Inflación en curva ascendente, credibilidad en curva descendente

Inflación en curva ascendente, credibilidad en curva descendente

Perico Noticias, 10 de febrero del 2026 // Si el dato oficial de enero quedó en 2,9% pero febrero ya muestra presión en alimentos y servicios, la discusión ya no es semántica: el problema es la aceleración y la pérdida de confianza. Cuando la expectativa se despega del número oficial, la economía entra en zona de riesgo político y social.

La Argentina volvió a un punto delicado: el IPC puede discutir décimas, pero la calle discute otra cosa —poder de compra, tarifas, deuda de los hogares y angustia mensual. Y cuando esas variables se deterioran al mismo tiempo, la inflación deja de ser un indicador técnico para convertirse en una crisis de gobernabilidad económica.

El Gobierno eligió defender el 2,9% de enero como un ancla narrativa. El mercado y los consumidores, en cambio, están mirando febrero y marzo. ¿Por qué? Porque hay una combinación que ya conocemos: alimentos sensibles, actualización de regulados y recomposición de precios de servicios. Esa mezcla suele empujar el índice al alza, aunque se “ordene” estadísticamente el dato de arranque.

La señal más grave no es solo el porcentaje: es la erosión de credibilidad. Sin confianza en la calidad del dato, no hay paritaria sostenible, no hay contrato de inversión de mediano plazo y no hay previsión empresarial seria. En términos de gestión, eso implica costos concretos:

  • se acorta el horizonte de decisión de pymes y familias;
  • se encarecen tasas implícitas en toda la cadena comercial;
  • se paraliza consumo durable;
  • y se instala lógica defensiva en salarios, alquileres y reposición.

El oficialismo sostiene que no hay riesgo de espiralización. El problema es que la economía real no responde a comunicados: responde a expectativas, y hoy las expectativas ya están recalibrando hacia arriba. Si febrero consolida un escalón mayor y marzo suma otra ronda de aumentos regulados, el “4 adelante” deja de ser fantasma y pasa a ser escenario plausible.

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No estamos ante una hiperinflación técnica, pero sí ante un patrón clásico de precrisis: inflación que acelera, ingresos que corren de atrás, consumo que se enfría y política económica que insiste sin corregir. Ese combo, en Argentina, nunca terminó bien.

La salida existe, pero exige más que relato:

  1. Normalizar la credibilidad estadística con reglas transparentes y comunicación técnica unificada.
  2. Coordinar precios regulados con ingresos reales para evitar shock regresivo.
  3. Orden fiscal con crecimiento, no con compresión perpetua de demanda.
  4. Acuerdo político mínimo para desacoplar la macro de la campaña permanente.

Porque cuando la inflación sube y la confianza cae, no solo se encarece la canasta: se encarece el futuro.

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