El arribo de Cristina, un alivio para el macrismo

 El arribo de Cristina, un alivio para el macrismo

Con Mauricio Macri de viaje, Cristina Fernández de Kirchner regresa a Ciudad de Buenos Aires para cumplimentar una exigencia del juez federal Claudio Bonadío: el escenario es favorable a Cambiemos, cuando las encuestas de opinión pública se le complican por la recesión. La situación es tan interesante como cuando reaparecía Raúl Alfonsín y eso aliviaba a Carlos Menem; o reaparecía Menem y así buscaba alivio Fernando De la Rúa; o regresaba Eduardo Duhalde, y eso beneficiaba a los Kirchner. Pero hay más:

«(…) La encuesta también indaga sobre la imagen de la gestión del Gobierno nacional. Ante la pregunta: “¿Usted aprueba o desaprueba la forma en que Mauricio Macri está conduciendo el Gobierno nacional?”, el 44% responde que la aprueba, el 42,8% dice que la desaprueba y el 13,2% no sabe o no contesta. Esos guarismos implican un leve empeoramiento de la aprobación a Macri respecto del mes pasado.

De las gestiones del oficialismo, la que cuenta con mejores niveles de aprobación es la porteña: Horacio Rodríguez Larreta puede presumir de el 54% de los encuestados aprueba su gestión como jefe de Gobierno y el 39,4% la desaprueba.

A su vez, la imagen positiva del propio Macri experimenta un leve repunte y trepa al 44,2%, pero más crece la imagen negativa, que marca un 35,6%, el peor registro desde 2012. (…)»,
Management & Fit,
diario Clarín.

Claudio M. Chiaruttini en su editorial dominical de Sin Saco y Sin Corbata, acerca del regreso de Cristina Fernández de Kirchner:

«(…) El regreso de Cristina Fernández confirma también que el grado de acoso judicial a que se ve sometida la ex Mandataria ha encendido la alarma en su entorno. Nunca creyeron que se iba a ir tan rápido en su contra. Según el Cippec, las causas contra la corrupción en la Argentina suelen durar 14 años y en menos de 5% de los casos hay condenas, pero el grado de intensidad de ciertas investigaciones hace temer prontas detenciones de altos ex funcionarios de la “Década Ganada”.

El Calafate ya no le sirve a Cristina Fernández como estrategia de defensa. Debe estar en Buenos Aires para controlar el “desbande” kirchnerista dado que, a mayor debilidad del Frente para la Victoria, más allá de lo electoral; implica pérdida de poder de presión sobre fiscales y jueces, por lo cual, la cercanía potencia su fuerza para imponer su voluntad o, por lo menos, frenar muchas decisiones judiciales ya tomadas.

(…) Además, El Calafate no sirve para hacer una defensa ideológica o un proceso de victimización como construye el relato actual del kirchnerismo. Cristina Fernández en Buenos Aires tiene más capacidad daño, aunque cada vez menor, si transita los medios, si une a su tropa, si amenaza con asilarse en una embajada o lanza una denuncia de persecución internacional.

(…) El Gobierno celebra el regreso de Cristina Fernández. Saben que la polarización los beneficia y los ataques de la ex Mandataria les permiten responder, dado que el macrismo suele ser un poquito más intenso cuando contraataca que cuando debe tratar de imponer una posición. Pero los beneficia si la ex Presidente de la Nación los aborda desde la política (la respuesta es desde la Justicia) o desde la economía (les permite recordar la “herencia” y todo lo hecho en siete meses en el poder).

(…) Sin embargo, para el PRO, el mayor condicionante sigue siendo en el terreno económico, donde faltan las alcanzar tres metas ciclópeas que terminarán por definir el escenario político y electoral de los próximos 7 años: bajar la inflación, reactivar la economía y atraer inversiones productivas. Tres rubros donde el Gobierno puede mostrar algunos triunfos, pero que no alcanzan para revertir la caída de imagen que tiene Mauricio Macri en todas las encuestas.

