Perico Noticias, 13 de febrero del 2026 // En San Salvador de Jujuy se discute el horario corrido como alivio operativo para trabajadores y comercios. Es una respuesta razonable, pero tardía frente a una transformación más profunda: caída del poder adquisitivo, costos logísticos en alza y migración acelerada del consumo hacia plataformas digitales. Si no hay reconversión real del ecosistema comercial, el centro tradicional perderá volumen económico y quedará como espacio social, turístico y de servicios.
La negociación por horario corrido en la capital jujeña no nace por moda: nace por necesidad. Con transporte caro y jornadas partidas, un trabajador puede gastar una porción significativa del salario solo en movilidad diaria. Esa discusión es legítima y urgente, porque impacta de lleno en productividad, presentismo y calidad de vida. En paralelo, el dato estructural es más duro: la canasta básica total sigue en niveles que superan holgadamente muchos ingresos formales, por lo que el margen de consumo real se estrecha mes a mes.
Pero hay un punto que no se está abordando con la profundidad que exige el mercado: el horario corrido puede mejorar la operación del local, pero no corrige el cambio de hábitos del cliente. El consumidor ya comparó precios por celular, ya decidió por WhatsApp, ya compra por marketplace y espera entrega rápida. En ese tablero, abrir más horas no necesariamente vende más; vende más quien integra catálogo digital, logística de última milla, medios de pago ágiles y comunicación de performance. Ese salto no es estético: es supervivencia comercial.
Desde Perico Noticias, la lectura estratégica es clara: Jujuy está discutiendo eficiencia de mostrador cuando el partido se juega en arquitectura comercial híbrida. El centro de San Salvador no va a desaparecer, pero sí va a mutar: menos stock físico, más experiencia de marca; menos “ir a buscar”, más “probar, resolver y retirar”; menos dependencia del flujo peatonal tradicional, más tracción digital medible. Si no se acelera esa reconversión, el comercio formal quedará atrapado entre costos crecientes y demanda fragmentada.
El frente laboral también exige realismo. El empleo comercial clásico ya compite con automatización de caja, autogestión de pedidos, atención asistida por IA y administración remota de campañas. Negarlo no protege puestos: los vuelve más frágiles. La salida inteligente es recalificar funciones: vendedor consultivo, operador omnicanal, gestor de comunidades, analista de inventario en tiempo real, coordinador de entregas y postventa. El empleo no se salva frenando tecnología; se salva subiendo el nivel profesional del recurso humano.
Por eso, la agenda pública y empresaria no puede agotarse en “qué horario ponemos”. La agenda de fondo es otra: reconversión digital pyme, crédito productivo para modernizar operación, alivio fiscal para primera transformación tecnológica y acuerdos sectoriales de capacitación aplicada. Si la política llega tarde y el empresariado subestima la curva de cambio, el costo será doble: cierre de locales y pérdida de empleo de baja transición. Aún hay ventana para reaccionar, pero ya no hay margen para diagnósticos lentos.
Jujuy tiene capital comercial, identidad territorial y cultura emprendedora para competir. Lo que falta es decisión de ejecución: pasar del debate administrativo al plan de reconversión integral. El horario corrido puede ser el primer paso. El error sería venderlo como solución final. La verdadera discusión no es cuánto abre el comercio: es cómo vuelve a ser relevante en una economía donde el cliente compra en tiempo real y exige valor en cada clic.
