Jujuy ante el “después de Milei”: la unidad ya no es épica, es supervivencia

Jujuy ante el “después de Milei”: la unidad ya no es épica, es supervivencia

Perico Noticias, 18 de febrero del 2026 // Con la reforma laboral otra vez en agenda “sin cambios” y el golpe simbólico del cierre de FATE —que la propia firma atribuye a la competencia china— el clima político entra en una fase nueva: la moral libertaria cae, el descontento se expande y se acelera una conclusión incóoda para todo el arco opositor: para derrotar a Milei hará falta un frente nacional amplísimo, incluso con el kirchnerismo adentro. En Jujuy, donde la fragmentación peronista y el “cada uno por su lado” ya no rinden, la consigna es una sola: unir para reconstruir. El tiempo de los pronunciamientos terminó; empieza el tiempo del armado.

La política tiene momentos de disputa y momentos de diagnóstico. Y hay semanas —como esta— en las que el diagnóstico se vuelve sentencia.

El Gobierno nacional insistirá con la reforma laboral “sin cambios”, se apruebe o no. Es su bandera y su método: empujar al límite. Pero el problema de fondo ya no es la letra de una ley: es el clima social que se está consolidando. El cierre de FATE, un día antes del debate, funciona como un espejo incómodo: no porque la reforma laboral haya cerrado la fábrica (la propia empresa habló de la presión de China), sino porque expone el corazón del modelo importador sin red: cuando la economía real cae, el relato no paga sueldos.

La escena que se repite es simple: se promete competitividad, pero se entrega fragilidad; se ofrece “libertad”, pero se produce desprotección; se pide paciencia, pero se administra un presente sin amortiguadores. Y en ese terreno, hasta los que se hacían los distraídos empiezan a sentir el golpe: proveedores, transportistas, comercios satélites, familias endeudadas, pymes al 30% de capacidad. El derrumbe ya no es una conversación ideológica: es una cuenta corriente.

En ese marco, la pregunta política deja de ser “quién lidera” y pasa a ser “quién une”. Porque si el adversario es una aplanadora que rompe el entramado productivo, la oposición dispersa es apenas ruido.

Por eso, el horizonte empieza a insinuar lo inevitable: para vencer a Milei hará falta un acuerdo nacional amplio, con puentes incluso hacia sectores con los que no se comparten historias ni estilos, incluido el kirchnerismo. Suena antipático, pero es aritmética política. Brasil lo mostró: el arco unido apenas le ganó a Bolsonaro por un margen mínimo. Ese es el aprendizaje estratégico: cuando la derecha dura avanza con disciplina, del otro lado no puede haber vanidades, ni purismos, ni “terceras posiciones” de laboratorio.

  Reforma laboral al filo: si el Congreso aprueba, la calle puede firmar la sentencia del Gobierno

Ahí es donde aparecen las implicancias para Jujuy. La provincia también está al borde de un punto de no retorno político: la fragmentación del peronismo ya no es diversidad; es impotencia. El “muguneo” permanente, la descalificación cruzada, las internas que se explican por sí mismas y no por la gente, son un lujo que la realidad ya no financia.

Si de verdad estamos entrando en la etapa de la unidad, entonces deben caer tres mitos:

  1. No hay tiempo para egos: la unidad no se declama, se construye con reglas claras, mesa común y programa mínimo.
  2. El programa no puede nacer en una oficina: tiene que nacer desde las bases y periferias, donde se siente el empleo que falta y la comida que no alcanza.
  3. La renovación no es estética: es condición de credibilidad. Si el frente amplio va a representar futuro, debe estar encabezado por dirigentes con manos limpias, sin repetir apellidos gastados, y con una narrativa movilizante, no defensiva.

En esa arquitectura, incluso el oficialismo provincial —Provincias Unidas— debería entender algo elemental: si quiere ser “animador” del escenario que viene, tendrá que abandonar la comodidad de la administración y discutir en serio el modelo de desarrollo: si hay plata, si hay empleo, hay oportunidades. Y en Jujuy eso significa un contrato productivo real: minería con derrame local verificable, compras a proveedores jujeños, capacitación certificable, agenda de pymes, turismo con seguridad y valor agregado, infraestructura para exportar, y un Estado que deje de ser un espectador de la decadencia.

La izquierda, también, debería leer el tiempo: puede aportar músculo territorial, agenda social y control crítico, pero sin romper el marco común. Porque el adversario no es el que está al lado en la fila: es el proceso de desintegración que avanza cuando todos se miran el ombligo.

  “Reforma laboral a la criolla: te recortan la licencia, pero te dejan el folleto de ‘libertad’”

Lo que muere, en definitiva, no es un sello: muere un método viejo de hacer política. Se terminó el tiempo de “yo solo puedo”. Se terminó el tiempo de “con tal de no juntarme con…”. Se terminó el tiempo de “ya va a explotar”. Está explotando.

La conclusión es dura, pero clara: si Jujuy no arma un frente amplio, generacional y programático, le regala el escenario a Milei, aun sin plan, aun con contradicciones, aun con desgaste. Y si eso pasa, no habrá épica que alcance para explicar el retroceso.

Unidad no como poema. Unidad como salvavidas.

¿Desde que asumió Javier Milei, ¿tu situación económica personal?

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *