El rival de Scioli es Cristina, mucho más que Macri

 El rival de Scioli es Cristina, mucho más que Macri

Las respuestas a la pregunta de Polldata/Celia Kleiman suponen una advertencia a lo que Daniel Scioli ensaya ahora para deskirchnerizar su proselitismo.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). 5 fragmentos que ayudan a comprender qué le ocurre a Daniel Scioli por estas horas:
1. No haber escuchado a Antonio Caló… pero ¿lo escucharía hoy día?
«(…) Mientras Daniel Scioli está obligado a hacer toda clase de malabares para buscar votos fuera del kirchnerismo duro, lo que lo lleva a copiar los proyectos de Sergio Massa sin ruborizarse, aunque los criticó hasta poco antes del 25 de octubre, Mauricio Macri se toma un fin de semana largo y juega al golf con su esposa en Tandil. No es menor el dato: es una foto que marca las urgencias de uno y las comodidades del otro. A fin de cuentas la primera impresión del ciudadano tras las elecciones del domingo pasado es bien elocuente: para tres de cada cinco consultados sobre el resultado de ese día, la respuesta fue que “ganó Macri”, cuando en verdad el alcalde porteño perdió por dos puntos y medio contra el gobernador bonaerense.
Por allí habría que empezar a entender las volteretas a veces indecorosas del candidato del Frente para la Victoria. Como su estrategia de apelar al “voto miedo” y agitar fantasmas del pasado que se abatirían sobre los argentinos si el 22 de noviembre llegase a ganar su rival. Y, por su lado, la posición adoptada por el macrismo, que podría ampliarse a todo el frente Cambiemos, reconocida por el mismo Macri. No modificarán sustancialmente su discurso ni su estrategia. (…)
Scioli sabe que ahora está por las suyas. Tras resolver no romper como le aconsejaban, o le reclamaban de viva voz como el caso del metalúrgico Antonio Caló, que finalmente celebró la voltereta del candidato, dicen que acordó con Cristina. Ella no lo nombra porque su candidato es el modelo, al que defenderá y controlará que no haya desviaciones aún después de dejar la Casa Rosada, sea quien sea su sucesor. Scioli, sumiso digno de mejor causa, aceptó la escena.
Solo por ese carril se entiende que haya sostenido que la Presidenta le dio “un respaldo claro y contundente” durante el discurso en la Casa Rosada donde lo ignoró olímpicamente y sin ninguna inocencia. En todo caso, hará un nudo con las críticas internas encabezadas por La Cámpora y Carta Abierta, o los exabruptos de Hebe de Bonafini, y saldrá en lo que le resta de campaña a buscar aquel voto que le fue esquivo.
Pequeña gran contradicción: no pocos observadores advierten que esa sumisión que exacerba no es el mejor modo de presentarse ante ciudadanos que le han dado la espalda. (…)».
2. ¿Qué hacer con Zannini? El gran dilema
«(…) El problema de Scioli no es sólo la celebridad de Macri, sino también los estrechos márgenes personales y políticos con que cuenta para darle un giro decisivo al tramo final de su campaña. Es llamativo que Scioli haya desechado todos los consejos que le dieron de que se alejara de Cristina Kirchner y, en cambio,la ratificó de hecho como jefa de su campaña. La campaña sucia de descalificaciones y temores contra Macri y sus aliados fue lanzada por la Presidenta, primero en las redes sociales y luego en su propio discurso en la Casa de Gobierno. Pocas horas después, Scioli obedeció esa estrategia y también pidió en una entrevista periodística que el debate presidencial se hiciera con archivos fílmicos sobre las posiciones en el pasado de los candidatos. ¿Una especie de 6,7,8 llevado a la última cima de la política? Puede ser. Cristina había señalado ese camino y Scioli lo acató. Ra ro en Scioli, que antes le había prohibido a su equipo cualquier campaña sucia contra Macri.
Cristina sintió siempre, como toda persona arbitraria, pasión por la edición de viejas informaciones periodísticas. Nunca tuvo en cuenta que ningún político se salvaría del descrédito si el archivo de antiguas declaraciones fuera usado sin la debida contextualización, o si, al revés, fuera manipulado y editado tendenciosamente. No se salvarían ni Cristina ni Scioli. No es extraño en Cristina; el periodismo que ella amamantó nació y creció a la sombra de esa práctica. Es extraño en Scioli, que nunca hizo eso. ¿El cambio de ahora es la aceptación implícita de que está en desventaja frente a su rival?
El principal conflicto de Scioli es que no puede tomar distancia de Cristina. No pudo antes. ¿Qué hubiera sido de la elección del domingo si su fórmula se hubiera integrado, por ejemplo, con el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, como el propio Scioli quería, en lugar de Carlos Zannini? ¿Y si, encima, el candidato a gobernador de Buenos Aires hubiera sido Florencio Randazzo o Julián Domínguez en lugar de Aníbal Fernández, a quien el diario español El País comparó con Herminio Iglesias?
