Perico Noticias // Argentina entró en una fase tan argentina que ya parece un género propio: ventas en caída, bolsillos exhaustos… y precios que igual se remarcan. No por capricho. Por supervivencia. La consigna que hoy gobierna la formación de precios no es “ganar más”, es “perder lo menos posible”.
La lógica del comerciante y del industrial: “me cubro o me fundo”
Cuando el consumo se enfría, lo esperable sería que los precios aflojen. Pero en Argentina ocurre lo contrario cuando aparece un dato clave: el dólar encuentra un “nuevo techo” y el mercado empieza a oler ajuste cambiario.
Ahí se activa el reflejo:
- Reposición: el precio ya no se calcula por lo que costó, sino por lo que va a costar reponer.
- Expectativa: si se cree que el tipo de cambio va a moverse, se remarcan listas “por las dudas”, antes de quedar “vendiendo barato” lo que después se repone caro.
- Cobertura: con márgenes comprimidos por caída de ventas, se intenta sostener caja con precio, no con volumen.
Es la economía del paraguas: aunque no llueva hoy, si el cielo está negro, te lo venden igual.
El “presupuesto” puede prometer, pero el mercado exige credibilidad
El Gobierno proyecta una inflación muy baja para 2026 (del orden del 10,1% anual) y un tipo de cambio en torno a $1.423 en el presupuesto.
Eso, en un país normal, sería un ancla. En Argentina, muchas veces es apenas una intención. Porque el mercado no compra papel: compra confianza.
Y la confianza se mide en dos cosas:
- ¿Hay dólares suficientes para sostener el esquema sin sobresaltos?
- ¿Hay gobernabilidad política para atravesar reformas duras sin estallar en el camino?
Aun con desembolsos y acuerdos, el frente financiero sigue siendo una prueba permanente.
Estanflación: la trampa perfecta
Esto es lo más peligroso: no es inflación con crecimiento, es inflación con parálisis.
- La demanda no tracciona.
- La inversión duda.
- El empleo se vuelve defensivo.
- Y los precios suben igual por expectativas, costos, impuestos, logística y miedo.
En esa trampa, el “precio” deja de ser un número: pasa a ser una póliza de seguro contra el próximo sacudón.
Bajada a tierra: lo que se vive en Perico
Perico es termómetro real: cuando el consumo se retrae, se nota al instante. La economía local—comercial y agrícola—se mueve con márgenes finos y con una palabra que hoy manda: incertidumbre.
En el almacén, la ferretería, el corralón o la verdulería, la conversación es la misma:
- “No vendo como antes.”
- “No puedo quedarme con precios viejos.”
- “El proveedor ya me avisó que la lista cambia.”
Y así se arma el círculo vicioso: el precio sube para cubrirse, la gente compra menos, y el comerciante se cubre más. No es maldad: es autodefensa.
¿Cómo se corta? Con reglas claras y competencia real
La salida no es un sermón moral al comerciante ni una caza de brujas empresaria. La salida es estratégica:
- Ancla nominal creíble (no solo anunciada).
- Reglas fiscales y monetarias previsibles, sostenidas en el tiempo.
- Crédito razonable (sin financiamiento, el precio absorbe el riesgo).
- Competencia y transparencia (cuando no hay competencia, la remarcación se vuelve cultura).
Si no aparece previsibilidad, el país seguirá funcionando como un mercado de reposición emocional: se vende con miedo y se compra con bronca.
