Perico Noticias, 18 de enero del 2026 // // En Jujuy (y en la Argentina), el fenómeno del “perrhijo” no es un chiste de redes: es un síntoma económico. No se trata de amar a los animales —eso es noble—, sino de entender por qué una generación elige “mascota” antes que “hijo”. La respuesta es brutalmente simple: la vida dejó de ser un proyecto y pasó a ser una administración del estrés. Empleo de baja calidad, alquileres imposibles, crédito caro o inexistente, salarios que corren detrás, estudios atacados o deslegitimados, y un Estado que pide sacrificios pero no ofrece horizonte. En ese marco, la crianza se percibe como una apuesta de altísimo riesgo: emocional, financiera y social. Y cuando el riesgo se dispara, la decisión racional (aunque duela) es postergar o renunciar.
Los últimos datos oficiales publicados a nivel nacional muestran otro orden de magnitud: en 2022, Jujuy registró 7.819 nacidos vivos y 5.452 defunciones. En 2021 habían sido 8.434 nacimientos y 5.786 defunciones. Es decir: el problema no es inventar pánico con números sueltos; el problema real es más serio y más profundo: la tendencia. Jujuy pierde nacimientos año a año y el país entero entró en una etapa donde la demografía deja de “acompañar” y empieza a condicionar la economía, la política y el sistema previsional.
El INDEC ya lo puso en blanco sobre negro: la tasa global de fecundidad en Argentina cayó con fuerza y llegó a 1,4 hijos por mujer en 2022, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional. (Indec) Y lo más determinante: en 2022 todas las jurisdicciones quedaron por debajo de 2,1, cuando a comienzos de siglo la mayoría estaba por encima. (Indec) Esta caída no es “un cambio cultural simpático”; es una bomba lenta para un país cuya seguridad social depende de que haya suficientes aportantes sosteniendo a una población mayor que vive más años. El propio INDEC marca el envejecimiento y la reducción relativa de la niñez: la población de 0 a 14 años pasó de 25,5% (2010) a 22,0% (2022) y se proyecta 14,3% para 2040. (Indec)
Ahí se entiende el “perrhijo” como metáfora: el perro no cotiza. Y el punto no es castigar a nadie: el punto es que la política pública llega tarde. Pretender sostener el sistema previsional sin atacar el núcleo —empleo formal, productividad, vivienda, y alivio fiscal inteligente para familias jóvenes— es como querer llenar un tanque con una manguera pinchada. Europa lo discute porque ya está ahí; Argentina va camino a discutirlo con menos margen, porque además suma inflación histórica, informalidad, migración de talento y un mercado laboral tensionado.
Jujuy: doble presión —baja natalidad y provincia expulsora
Jujuy tiene un agravante estructural: históricamente expulsa juventud. Muchos jujeños trabajan en el centro y sur del país, sostienen hogares con remesas internas, y no pocos terminan armando vida definitiva fuera. Eso vacía de dinamismo a los pueblos y ciudades: menos jóvenes, menos consumo local, menos emprendedores, menos nacimientos, más dependencia de empleo público o de economías de baja escala. Y cuando el proyecto de vida se muda, también se muda el futuro tributario y el capital humano.
La paradoja argentina: ajuste arriba, contención abajo
Mientras el ajuste le pulveriza el poder adquisitivo a la clase media, la política social directa (AUH/transferencias) funciona como colchón de estabilidad —y eso también explica por qué no hay estallidos masivos. Pero esa estabilidad es estática: no produce movilidad social sostenida. Si la clase media se achica y los jóvenes no pueden proyectar, la fecundidad cae. Es un circuito.
Qué hacer
Si el Estado quiere revertir el “perrhijo como síntoma”, no alcanza con campañas moralistas. Hace falta paquete de medidas con métricas claras:
- Empleo joven formal: reducción de cargas focalizada y temporal + formación dual con empresas (con auditoría real).
- Vivienda: crédito hipotecario viable o alquiler con opción, con garantías públicas acotadas y reglas estables.
- Crianza: red de primera infancia (guarderías, jardines) ligada a empleo y estudio; si no hay cuidado, no hay hijos.
- Universidad y oficios: atacar universidades es dinamitar el ascenso social; lo inteligente es exigir resultados, no destruir el puente.
- Migración y retorno: programas para repatriar talento y retener juventudes (incentivos fiscales provinciales y municipales, conectividad, suelo industrial, vivienda).
- Productividad: sin crecimiento y productividad, cualquier reforma previsional es “patear la pelota”; INDEC lo sugiere: sin crecimiento, el dilema se vuelve impuestos/recortes/edad jubilatoria. (Indec)
La discusión de fondo es esta: si un país no facilita formar familia, termina importando futuro o perdiéndolo. Y si Jujuy no entiende que retener juventud es tan importante como inaugurar obras, va a terminar con más carteles que bebés. No es poesía: es contabilidad demográfica.