La situación del peronismo sería distinta, pero Cristina se obcecó en demostrar que ella era quien hacía y deshacía en territorio de Scioli. La culpa es de Cristina, por su certeza de que la política se movía a su antojo, pero es también de Scioli por no haberle dicho que no a tiempo.
En la conferencia de prensa del lunes pasado, Zannini tenía un lugar reservado entre el montón de funcionarios sciolistas. Un llamado de la Casa Rosada obligó a Scioli a colocarlo a su lado. Scioli aceptó. Así apareció, por primera vez desde la elección, ante la sociedad.
«No estaba al lado; estaba sentado unos centímetros atrás», aclararon los sciolistas. Ésa es la distancia que se permite Scioli. Cierta o no, el gobernador manifestó entre propios cierto temor por la versión de que Zannini se bajaría de la candidatura vicepresidencial si él cambiaba su discurso. «Dejalo que se baje. ¿Dónde va a ir?», le contestó uno de sus amigos. Scioli calló. (…)».
3. Aquí una infidencia sobre cierta difícil ‘Operación Deskirchnerizadora
«(…) La clave de su empantamiento es la subordinación a la línea dura de la Presidenta, que tiene a Carlos Zannini como vigilante de sus acciones, de las discusiones en su equipo y de las rebeldías que afloran en sectores de los que el kirchnerismo duro recela, como los gobernadores e intendentes peronistas. 
Así como viene, la suerte de Scioli está atada hoy a la herencia electoral que le deja Cristina. Es una herencia perdedora, que no llega al 40% de los votos. El poder de la Presidenta se está disolviendo, pero ella conserva el vigor y la determinación suficientes para imponer hasta aquí la letra y la música de la campaña. 
Una clave de la estrategia que intentará Scioli pasará entonces por diferenciarse de Cristina sin romper. Que se note pero que no duela. Evitar el choque directo contra el ultrakirchnerismo que lo controla con el manual del relato en la mano, para amonestarlo si dice alguna palabra profana. Y rogar por que la Presidenta baje el perfil y se mantenga en silencio todo el tiempo posible.
¿Cómo haría Scioli lo que hasta ahora no pudo? Una receta posible es “dejar de hablar de Néstor y Cristina” y borrar del vocabulario de campaña la palabra “modelo”, según una propuesta que el candidato analiza en estas horas. Olvidarse del rezo diario a la década ganada y hablar, firme y únicamente, de la “década del desarrollo” que les promete a los argentinos si lo hacen presidente. 
Los gobernadores peronistas, empezando por el salteño Juan Manuel Urtubey, le dijeron esta semana que tenía que “deskirchnerizar” su manera de hacer campaña. Menos acto prefabricado para la televisión, más contacto directo con la gente. En ese mismo sentido, el paper que le acercó un equipo de consejeros le propuso “bajarse del helicóptero”, caminar alguna vez por algún barrio, parar la pelota, volver a su estilo amable, alejado de toda la exasperación que el kirchnerismo le cargó a la política en estos años.  (…)».
4. El reclamo de los gobernadores es ‘deskirchnerizar’ ya mismo
«(…) Con el gobierno repudiado en las urnas y el candidato oficialista con perspectivas dudosas, el peronismo entró en estado prebélico. Aníbal Fernández, ese Herminio Iglesias del siglo XXI, acusó a sus compañeros de “fuego amigo”, es decir, de haber trabajado para su derrota, hipótesis que, si se tiene presente el feroz corte de boleta en su contra, no parece descabellada.
También tuvo un áspero encuentro, según trascendió, con el jefe de gabinete bonaerense, Alberto Pérez, mientras los “intelectuales” orgánicos K se trenzaban por los medios con el presidente del Banco Provincia, Gustavo Marangoni.
El sciolista Samid opinó que cada cadena nacional de la Presidenta le hacía perder 700.000 votos al candidato.
Los gobernadores peronistas asistieron mudos a ese intercambio. Se reunieron en Tucumán para festejar la asunción del gobernador Juan Manzur, en un clima fúnebre.
El sciolismo anunció un encuentro entre la Presidenta y el candidato que nunca se produjo y en su primera aparición pública el jueves pasado la presidenta ni lo respaldó, ni lo atacó. Se limitó a ignorarlo. Según otro trascendido, en un diálogo telefónico le habría dicho que hiciera lo que creyese necesario para ganar. En otras palabras, se desentendió de él; que se arreglase como pudiese.