Desde el macrismo se argumenta que se va en la senda de bajar la inflación, que ya hay sectores económicos donde se observa algo de crecimiento y que las inversiones están llegando intensamente. Sin embargo, no alcanza. La recesión se siente muy fuerte en las zonas urbanas y, cuando uno más se acerca al campo, se reduce, pero lejos de ser un alivio. (…)».

Eduardo van der Kooy acerca del presente y futuro del juez federal Sebastián Casanello:

«(…) Las sospechas sobre Casanello se incubarían por diversos canales. No únicamente por la cuestión de Báez. También aparece Ricardo Echegaray, el desplazado auditor general de la Nación (AGN) procesado por Claudio Bonadio. Echegaray habría recurrido a Oscar Parrilli, el ex titular de la AFI (Agencia Federal de Inteligencia) para frenar un posible procesamiento de Casanello en la ruta del dinero K. El juez le tomó declaración indagatoria. Hasta ahora no hizo otra cosa.

La llegada hasta Casanello habría forzado una triangulación. Parrilli se conectó con su ex compañero de andanzas, Juan Martín Mena, a quien la ex presidenta designó como segundo de la AFI para poner orden en un Poder Judicial que en el crepúsculo del tiempo kirchnerista, tras la disolución de la SIDE, había comenzado a desmadrarse. Mena comprometió una gestión con su amigo Julián Alvarez, virtual ex ministro de Justicia. Casanello fue siempre considerado hombre de su cercanía.

Nadie logró corroborar cómo culminó esa historia. Aunque esa misma historia poseería ramificaciones, para nada ligadas al kirchnerismo. Sí a Mauricio Macri. Mena sería, a partir de informaciones objetivas, el fogonero de la denuncia de Darío Martínez por el escándalo de los Panamá Papers que incomoda al Presidente y acaba de provocar la imputación de Néstor Grindetti, el intendente macrista de Lanús. Aquel ex segundo de la AFI estaría detrás de un dato que considera clave: un supuesto viaje conjunto a Panamá de Macri y Grindetti, en tiempos del Gobierno porteño. El Presidente era entonces alcalde; el hoy alcalde era su ministro de Hacienda.

Muchos hilvanes se van descubriendo y permiten desnudar la trama. Martínez es un diputado de Neuquén que asumió recién en marzo en reemplazo de Nanci Parrilli, la hermana de Oscar, el ex titular de la AFI. Este construyó el puente del flamante legislador con Mena. En los últimos días el camporista le habría reclamado a Martínez mayor actividad sobre los Panamá Papers. Al parecer, según sus dichos, por solicitud del propio Casanello. De hecho, el juez ordenó la semana pasada un peritaje comparativo de las declaraciones juradas de Macri entre 2013 y 2015.

Cattani, Irurzun y Farah, ante este panorama, estarían delante de un asunto peliagudo por resolver. La dilucidación de la reunión con Cristina en Olivos será determinante para el destino del juez bajo fuego. Aunque no alcanzaría para borrar ciertas conductas sinuosas. Los magistrados de la Sala II tienen presente la reciente bendición que Casanello recibió de Francisco en el Vaticano. Pero no podría representar una valla insalvable. Con lógica idéntica, ni los jueces Cesar Melazo y Sandra Arroyo Salgado hubieran podido pedir en las últimas horas la detención del barrabrava prófugo Marcelo Mallo, ligado al doble crimen del 2009 en Unicenter.  (…)».

Fernando Laborda, en el diario La Nación, acerca de algo que también había deslizado Urgente24: la caída del kirchnerismo es también un problema electoral 2017 para Mauricio Macri porque lo obliga a confrontar conSergio Massa, cuando esperaba el contraste con Cristina Fernández de Kirchner, tal como en 2015 (y sin balotaje):

«(…) La agonía del kirchnerismo no sólo es un problema para el kirchnerismo, sino también para el macrismo. De cara a las elecciones legislativas del año próximo, los estrategas del oficialismo no desconocen que un derrumbe del sector liderado por Cristina Kirchner no es el mejor negocio, pues habrá que medir fuerzas con un peronismo renovado y tal vez unificado. Y frente a esta hipótesis, hay dentro del macrismo algunos convencidos de que sólo se puede enfrentarlo con recetas heterodoxas que no renieguen del asistencialismo ni de la inyección de recursos estatales para obras públicas.

