Ganancias en la reforma laboral: el “impuesto escondido” que puede detonar a las provincias — en Jujuy son $3.375 millones por mes o 4.000 sueldos al borde del abismo

Ganancias en la reforma laboral: el “impuesto escondido” que puede detonar a las provincias — en Jujuy son $3.375 millones por mes o 4.000 sueldos al borde del abismo

Perico Noticias, 29 de enero del 2026 // La reforma laboral está diseñada como una cirugía mayor, pero con anestesia política ajena: se vende como ordenamiento del mercado de trabajo y termina siendo un ajuste fiscal encubierto sobre las provincias. Por eso los gobernadores la evitan: no porque amen el statu quo, sino porque entienden que, si el capítulo de Ganancias se mantiene tal como está, el costo no lo paga “la casta” en Buenos Aires: lo paga el interior con servicios menos financiados, salarios en tensión y conflictividad social.

En Jujuy el golpe tiene nombre y cifra. Si el recorte equivale a $3.375.000.000 mensuales, estamos hablando —en términos concretos— de 4.000 salarios que dejan de tener respaldo presupuestario. Ese número no es una metáfora: es el tamaño de una crisis inmediata. Y a diferencia de otras jurisdicciones con mercado privado más profundo, Jujuy no tiene un “colchón empresario” capaz de absorber un despido masivo del Estado. Aquí, cuando el sector público se achica de golpe, no se “reconvierte”: se rompe.

La encrucijada es brutal y no tiene salidas elegantes. Para evitar despidos, la provincia debería compensar el agujero subiendo impuestos. Pero los ciudadanos ya están al límite: consumo planchado, endeudamiento extendido, comercios en modo supervivencia. Subir presión fiscal sería encender el incendio. La otra opción es recortar empleo público: socialmente explosivo. La tercera, emitir deuda o patear pagos: en el contexto actual, un salto al vacío. Por eso la pelea por Ganancias no es un capricho federal: es una defensa de gobernabilidad.

En esa disputa, Jujuy tiene un problema adicional: no decide. El gobernador Carlos Sadir no tiene volumen real en la mesa nacional y la provincia carece de poder parlamentario determinante para torcer una negociación en Buenos Aires. En términos de poder, el desenlace depende —en gran medida— de cómo voten los representantes nacionales que sí responden al oficialismo libertario. Si se aprueba una reforma con Ganancias intacto, para Jujuy el “ajuste” no será una consigna: será un hecho administrativo con consecuencias humanas inmediatas.

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Y acá aparece el dato más incómodo: el silencio libertario en Jujuy. No hay posicionamiento, no hay hoja de ruta, no hay plan de contención. No es desconocimiento: es cálculo. Saben que una provincia con “Estado elefante” no se achica con slogans. Se achica con decisiones que te hacen perder la calle. Y en esa tensión, prefieren callar antes que explicarle a la gente por qué una reforma “pro mercado” puede terminar licuando ingresos provinciales, empujando despidos y agravando la crisis social.

Mientras tanto, en el tablero nacional se improvisa contención política con gestos de urgencia: emisarios que buscan “salvar la reforma” sin tocar el núcleo duro de Hacienda. Pero si el capítulo de Ganancias no se revisa o compensa con un esquema serio, la reforma laboral se convierte en un boomerang: no solo puede “llevarse puestos” a los gobernadores; puede llevarse puesto el contrato de gobernabilidad del interior, justo cuando el país necesita previsibilidad, inversión y paz social.

La verdad de fondo es esta: el ajuste que las provincias evitan igual va a llegar si la Nación insiste en recortar recursos sin red. La pregunta no es si habrá ajuste, sino quién lo firma, quién lo paga y con qué legitimidad. Jujuy necesita que sus representantes dejen de mirar para otro lado: si la decisión final cae del lado libertario, la provincia tiene derecho a exigir que expliquen —con números y sin marketing— cómo piensan sostener el empleo, los servicios y la estabilidad en una economía que no perdona errores.

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