Pero los hechos desmintieron inmediatamente el trascendido. Scioli había prometido el 82 por ciento para los jubilados en caso de ganar, copiando una propuesta de su competidor Sergio Massa, pero la presidenta lo desautorizó de plano. Dijo que había vetado la ley correspondiente (aprobada con el voto opositor en el Congreso) porque “no le miente” a los argentinos y que después de eso había obtenido un triunfo con el 55 por ciento (sic) de los votos. Fin de la autonomía del candidato. Scioli está por las suyas, porque a la presidenta sólo le interesa reivindicarse.
Después de ella, el diluvio. Ahora el principal problema del candidato es el de la credibilidad de sus promesas de cambio. (…)».
5. Scioli afirma que él no se baja del balotaje
«(…) Como lo confesó Karina Rabolini, el Gobernador sintió el impacto de no haber podido cerrar la elección en primera vuelta. Algunos dirigentes lo vieron aturdido entre la noche del domingo en el Luna Park y el mediodía del lunes en la conferencia que dio en un hotel porteño. En el interín, él y su mujer asimilaron el mal trago en la intimidad de la pareja en villa La Ñata.
En las últimas horas, Scioli parece haber recuperado su espíritu, que lo llevará a competir hasta el último segundo de la campaña hacia el ballotage. Pero en el medio debió afrontar versiones que indicaban que Cristina Kirchner quería que se bajara, un rumor que fue convenientemente dispersado por el macrismo y el massismo en varias reuniones políticas.
Pero más allá de que las fuerzas de oposición busquen echar más leña al fuego, lo cierto es que la relación entre el kirchnerismo duro –léase la Presidenta y La Cámpora- y el sciolismo apoyado por los gobernadores del PJ, llegó durante la semana a alcanzar un nivel de tensión que los puso al borde del quiebre. La discusión interna del FpV se concentra en la Provincia.
Aquí, los sciolistas acusan a Aníbal Fernández de haber sido un lastre que el Gobernador no pudo soltar y que lo arrastró hacia la baja. Para los kirchneristas, la histórica derrota del peronismo en territorio bonaerense no se debe sólo al cascoteado jefe de Gabinete, sino también a la gestión del gobierno provincial, que “no le llegó a los tobillos” a la nacional.
Argumentos como ese se escucharon por lo bajo en la reunión que el jefe de La Cámpora, Máximo Kirchner, mantuvo con un grupo de intendentes del FpV el viernes en Berazategui. Un día antes, en la Casa Rosada, dirigentes y militantes se refirieron a la gobernadora electa María Eugenia Vidal como “la maestra jardinera”, en el acto en el que reapareció la Presidenta.
El apodo, que busca subestimar a Vidal y al mismo tiempo constituye un agravio para las docentes del nivel inicial, implica no obstante un reconocimiento -desde la más enrevesada lógica política- de que la imagen de la dama del PRO contrastó de manera notable con la de Aníbal Fernández y eso llevó a un inusual corte de boleta en la categoría de gobernador. (…)».
6. Acerca de la Alianza 1999 y la Alianza 2015: ¿Los del Frepaso no están en el FpV?
«(…) Sin embargo, el oficialismo se obstina en una táctica que sólo favorece a sus adversarios. No sólo se dedicaron –y se dedican– a ningunear a su candidato, sino que el propio Scioli se enredó en la campaña del miedo con un entusiasmo que se parece demasiado a la desesperación.
Sorteó la amenaza de Zannini de bajarse de la fórmula pero quedó embretado en un lugar en el que no puede correrse, observando cómo sus propias propuestas –como el 82% móvil para los jubilados– son criticadas por su supuesta aliada, quien no nombra a su candidato y lo critica por no haber obtenido más votos.
Es cierto, también, que Cristina es el pasado, pero ella pareciera estar haciendo campaña para 2019, como si el eventual triunfo de Macri le calzara como un guante en esos planes que deberán atravesar la prueba del ácido, si es que existen de verdad.
Macri mantendrá el mismo tono de campaña y no se prenderá en la polémica que le propone Scioli sobre la existencia de una nueva “alianza”, para traer recuerdos de la caída de De la Rúa.
Es paradójico: una buena parte del kirchnerismo más recalcitrante participó de la Alianza y no sólo fueron simpatizantes entusiasmados
Scioli acordó con Cristina hacer su propia campaña. La Presidenta disciplinó a su facción pidiéndole que voten en defensa de lo que ella cree que hizo, según el mundo de fantasía que describió en la Casa Rosada. La táctica electoral, entonces, tiene una sola cara, la de Cristina. Scioli se resignó a plegarse al voto miedo sin auscultar, en verdad, que la conducta electoral, sobre todo en su provincia donde fue derrotado, rechazó el grave error de la Presidenta y pidió un nuevo tiempo en el país.»
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