El artículo publicado por Derecha Diario presenta con tono triunfalista y justificatorio una serie de gestiones que el gobierno de Javier Milei estaría realizando ante organismos internacionales como el FMI, el BID y el Banco Mundial para conseguir un “financiamiento extra” que, según la nota, sería clave para apuntalar la estabilidad económica del país. Sin embargo, una lectura más rigurosa y contextualizada revela que este anuncio parece más una estrategia comunicacional para calmar ansiedades de mercado que una garantía real de dólares frescos en el corto plazo.
1. La necesidad de presentar dólares que no llegan
Desde su asunción, el gobierno de Milei ha prometido —en reiteradas ocasiones— la llegada de fondos internacionales. Sin embargo, hasta ahora no ha ingresado ni un solo dólar adicional relevante por parte del FMI, del BID ni del Banco Mundial. Lo que sí ha habido es refinanciación de vencimientos, pero no ampliación neta de los recursos disponibles.
Este artículo, como otros similares de medios oficialistas, busca instalar la idea de que la confianza internacional se está reconstruyendo gracias al «shock de ajuste» de Milei. Pero esa narrativa no se condice con la realidad de las reservas del BCRA, que siguen siendo extremadamente bajas, ni con la caída de los bonos argentinos ni con la brecha creciente entre el dólar oficial y los paralelos.
Ejemplo simple: es como si una empresa dijera que está por firmar un gran acuerdo de inversión para tapar agujeros financieros, pero el dinero no aparece y sus proveedores ya empezaron a cortar el crédito. En ese caso, el anuncio deja de ser una señal de fuerza y se convierte en una confesión de urgencia.
2. El mensaje está dirigido a los mercados, no a la ciudadanía
El artículo —aunque enmascarado como una «buena noticia»— revela el verdadero objetivo del gobierno: calmar la voracidad de los mercados financieros, que ya descuentan una devaluación en marcha. Prueba de esto es la presión que se observa en los dólares financieros (MEP y CCL), la suba de los contratos de dólar futuro y el nerviosismo con los vencimientos de deuda en pesos.
Las frases utilizadas, como “se gestiona nuevo financiamiento” o “se analizan vías de asistencia extraordinaria”, son deliberadamente vagas. No hay montos, fechas ni condiciones claras. El lenguaje sugiere movimiento, pero no garantiza resultados, y eso en el mundo de las finanzas es como intentar apagar un incendio con humo.
3. ¿Por qué, si los recursos son tan poderosos, no aparecen?
La pregunta clave que el oficialismo intenta esquivar es simple: ¿si el plan económico es tan sólido y hay tanto apoyo internacional, por qué no llegan los fondos prometidos? La respuesta, aunque incómoda, es evidente: los organismos internacionales no prestan plata a ciegas. Milei ha prometido «ajuste fiscal cero», pero no ha presentado aún un programa económico integral ni un plan de desarrollo productivo creíble. Además, su política exterior confrontativa (como sus críticas públicas a China, Brasil y organismos multilaterales) no ayuda a generar confianza internacional.
Por otro lado, los multilaterales tampoco quieren ser cómplices de un colapso social. Otorgar fondos frescos a un gobierno que acelera la pobreza y desmantela el Estado puede generar más tensiones que beneficios. Por eso, se limitan a postergar pagos, sin desembolsar dinero nuevo.
4. ¿Es Argentina el país más endeudado del mundo?
No, Argentina no es el país más endeudado del mundo en términos absolutos (esa lista la lideran EE.UU., China y Japón). Sin embargo, sí se encuentra entre los más endeudados en términos de relación deuda/PIB y riesgo país. Lo más preocupante es que es uno de los países más endeudados en moneda extranjera sin capacidad propia de emisión (a diferencia de EE.UU. o Japón).
Además, el país no tiene acceso al crédito internacional voluntario, y sus bonos cotizan a precios de default. En otras palabras, Argentina está financieramente aislada, y por eso depende de estos «respiros técnicos» que venden como grandes logros.
5. ¿Se prepara una devaluación encubierta?
El mercado ya lee con claridad que la estrategia de devaluación silenciosa está en marcha. El crawling peg al 2% mensual ya se queda corto frente a una inflación de dos dígitos, y la presión cambiaria empieza a acumularse peligrosamente. El Gobierno lo sabe, y por eso necesita desesperadamente mostrar que “se vienen los dólares”. Sin embargo, la demora en la llegada de fondos incrementa las sospechas de que una corrección brusca será inevitable.
Ejemplo cotidiano: si todos en una familia saben que no hay plata para pagar la tarjeta, pero uno de los miembros insiste con que «ya viene un préstamo», y pasan los meses sin que llegue… los demás se preparan para el recorte, no para el milagro.
El artículo en Derecha Diario no es una noticia en sí misma, sino una pieza de comunicación política. Más que informar, busca calmar. Pero en economía, los gestos sin resultados reales no duran más que un suspiro de mercado. Los “fondos frescos” siguen sin aparecer, el dólar presiona, los bonos se hunden y los bancos ya piden cobertura.
El Gobierno de Milei intenta mantener la narrativa de que todo está bajo control. Pero los síntomas —tensión en el dólar, caída de reservas netas, inflación persistente, desconfianza de los bancos— indican que algo más profundo se está gestando. Y si el acuerdo con el FMI no se concreta con dólares contantes y sonantes, la retórica no bastará para frenar la próxima tormenta.
Anticipo: ¿Por qué el FMI está demorando los desembolsos y qué le exige en secreto al gobierno de Milei? ¿Se viene un nuevo ajuste disfrazado de “reperfilamiento”? Pronto en www.periconoticias.com.ar.