Perico Noticias, 16 de enero del 2026 // El Banco Central logró un resultado que, en Argentina, suele ser excepcional: compró fuerte y el dólar bajó. Con diez ruedas consecutivas de saldo comprador, adquirió USD 125 millones en un día y acumuló USD 687 millones en lo que va de 2026, elevando las reservas brutas a USD 44.607 millones. En simultáneo, el dólar minorista recortó $15 y el mayorista perforó niveles que no se veían desde noviembre. El dato impacta porque rompe una lógica habitual: cuando el Central compra, la divisa tiende a subir.
La explicación principal está en un ingreso extraordinario de dólares financieros: grandes empresas colocaron deuda en el exterior y trajeron divisas de golpe. Se mencionan colocaciones corporativas y movimientos relevantes como captaciones para el sector telecomunicaciones, anuncios de recompra de deuda bancaria y reaperturas de bonos. Ese flujo —por volumen y concentración temporal— descomprime la plaza cambiaria y le permite al Central sumar reservas sin que el mercado sienta escasez inmediata de dólares.
El segundo punto es el corazón técnico del esquema: el Central no compra en el mercado abierto, sino que compra directamente a las empresas que emiten deuda, en operaciones “en bloque” negociadas con privados. Con esa ingeniería, evita retirar oferta del MULC y, por lo tanto, no empuja el precio hacia arriba. En términos de mercado: acumula reservas sin “patear” la cotización. Es una maniobra eficiente para el corto plazo, pero que depende de que continúe el pipeline de emisiones y el apetito por deuda argentina.
El tercer ancla es la más costosa para la economía real: tasas altísimas. Si el Tesoro renueva vencimientos pagando rendimientos cercanos al 50% anual en plazos cortos, incentiva a muchos a quedarse en pesos “un ratito más” y reduce la presión dolarizadora. Pero ese premio no es gratis: encarece el crédito, enfría consumo e inversión, y convierte la estabilidad en una estabilidad con tarifa. Además, se refuerza el control por expectativa: futuros, señales coordinadas y herramientas como títulos dólar linked de corto plazo que funcionan como “seguro” para bancos, bajando su demanda de divisas.
En síntesis: el sistema hoy muestra precisión y coordinación, pero opera con todas las piezas tensadas al máximo. La estabilidad se sostiene en flujos transitorios (deuda externa corporativa), compras fuera de mercado y tasas extraordinarias. El logro existe y se ve en el tablero. La pregunta estratégica es si el esquema aguanta hasta que entren dólares genuinos —como los de la cosecha— sin que el costo financiero, el cansancio del mercado o una sorpresa política rompan el delicado equilibrio.
