hacia una fuerza o persona.
Es cierto que estos liderazgos opositores locales deberán saber aliarse, lanzarse, construirse para poder conformar una, dos o tres colectivos del que surjan fórmulas poderosas para enfrentar al kirchnerismo en 2015. Eso siempre y cuando la pelea no quede encerrada dentro del peronismo, como anticipa la puja entre Daniel Scioli y Sergio Massa.
El gobernador de Buenos Aires no pudo evitar que el intendente de Tigre sumara más votos que en las PASO. Sergio Massa deberá demostrar que tiene el poder de conseguir que apoyen su poder personal un hato de gobernadores sedientos de espacios de poder. Uno construirá desde la derrota, otro desde el triunfo. Pero uno desde una posición de privilegio, otro desde un eslabón menor de la cadena de poder peronista.
El problema es de tiempo. Así, como la Casa Rosada minimizó aquellas masivas movilizaciones y minimiza la derrota de este domingo, los endebles cimientos del kirchnerismo han sido horadados lo suficiente para echar por tierra los sueños de reforma constitucional y tercer mandato de Cristina Fernández. 
Sin embargo, eso no implica que el cristinismo ortodoxo, o la propia Presidente de la Nación, no intenten llevar a la práctica ambas fantasías políticas. Si lo hacen, será por un intento de mostrar fortaleza político (como cuando Carlos Saúl Menem insistía en la re-re) o pata ver si aprovecha la atomización que aún muestra la oposición.
Las dudas sobre el regreso a la Casa Rosada de Cristina Fernández, la ausencia de un heredero, las crecientes internas en el seno del Frente para la Victoria y los problemas económicos y fiscales que se acumulan harán más patéticos los intentos de eternización del cristinismo y el kirchnerismo.
Con el peronismo intentando recuperar su independencia, al oficialismo se le hará difícil como remar en dulce de leche sobrevivir, y más intentar perpetuarse.
Quizás, con el pasar de los días, la lectura atenta de lo que dicen las urnas desalienten sueños desorbitados de los habitantes de la Casa Rosada y la Quinta de Olivos. Pero el futuro, recién ha comenzado a delinearse en el horizonte.
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