Se advierte en las últimas semanas que el Gobierno está más preocupado por ganar las elecciones de medio término de 2017 que por paliar el elevado déficit fiscal. Hombres del oficialismo intentan que se vea como comprensible esa postura: «Las grandes empresas nos aclaran que sólo harán fuertes inversiones cuando tengan certezas de gobernabilidad para el mediano plazo. Todos los esfuerzos y acuerdos que hicimos en estos seis primeros meses para asegurar esa gobernabilidad de nada servirán si perdiéramos las elecciones».

Instrumentados los aumentos tarifarios y el fin del cepo cambiario, cualquier atisbo de shock parece haber sucumbido ante el gradualismo, y las palomas desarrollistas se han impuesto sobre los halcones liberales. El economista de FIEL Daniel Artana lo describió de esta manera: «El Gobierno ha decidido quemar las naves en aras de asegurar la reactivación de la economía, dejando de lado la mejora gradual de las cuentas fiscales anunciada en enero». La tan esperada lluvia de dólares para inversiones productivas del sector privado ha sido reemplazada por anuncios de una tormenta de pesos para apuntalar la obra pública.

La apuesta del Gobierno fue, en los últimos meses, insuflar esperanza para el segundo semestre. Una estrategia discursiva parecida a la utilizada por Menem en los primeros tiempos de su presidencia, cuando afirmaba: «Estamos mal, pero vamos bien». (…)».

Mariano Spezzapria, en el diario platense El Día, acerca del famoso 2do. semestre 2016:

«(…) El momento elegido para la visita no es indistinto, a tal punto que Macri debió explicar a los corresponsales europeos en Buenos Aires lo que su administración había querido transmitir a la sociedad cuando puso proa hacia la anhelada segunda mitad del año. “No dije que la Argentina iba a tener todos sus problemas resueltos en el segundo semestre”, buscó aclarar el mandatario.

El comentario del Presidente fue razonable, salvo por el hecho de que fue el propio gobierno el que generó expectativas sobre el segundo semestre, en medio de un fuerte ajuste tarifario que echó leña al fuego de la inflación aunque -todos reconocen- resultaba en gran medida necesario para frenar la emisión descontrolada a la que obligaban los subsidios. Lo cierto es que esos aumentos generaron dificultades a vastos sectores de la población para llegar con aire a fin de mes. El esfuerzo colectivo se justifica si luego viene el alivio.

La descompresión ya se siente en el campo, beneficiado por la reducción y quita de las retenciones a las exportaciones, una de las primeras medidas de Cambiemos en el poder. Pero no sucede lo mismo en las grandes ciudades y sus periferias, entre ellas el Conurbano bonaerense, que son vitales para el futuro político de la alianza gubernamental dada su alta incidencia electoral.

En especial, el malestar se percibe en la clase media urbana -que apoyó a Macri y a María Eugenia Vidal fatigada de la confrontación permanente que proponía Cristina Kirchner- y que ahora se siente castigada por la merma de su poder de consumo. “Esta discusión está instalada en la cocina de las familias”, comentó un intendente del Gran Buenos Aires, que por cierto no es oficialista. Pero el “destape” de los hechos de corrupción en la anterior administración siguen actuando, para Macri, como un paraguas protector.

El gobierno conoce esta realidad, pese a que no la reconozca en su discurso público. Y por eso apuesta a que el humor social repunte con el impacto de los aumentos salariales producto de la ronda de paritarias, el medio aguinaldo cobrado en junio y el anuncio del pago a los jubilados que litigaron contra el Estado. Ese sector es el otro al cual el Gobierno buscó reparar años de postergaciones.

El apoyo es recíproco: en las encuestas surge con claridad que las personas mayores de 50 años brindan un respaldo mayoritario al gobierno. Pero Macri sabe que con eso no alcanza y ante el cuadro desalentador que ofrece la economía, la mano se la tiende paradójicamente una política de oposición: Cristina Kirchner. Su viaje a Europa coincide con el regreso de la dama a Buenos Aires. (…)».

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