El hegemón no pronostica: sentencia — “Devaluación o default”, el aviso de Washington a la Argentina de Milei

El hegemón no pronostica: sentencia — “Devaluación o default”, el aviso de Washington a la Argentina de Milei

Perico Noticias 7 de enero del 2026 // Lo de Venezuela no fue una “noticia más”: fue un evento fundador que expuso, sin maquillaje, cómo se reescribe el orden mundial cuando el poder duro decide que el tablero multilateral estorba. Tras la operación estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro, Naciones Unidas advirtió que la acción “socavó un principio fundamental del derecho internacional”: que los Estados no deben amenazar ni usar la fuerza contra la integridad territorial o independencia política de otro Estado. Y en paralelo, la crisis abrió una grieta letal dentro de Occidente: la primera ministra danesa Mette Frederiksen llegó a afirmar que un avance de EE.UU. sobre Groenlandia sería, en los hechos, “el fin de la OTAN”. Cuando la ONU cuestiona el método y un aliado de la OTAN habla de final de la alianza, no estamos ante “polémica”: estamos ante devaluación acelerada de instituciones. A partir de ahí, los liderazgos —sobre todo en el Sur Global— quedan más baratos, más prescindibles, más reemplazables. Y en ese mundo, el hegemón no vaticina: advierte.

En ese nuevo clima de poder, Argentina aparece como un caso testigo: no se discute su épica, se discute su solvencia. Un informe del Congressional Research Service (CRS) —órgano técnico que asesora al Congreso de EE.UU.— puso la lupa sobre el apoyo financiero de Washington (swap anunciado en octubre de 2025) y, sobre todo, sobre el talón de Aquiles argentino: la escasez estructural de divisas. El texto es quirúrgico: con pagos de deuda en aumento y el tipo de cambio bajo presión, si el Gobierno quedara sin fondos para sostener la política cambiaria y cumplir vencimientos, podría enfrentar “decisiones difíciles”, incluyendo “un décimo default” o permitir mayor flexibilidad (depreciación) del peso. Esto no es una editorial opositora ni una chicana local: es el corazón del establishment legislativo estadounidense diciéndote que el margen se achica y que el final del corredor tiene dos puertas, ambas dolorosas.

  Jujuy crea el Ministerio de Minería: cuando la Nación no manda un peso, las provincias se organizan para sobrevivir (y para negociar)

Ahí se entiende la frase que incomoda: Argentina es una deudora serial. No porque lo digan “los mercados” como abstracción, sino porque el propio análisis del CRS enmarca la discusión en un país con historial de crisis recurrentes y defaults, y con una economía que puede estabilizar precios a costa de recesión y conflicto, pero que vuelve a tropezar en el mismo escalón: dólares, reservas, confianza. ¿Y qué cambió con Milei? Cambió la estética, cambió la narrativa, cambió la genuflexión geopolítica. Pero la pregunta de fondo —la que determina tasa, crédito y paciencia— sigue intacta: ¿de dónde salen los dólares sostenibles para pagar, producir y crecer sin romper lo social? El informe recuerda que el swap se volvió una fuente crítica y que hay preguntas sobre cuánto puede sostenerse una defensa del peso si las reservas netas son frágiles y los vencimientos aprietan.

Por eso, en el mundo post-Venezuela, Sudamérica queda doblemente “barata”: por un lado, sus liderazgos se devalúan porque el poder global actúa sin pedir permiso; por otro, sus economías quedan más expuestas porque el capital no financia romanticismo, financia garantías. Y el “alineamiento” ya no es moneda suficiente. El CRS deja una pista central: incluso si Argentina buscara más apoyo de EE.UU., del FMI u otros organismos ante un escenario de estrés, no está asegurado que llegue, porque existen dudas políticas y límites institucionales sobre hasta dónde extender asistencia. En otras palabras: besar el anillo no compra automáticamente estabilidad. Puede comprar un puente. Pero un puente no es destino.

La advertencia, entonces, funciona como sentencia anticipada de un fracaso probable si no aparece lo único que el mundo real respeta: capacidad de pago + legitimidad social + generación genuina de divisas. Cuando el hegemón instala que la Argentina puede terminar entre devaluación o default, lo que hace es recalibrar expectativas del sistema: bancos, fondos, precios de riesgo, cobertura, condiciones. Y eso tiene efecto político inmediato puertas adentro: si la economía no logra traducir “orden macro” en bienestar verificable, el equilibrio se rompe por su eslabón más débil —la calle— y el programa entra en zona roja. La Argentina puede discutir épicas; Washington discute flujos, plazos y riesgos. Y en el tablero que inauguró el “evento Venezuela”, quien discute flujos manda; quien discute épicas obedece.

  ¿El mundo es de Trump? Venezuela como “evento fundador” del colapso institucional global

¿Desde que asumió Javier Milei, ¿tu situación económica personal?

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *