Perico Noticias, 17 de enero del 2026 // Hay una trampa discursiva que está haciendo daño: presentar el pluriempleo como “cultura del esfuerzo”. En el papel suena épico; en la calle jujeña se siente como resignación organizada. Cuando con un solo sueldo no alcanza, el segundo trabajo no es ambición: es salvavidas. Y si el salvavidas se vuelve rutina, lo que cambia no es la economía: cambia la vida.
Jujuy lo vive con una marca propia. No es Silicon Valley: es provincia de servicios, comercios chicos, changas, informalidad y horarios partidos. El “microemprendimiento” muchas veces no es empresa: es parche. Se vende lo que se puede, se hace lo que salga, se aguanta como se pueda. En ese esquema, el tiempo se convierte en moneda: se paga con horas de descanso, con crianza, con salud, con estudio y con futuro.
La consecuencia es silenciosa pero brutal: cae el capital humano. Menos sueño, más estrés, más ansiedad, menos formación. La productividad real no sube, se agota. Y cuando una sociedad entra en “modo aguante”, el consumo discrecional se desploma: no se renueva ropa, no se arregla la casa, no se sale a comer, no se compra “lo que da trabajo” en el barrio. El comercio local pierde oxígeno y la recesión deja de ser un indicador: se vuelve cultura.
Ahí aparece el segundo termómetro: la deuda doméstica. Tarjetas como puente para llegar a fin de mes, pago mínimo como estrategia de supervivencia, mora como sentencia. El problema no es moral: es matemático. Si suben los gastos fijos (luz, transporte, alquiler, prepagas, combustible) y el ingreso va atrás, la familia no ajusta “lujos”: ajusta comida, salud y educación. Y cuando ya ajustó todo, se endeuda.
El tercer daño es político y social: el pluriempleo anestesia. La gente no llega a organizarse porque no tiene aire. Vive corriendo. Y una comunidad cansada discute menos, controla menos, exige menos; pero al mismo tiempo se enoja más, porque siente que trabaja el doble y retrocede igual. Es el caldo perfecto para la frustración que después se convierte en bronca o en apatía.
Si se quiere hablar en serio de “orden” y “progreso”, hay que dejar de romantizar la precariedad. El pluriempleo masivo no es modernidad: es una alarma macro. Y en provincias como Jujuy, donde la economía depende del consumo interno y del movimiento diario del pequeño comercio, ese fenómeno tiene efecto dominó: menos ventas, menos empleo, más deuda, más informalidad.
La salida no es pedirle heroísmo al trabajador: es reordenar incentivos y priorizar ingresos. Porque cuando una provincia necesita dos sueldos para sostener una casa, no está creciendo: está resistiendo. Y una sociedad que resiste puede aguantar un tiempo… pero cuando se le rompe el cuerpo, se le rompe también el contrato social.
